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viernes, 11 de agosto de 2017

Esperando la masacre de Idleb



Texto original: Al-Hayat 

Autor: Hasan Haydar

Fecha: 10/07/2017


La Administración estadounidense tiene la firme convicción, resultado de su propia lógica política o bien por sugerencia rusa, de que aceptar la permanencia de Bashar al-Asad en el poder le permitirá en el futuro influir en sus decisiones, y alejarlo gradualmente de su aliado iraní. Un pensamiento tan ingenuo y corto de miras a la hora de comprender las realidades políticas en Oriente Medio y comprender sus triquiñuelas se refleja en la continua coordinación entre EEUU y Rusia en lo que a Siria se refiere. Y ello a pesar de la tensión entre ambos países debido a la cuestión de la injerencia en las elecciones estadounidenses y las sanciones mutuas.


Sin embargo, se trata de una coordinación que parece claramente ir en beneficio del interés de Moscú, que sabe lo que quiere y se prepara para ello con diligencia. Eso es lo que reflejan las declaraciones de ambas partes sobre la situación en Idleb, que los rusos ya habían incluido en la lista de zonas “de reducción de tensiones” antes de empezar a hablar de la dificultad de su implementación. EEUU les acompañó confirmando que dicha provincia septentrional se había convertido en “un refugio seguro” para Al-Qaeda en su nueva forma, Hay’at Tahrir al-Sham, después de haber sido Al-Nusra.

 El zorro de la diplomacia rusa, Lavrov, declaró, tras extensas y detalladas negociaciones sobre Siria con su homólogo estadounidense Tillerson hace unos días en Manila que “el acuerdo sobre los parámetros de la zona de reducción de la escalada de violencia en Idleb no es sencillo”. Dichas declaraciones vinieron a confirmar las emitidas por el enviado especial de EEUU a la Coalición Internacional contra Daesh, Brett H. McGurk, sobre la transformación de Idleb en una “zona segura para los terroristas de Al-Qaeda”, acusando a Turquía de constituir “la única vía para que los combatientes de Al-Qaeda crucen a Siria”, amén de ofrecerles “apoyo logístico”.

Si bien es cierto que no se puede defender a Turquía, ni su papel en Siria, ni tampoco el recurso de sus servicios de inteligencia a todos los medios posibles para reforzar su influencia allí -incluyendo el tejido de relaciones sospechosas con los radicales y el uso de los refugiados para fines puramente políticos-, la posición estadounidense ignora la realidad de que Rusia, Irán y las fuerzas regulares sirias son las responsables en gran medida de que la situación en Idleb sea la que es. Son ellos quienes se han esforzado en animar a los combatientes opositores, y sobre todo los integristas de Al-Qaeda, a salir con sus armas de las zonas de “capitulaciones”, y facilitarles el tránsito a Idleb.

El objetivo principal de dicha política era aumentar el número de radicales en la provincia, para que se enfrentaran al Ejército Sirio Libre y a las facciones moderadas. Y eso es justo lo que ha sucedido, dando lugar a enfrentamientos entre ambas partes que han terminado con la consagración del dominio de Al-Nusra de la mayor parte de la provincia, y del paso fronterizo con Turquía de Bab al-Hawa.

Sin embargo, ¿es lógico pensar que los EEUU no son conscientes de este truco? Claramente no. Sin embargo, parece que se han cobrado la compensación en otras zonas: la zona de “descenso de la tensión” en el sur (Daraa) y las zonas dominadas por las Fuerzas Democráticas Sirias kurdas en el norte. Ahora bien, la pregunta es: ¿puede EEUU garantizar que no se verán obligados posteriormente a renunciar a ellos una vez termine la batalla contra Daesh?

Está claro que EEUU “ha caído en la trampa” a sabiendas, pues la decisión de confiar en el Kremlin para planificar el futuro de Siria supone ignorar a conciencia muchos asuntos. En primer lugar, que Rusia no quiere ni desea compartir con nadie su influencia en este país, exceptuando las fuerzas iraníes que dominan de facto; en segundo lugar, que Asad no puede, aunque lo deseara, renunciar con facilidad a Irán solo por el hecho de que EEUU haya aceptado la propuesta rusa de que se mantenga en el poder.

La política estadounidense, por tanto, necesita corregir su dirección, pues no se puede garantizar ni a los rusos ni a Asad. Por su parte, sacar a Irán de Siria supone un enfrentamiento directo con ese país.

