Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

Recibe las traducciones por correo y síguenos en Twitter @traduccionsiria

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La revolución es un proceso por definición


Texto original: Al-Quds al-Arabi 
Autor: Elias Khoury

Fecha: 29/11/2011

Este texto es una reflexión del autor sobre las revoluciones árabes en general en la que nuevamente considera que Egipto y Siria son el corazón del mundo árabe y cuya liberación es conditio sine qua non para que la primavera árabe triunfe.



Un amplio sector de los intelectuales y los que les imitan se ha visto sorprendido por lo que se conoce como la “primavera árabe”, pues el proceso histórico que comenzó en Túnez, se ha adentrado en caminos serpenteantes y se reinventa continuamente.

El régimen dictatorial egipcio aún no ha caído y el despertar de los jóvenes de la plaza de Tahrir en su segunda revolución es un claro indicio de que el camino de la revolución no terminó el 11 de febrero. Más bien, la fecha de la caída de Mubarak y su familia gobernante fue un punto de inflexión en una revolución que continuará durante un largo período de tiempo hasta que construya su nueva sociedad democrática.

El régimen hereditario sirio no ha caído aún tras nueve meses del heroico levantamiento y del derramamiento de sangre que cubre ciudades y aldeas. El camino de la revolución siria no se parece al que han seguido las revoluciones árabes más que en su noble objetivo, ya que es un camino en el que se entrometen distintos aparatos de represión y alianzas regionales e internacionales que solo buscan alargar la vida de un régimen que ya no es posible salvar.

La escena democrática tunecina indica una cierta estabilidad, pero aún es pronto para contestar a los difíciles interrogantes que ha dejado abiertos la revolución, como la relación entre el ejército y el poder civil y el significado del predominio de Al-Nahda en una sociedad civil con un legado laico.

En cuanto a la Libia post dictadura, todo es muy confuso y se plantean interrogantes sobre la relación entre el Estado central y las diferentes regiones o el significado del discurso islámico del que ha hecho gala el consejo Nacional de Transición, por no hablar del la gran duda que plantea el papel de la OTAN y sus agentes en los regímenes del Golfo, que no pueden enseñar a los libios el camino hacia una democracia inexistente en los emiratos y reinos del petróleo. 

No debemos olvidar la poca claridad con la que se ha procedido al acuerdo yemení bajo patrocinio del rey saudí y el aplastamiento de la movilización bahreiní por medio de la Fuerza del Escudo de la Península. Tampoco debemos olvidar lo abstruso de la situación libanesa, que parece al borde de un enfrentamiento sectario en el marco del enfrentamiento regional saudí-iraní ahora que el régimen sirio ha dejado de ser un jugador para convertirse en el campo de juego.

Entre todos los interrogantes planteados, destaca la pregunta de por qué el liderazgo en el caso sirio ha sido delegado a la Liga Árabe, un liderazgo que se le ha otorgado después de que el Consejo de Cooperación del Golfo jugara su papel en Yemen y después de que el Consejo de Seguridad fuera incapaz de evitar el veto ruso.

La cuestión del liderazgo del Golfo es sin duda la más destacada y la que más intriga al observador porque parece un intento de situar a la primavera árabe en la lucha regional contra la influencia iraní, tomando una forma que parece insinuar que Occidente, con EEUU a la cabeza, está detrás de dicha primavera, hasta el punto de que algunos han llegado a decir que se trata de una conspiración americana.

Estas cuestiones son resultado de una situación compleja que tiene dos características fundamentales:
La primera es la erupción espontánea de las revoluciones árabes. Estas revoluciones comenzaron sin ningún plan preestablecido y, en ellas, el pueblo rompió el miedo y fue descubriendo su fuerza de manera gradual. Cuando decimos eso, queremos decir que las revoluciones nacieron sin liderazgo ni vanguardias revolucionarias organizadas. La opinión mayoritaria es que tal cualidad de espontaneidad refleja la crisis de la intelligentsia árabe, que no ha podido materializar su proyecto alternativo tras la derrota de junio de 1967 y ha entrado en múltiples discusiones sin llegar a proponer ningún proyecto político nuevo. De hecho, algunos sectores de este grupo se pusieron de parte del dictador con el pretexto de estar luchando contra los islamistas en el ambiente de represión salvaje al que las oposiciones árabes se han visto expuestas.

Esta ausencia de una vanguardia y un proyecto claros son dos características relacionadas con la erupción espontánea de las revueltas, pero tal espontaneidad, que ha sorprendido a todos, ha comenzado, especialmente con el inicio de la segunda revolución de Tahrir, a adoptar características más maduras y a hacer demandas más claras. Las revueltas han entrado en el campo de la batalla política para limpiarlo del lenguaje vacío y seco que ha dominado el discurso de la Cúpula Militar y sus dos grandes aliados: los Hermanos Musulmanes y el Wafd.

La segunda característica de las revoluciones árabes es la incapacidad de EEUU y sus aliados occidentales de enfrentarse a la oleada popular, algo que quedó claro con las posturas que adoptó ante las revoluciones tunecina y egipcia. Tras perder toda esperanza en la posibilidad de salvar a Hosni Mubarak, los estadounidenses decidieron apoyarse en su alianza con el ejército como solución que parecía dar la victoria a la revolución, pero que, en esencia, suponía que el ejército recuperase el poder por medio de una contra-revolución. 

Partiendo de esas dos características es como debemos interpretar el papel jugado por Catar y Arabia Saudí, sin olvidar, claro está, la ardiente lucha regional, con claros tintes sectarios, en la que Arabia Saudí está enfrascada con Irán en un momento en que EEUU está a punto de retirarse de Iraq.