Puede que las acusaciones estadounidenses contra Turquía sean un mero intento de alejar a los turcos de la batalla de Idleb o de disuadirles de intervenir contra los kurdos en el norte de Siria, ahora que ha comenzado a desplegar sus fuerzas frente a las zonas en que se encuentran aquellos. No obstante, lo que es seguro es que la batalla de Idleb se está acercando más deprisa de lo que esperábamos y en ella no se hará distinción entre radical y moderado, ni entre armados y civiles, y puede que el ataque con armas químicas en Jan Sheijún fuera una simple muestra de aquello de lo que seremos testigos.

lunes, 7 de agosto de 2017

Cartas a Samira (4)



Texto original: Al-Jumhuriya 

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 06/08/2017
 
 Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)
 
Sammur, la sangre no ha dejado de derramarse ni un solo día durante los casi tres años y ocho meses de tu ausencia. Sin embargo, nuestra lucha hoy se define por la partición, las zonas de influencia, y la multiplicidad de guerras paralelas. Pedíamos pluralidad política, Sammur, y conseguimos la multiplicidad bélica. En lugar de la pluralidad en un país único, lo que hoy tenemos es una pluralidad de países.

Rusia está en la costa y tiene bases militares en más de una zona. Su guerra es contra las fuerzas opositoras al régimen. Irán está en Damasco y, ya sea a través de Hezbollah o de forma directa, en Alepo, Qalamoun, Daraa y otras regiones. Su guerra pretende apuntalar al régimen y dominar el país, para lo que ha ido adquiriendo inmuebles y terreno en Damasco, Homs, la costa y otros lugares. Turquía está en Jarabulus y Al-Bab, y libra su guerra contra el PKK. EEUU está en Raqqa y la zona de la Jazira, enfrascado en su guerra contra Daesh, y principalmente por medio de las fuerzas kurdas, tiene cercada a Raqqa. Antes del inicio del bloqueo, los estadounidenses cambiaron las reglas del enfrentamiento para ser más tolerantes con los “efectos colaterales” entre los civiles. Durante los meses de junio y julio han caído entre 1.300 y 1.500 víctimas civiles que aún estaban en la ciudad, y cerca de 40.000 en total según las estimaciones. Con este porcentaje de víctimas civiles cuya muerte se justifica, esta es una guerra terrorista con todo el significado de la palabra. En todas sus acepciones, el terrorismo incluye los ataques contra civiles o la absoluta falta de consideración por su vida, a fin de lograr objetivos políticos.

Al-Hasaka y Qamishle están bajo el dominio de las fuerzas de la organización siria del PKK en Turquía. El régimen tiene presencia en ambas ciudades. Deir Ezzor está dividida entre el régimen y Daesh, y parece que los rusos están hoy trabajando para dominarla.

¿Que dónde está el régimen? Bashar al-Asad sigue ahí, pero su régimen está carcomido desde el interior por las bandas criminales, los intereses contrapuestos y las fuerzas de pillaje hambrientas a quienes dio rienda suelta y que ahora no parece poder controlar.

En Al-Ghouta oriental, no se puede descartar que el Ejército del Islam mude la piel y que llegue a algún tipo de acuerdo con el régimen en que se desprenda de las armas que ha acumulado y con las que ha matado a muchas personas de Duma y Al-Ghouta oriental a cambio de enfrascarse en enfrentamientos de intereses y por la influencia en la zona.

Idleb, donde han encontrado refugio (aunque también en las zonas del norte de Alepo) los habitantes de muchas zonas del país -Daraya, Al-Qabun, Barzeh, Zabadani y Al-Wa’r- va progresivamente cayendo en manos de Al-Qaeda. Hace unas pocas semanas, el Frente al-Nusra, que ahora se llama Ha’yat Tahrir al-Sham, derrotó a Ahrar al-Sham y prácticamente domina la región al completo. Se trata de un foco de guerra continua que puede tener poca actividad pero durar mucho tiempo, llevándose por delante un buen número de víctimas y provocando destrucción.

La guerra no ha terminado, sino que se ha convertido en un cúmulo de guerras paralelas. Muchas zonas del país son también candidatas a una situación similar que durará largo tiempo.

¿Que dónde está la revolución? ¿Y la gente? Sammur, se calcula que cerca de medio millón al menos han sido asesinados, y es muy probable que dicha estimación que se hizo hace cerca de un año en un periódico británico haya aumentado en decenas de miles por lo menos. Hay cerca de 6 millones de emigrantes fuera del país, de los cuales 5,052 millones están en Turquía, Líbano, Jordania, Egipto e Iraq, y 937.000 en Europa, más o menos la mitad en Alemania. Además hay 7 millones de desplazados internos en zonas cercanas o lejanas a sus lugares originales de residencia. En general, el desplazamiento es desde las zonas que estaban fuera de control del régimen, en las que la vida se ha hecho imposible, hacia zonas controladas por el régimen, donde la gente se salva de bombardeos y bloqueos al menos, aunque la vida allí sea cada vez más complicada. La electricidad suele cortarse, el suministro de agua, intermitente, y las personas cada vez son menos dueñas de su ciudad y sus vidas, incluso menos que antes de la revolución, pues viven con una sensación creciente de estar fuera de lugar. Esa sensación no solo afecta a los refugiados desperdigados por prácticamente todo el mundo (¡hace dos años teníamos un refugiado sirio en Hong Kong y ahora dos!), sino también de quienes residen en Siria, muchos de ellos.

Siria, que no tenía interior, y que desarrolló, por medio de las manifestaciones y los revolucionarios, un interior que bombeaba vida en los dos primeros años de revolución es hoy un país de múltiples interiores y exteriores. Mucho del interior de Siria está en el exterior y mucho de su exterior, en el interior. Hoy hay Siria en Turquía (por encima del 12% de la población original siria), en Líbano y en Jordania (los dos países hermanos y vecinos donde los sirios reciben el peor trato posible), en Alemania y en todas partes. Por otro lado, Rusia está en Siria, Irán está en Siria, la yihad global está en Siria, y también Turquía y el PKK. Hasta Bashar al-Asad está en Siria.

Hoy cerca del 80% de sirios están bajo el umbral de la pobreza, Sammur, y al menos 160.000 desplazados desde Damasco, Homs y sus zonas colindantes viven en tiendas en el norte del país. Cerca de un cuarto de millón de refugiados están en Turquía (el cómputo total son unos 3 millones).

No se sabe el número exacto de detenidos y secuestrados, pero se calcula que son decenas de miles o que superan los 100.000. Hace unos meses, Amnistía Internacional publicó un informe sobre la cárcel de Seidnaya donde se estimaba que cerca de 13.000 detenidos habrían sido asesinados entre septiembre de 2011 y finales de 2015. Fueron ejecutados en la horca, y eso sin incluir a los que murieron de hambre y enfermedades en ese lugar que el informe llamaba “matadero humano” o en las sedes de la inteligencia.

El destino de la revolución es el destino de esas personas, Sammur: los que fueron asesinados y aquellos cuyas casas han sido destruidas, los detenidos y los torturados, los desplazados en el interior y el exterior, los empobrecidos, los habitantes de las tiendas y los barrios pobres. La comunidad de trabajo siria que llevó a cabo la revolución ha sido destrozada para destrozar la revolución, y sus despojos han sido desperdigados por todas partes, Sammur.

En la diáspora siria, en esas Sirias desperdigadas cerca y lejos, muchos de los que están en una situación algo mejor intentan hacer algo. Algunos sufren, especialmente los jóvenes, las diversas crisis de una sociedad de desarraigados, en cuya resolución tropiezan y en la que se desintegran cuando no consiguen resolver sus problemas. La lejanía, la desmembración de la familia, la dispersión del sistema de conocidos y las esperanzas se suman a la destrucción de los muchos entornos sociales en el país. Esto ha empujado a muchos y muchas jóvenes a situaciones preocupantes e inestables sin apenas contar con ayuda de nadie.

Sin embargo, hay quienes estudian en universidades o desarrollan sus habilidades en diversos centros de formación profesional y cultural, y dominan lenguas extranjeras. Tal vez, en unos pocos años veamos el efecto positivo de todo esto, y sirva para compensar una parte de la desgracia de nuestro país. Puede compararse con lo que hicimos en la cárcel cuando nos afanamos en aprender: cambiarnos a nosotros mismos para compensar lo que se perdía de nuestra vida.

Sin embargo, ya durante los días en la cárcel, Sammur, fui consciente de que nada se puede compensar. Y lo que es cierto sobre la cárcel es aún más cierto en este absoluto cerco a la revolución y en esta destrucción total del país. Eso lo sabes bien, pues en tus folios [1] decías que la cárcel que conociste con tus compañeras era una broma comparada con el bloqueo. Y hoy eres quien más sabe que el cerco es una broma en comparación con el cerco dentro del cerco, el cerco doble, del cual tú eres rehén. Tu ausencia no se puede compensar, nada puede compensarla, Sammur.

En mi corazón no puedo decir a quienes te tienen cercada: “Cercad a quienes os cercan, no queda otra opción”. Ni creo que Mahmud Darwish hubiera dicho eso si tuviera a una amada en tu lugar y él estuviera en el mío, y la situación fuera la misma [2]. Pero del mismo modo que él, intentamos alimentar la esperanza, o inventarla.

Mi deseo principal, Sammur, es que estés bien y que sigas manteniendo la ironía balsámica que siempre te ha caracterizado. Esa es la única compensación posible para mí.

Besos, corazón mío,

Yassin

[1] Se refiere a los folios recogidos en Diario del asedio a Duma 2013, disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
[2] Se refiere al poema del poeta nacional palestino Mahmud Darwish Saqata al Qina’ (La máscara ha caído).

martes, 1 de agosto de 2017

Cartas a Samira (3)

Texto original: Al-Jumhuriya

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 29/07/2017

Libertad para Samira Khalil
(Diseño: El pueblo sirio conoce su camino)


Aun pudiendo imaginar la decadencia de la situación, tal vez, Sammur, te preguntes cómo puede ser que lleves tres años, siete meses y veinte días desaparecida, a sabiendas de que tenemos amigos y conocidos que, si no están en el liderazgo de la oposición oficial, son cercanos a nosotros y tienen contactos y cierto margen de influencia. No me gusta hablar de ello, pero hay que hacer lo que se debe.

La verdad es que los cuerpos opositores que conoces emitieron comunicados cuando os secuestraron, pero no han hecho prácticamente nada más. Parece ser que algunos de los que ocupan puestos políticos influyentes llamaron en el momento del secuestro a partes regionales con capacidad de influencia, como el ministro de Exteriores de Qatar, que parece que habló con el poder fáctico en la zona, sospechoso de haber cometido el crimen: el Ejército del Islam. Sin embargo, no ejerció verdadera presión ni siguió el caso después. Por desgracia, nuestros amigos conocidos e influyentes no han seguido el caso ni han dicho palabra alguna sobre él. Tampoco han emitido comunicados, ni han intentado ejercer presión, ni han escrito un solo artículo, ni han ofrecido ayuda de ningún tipo ni a mí ni a las familias de Razan, Wael y Nazem. Me avergüenza reconocer esto, Sammur. No quiero dar nombres ni detalles, que son muchos.

¿No comprendes por qué? A mí también me resulta complicado comprenderlo. Si embargo, creo que hay dos o tres cosas a tener en cuenta. Parece que, en primer lugar, están ocupados en sí mismos, sus contactos y su carrera, y no parece que haya en el interior de la mayoría de ellos nada que les pese o a lo que otorguen peso o consideración, personal o general. En segundo lugar: ¡Fíjate bien en cómo es la política! Los intereses políticos: quién es quién, quién está con quién, con quién merece entablar relación y con quién no. Nosotros no somos una fuerza con dinero, poder o contactos. Nuestra utilidad es poca para cualquiera que busque algún beneficio, Sammur. Al mismo tiempo, nosotros -vosotros cuatro, los amigos, aquellos con los que tenemos cosas en común y yo- estamos fuera de toda autoridad: no dependemos de nadie, nadie nos garantiza nada y de nada tenemos que avergonzarnos. Eso hace de nosotros una especie de recuerdo molesto de un tiempo pasado a ojos de los nuevos notables, o al menos, personas que es mejor evitar para los seres racionales, disciplinados y seguros. Solo puedo decir, en tercer lugar, que han demostrado muy poca sensibilidad y humanidad, algo que no esperaba. Me da vergüenza escribir, Sammur, que algunas personas que conoces no han llamado ni mandado un correo para expresar su solidaridad ni para interesarse por la situación… Me avergüenza porque me hace parecer, cuanto menos, ingenuo. Después de todo esto, voy a añadir un cuarto punto: la estupidez. Sean cuales sean los intereses personales y políticos, podían haber ganado algo de peso e independencia si hubieran otorgado a vuestra causa la importancia que merece y habrían apelado a un diverso sector del público revolucionario que no se ha sentido representado en las estructuras sobre las que se elevaron y que presiden. También se habrían proporcionado un margen de maniobra más amplio en relación a otros grupos y fuerzas de los que, no sin dificultad, se entiende que no pueden desligarse. Pero, ¿cómo se puede entender que no puedan criticarlos, divergir con ellos u oponerse a ellos? No es solo que no nos hayan ayudado, sino que no se han ayudado a sí mismos tampoco. Se llama modestia de preparación, conciencia, imaginación y habilidad política. Nuestros honorables arribistas son de inteligencia limitada.

Te pondré un ejemplo. Hace más de un año me encontré por casualidad con una persona importante que conoces, que te conoce y que me conoce muy bien. Se había reunido con Zahran Alloush [1] y había venido a Turquía antes, en abril o mayo de 2015. No dijo una palabra de vosotros. Notó mi sequedad y se justificó diciendo: “No podemos hacer nada”. Le dije que eso no era verdad. Hace poco, ese hombre que “no puede hacer nada” pasó a ocupar un puesto importante en la Coalición. Resulta difícil hacer algún comentario. Quien “no puede hacer nada” se debe quedar en su casa en vez de ocupar puestos de supuesta función pública. Si no, pretender que “no puede hacer nada” oculta una clara inclinación en contra nuestra, un cierto ajuste de cuentas, egoísmo y el deseo de agradar a fuerzas criminales, pero influyentes, a costa de los luchadores democráticos carentes de capacidad de influencia. A colación del “no puedo hacer nada”, creo, Sammur, que la calidad de las aspiraciones de esta gente y sus contactos ha limitado de veras su imaginación. Ya “no pueden” imaginar la posibilidad de organizar actividades de protesta, por ejemplo, o participar en lo que hemos organizado nosotros, o apoyar trabajos artísticos, o lanzar iniciativas humanitarias en alguna ocasión (como el aniversario de la revolución, por ejemplo, o el aniversario de vuestro secuestro). También podrían sacar vuestras fotos en alguna reunión, por no decir que podrían boicotear al Ejército del Islam o tal vez publicar algún panfleto sobre sus prácticas en Al-Ghouta oriental. Por último, podrían lanzar una gran iniciativa en apoyo a vuestra causa.

Más que haberos fallado a ti, a Razan, a Wael y a Nazem, han fallado a la revolución siria y sus valores. La revolución de los ignominiosos sin importancia.

No tienen perdón y no he encontrado en casi 44 meses atenuantes que ayuden a comprender y perdonar.

El anterior ejemplo es solo uno de muchos, que te detallaré cuando vuelvas, pero que denotan que tenemos un problema profundo, muy profundo, en la oposición tradicional de la que venimos tú y yo, Sammur. Están en una posición que no es la de la revolución, ni están cerca de los detenidos, los torturados, los asesinados, los secuestrados y los desaparecidos forzosos, ni tampoco de los que hoy viven en tiendas dentro y fuera de Siria.

No evito mencionar nombres y detalles a fin de buscar conciliación, pues cada vez soy menos conciliador, Sammur. Lo que no quiero es reducir nuestra causa a un tema de injusticia particular, acusaciones y justificaciones. Igual que Razan, Wael, Nazem y tú libráis la batalla más dura y noble, intento librar una lucha equivalente que honre vuestra causa, yo que me he salvado. Ellos, te repito, están en otra postura no honorable, que no es la del amigo ni la del compañero. Pero sí se puede ver el vaso medio lleno como se suele decir, Sammur. En todo lo que se hace por vuestra libertad participan amigos y amigas nuestros. A algunos de ellos los conoces y puedes suponer quiénes son; a otros no. Muchos ni siquiera son sirios y a otros no los conozco en persona ni yo mismo. A pesar de todo, no estamos solos, Sammur. Nos une a ellos el hecho de no ser personas influyentes ni con contactos, pero que trabajamos por lograr la justicia para nosotros y los demás en este mundo decadente. Mucha gente de muchos sitios me pregunta por ti, siguen vuestra causa y sienten que te conocen. Eso me da fuerzas, y espero que a ti te lleguen y te refuercen, y que también les llegue a Razan, Wael y Nazem y les fortalezca.

No estamos solos, Sammur.

Hoy como siempre, seguimos trabajando por vuestra libertad, Sammur, y no cejaremos en nuestro empeño. Espero que hayamos creado una causa fuerte y deseo que podamos traducir su fuerza ética en una fuerza legar y política.

Lo que más quiero es que te preocupes por tu salud y que te acompañen la paciencia y la determinación hasta que vuelvas, espero que pronto. 

Besos, corazón mío.

Yassin



[1] Fundador y ex líder del Ejército del Islam, muerto en un bombardeo en 2015.