Este análisis no significa que las revoluciones, especialmente en Egipto y Siria, deban retroceder o detenerse con el pretexto de que la regresión árabe y el colonialismo las utilizan, ya que esta utilización solo es posible en un único caso: el triunfo de la contra-revolución. Pero si las revoluciones árabes en los centros egipcio y sirio logran derrotar a la contra-revolución y comenzar a construir una sociedad civil democrática, ello conformará el inicio de una nueva etapa que supere esta polarización impuesta por la falta de un centro árabe que sirva de contrapeso al centro del Golfo.

Las revueltas árabes nacieron de una necesidad imperiosa de cambio y son revoluciones que construyen sus liderazgos políticos e intelectuales a lo largo del propio proceso revolucionario. Esto es algo insólito en la zona y quizá en el mundo. No hay un modelo que pueda imitarse, sino que han de adentrarse en el fango de la historia porque, quizá, la primera lección que hemos aprendido es que la revolución no algo momentáneo, sino un largo proceso. Es esto último lo que la diferencia de un golpe militar, golpes a los que la memoria política árabe está acostumbrada.

El camino exige fundar una nueva cultura política que se aleje de los aires de grandeza de las vanguardias y se fundamente en la modestia, la solidez y la identificación con las plazas y calles de la revolución. La sangre de Ghiath Matar[1], Mina Daniel[2] y sus compañeros son las señas y la brújula a seguir.

Esta fundación no significa dejar para más adelante las difíciles cuestiones antes mencionadas ni ignorarlas, sino que debemos buscar las respuestas en el campo de batalla con un único objetivo: hacer desaparecer la pesadilla de los regímenes dictatoriales como condición necesaria para la construcción de un nuevo horizonte árabe. 

[1] Joven de Dariya, en las afueras de damasco, que fue un firme defensor de la resistencia pacífica al régimen y fue asesinado.
[2ِ] Activista egipcio asesinado por las fuerzas de seguridad egipcias.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Del Comité de Coordinación Nacional para el Cambio al Comité de Coordinación Nacional para la adhesión

Este texto supone una perspectiva distinta a la que hemos visto en los anteriores, porque se trata de alguien que defiende la postura de un grupo opositor formado fundamentalmente por miembros del interior que mantiene la necesidad de evitar toda intervención extranjera en Siria y que se opone en gran medida a que el CNS acapare el espectro político. Sin embargo, lo cierto es que el pueblo sirio decidió llamar a uno de los viernes del pasado mes de octubre: "El Consejo Nacional Sirio me representa". Sea como fuere, parece interesante ver distintos puntos de vista.

Texto original: Al-Hayat

Autor: Ali al-Shahabi*

Fecha: 25/11/2011



Es obvio que Siria no será libre y democrática sin una democracia política, con lo que ello conlleva de alternancia en el poder según lo que se decida por medio de las urnas, siempre en el marco de la división de poderes. El Comité de Coordinación Nacional se ha erigido como representante político de un amplio sector de la oposición interior que, en principio, se opone a la intervención exterior. Pero la postura que han anunciado en El Cairo, durante la entrevista de su delegación con el Secretario General de la Liga Árabe ha tenido los siguientes resultados:

1.       La difamación de algunos políticos demócratas dentro de Siria, sean miembros o no del Comité, ante el pueblo que se opone a la dictadura del régimen, tanto los que se mantienen callados como los que se han movilizado.

2.       La ruptura de la columna vertebral de todos los partidos, asociaciones y núcleos políticos de la oposición, que se opone a la intervención militar extranjera.

3.       La coronación de la oposición exterior como única representante de la oposición siria.

4.       Un fracaso total en su intento de servir a los miembros del Comité, que querían vender al régimen su postura de rechazo a la intervención ya que este no ha recibido el apoyo que esperaba.

Estas son las consecuencias de la postura adoptada por el Comité, bajo el pretexto del “rechazo a la intervención extranjera”. ¿Era necesario exigirlo y trabajar por ello como ha hecho el Consejo Nacional Sirio (CNS)? No, no lo era, pero es necesario aclarar este punto.

Es natural que todos los que se preocupan por Siria estén en contra de la intervención extranjera en sus asuntos, de la forma que sea. Una delegación del Comité general fue a entrevistarse con el Secretario General de la Liga Árabe manteniendo la postura de que “se negarían a que la Liga llevase a cabo cualquier medida que conllevase la injerencia internacional en los asuntos sirios”. Ello implicaba la no suspensión de Siria en la Liga árabe porque ello abriría las puertas ante la solución internacional, preludio de una intervención extranjera.

Lo extraño de esta postura es contradice el leitmotiv que  los miembros del Comité repetían y siguen repitiendo: el régimen es quien terminará provocando la intervención militar extrajera con su comportamiento. Es decir, que la brecha es cada vez más profunda entre el régimen y aquellos que salen a la calle a manifestarse en su contra, una brecha que se abre cada vez más  con los métodos que el régimen utiliza para intentar cerrarla. Si continúa agrandándose la brecha, que el régimen es incapaz de cerrar, acabaremos en una intervención extranjera, que bien podría ser militar. Por tanto, lo que es necesario es que el régimen cambie su forma de tratar con los manifestantes para que Siria pueda ahorrarse tal intervención.
Si esto es así, que así es, la única parte que puede impedir la intervención es el régimen y solo el régimen. Por ello, la delegación del Comité debería haber dicho al Secretario General de la Liga Árabe y a todo el pueblo sirio a través de los medios que: “Seguimos acogiendo de buen grado la aceptación por parte del régimen de la iniciativa árabe, pero se trata aún de una aceptación formal porque no ha conllevado un cambio en el comportamiento del régimen sobre el terreno. Así, exigimos a la Liga Árabe que, al margen de la suspensión de Siria en la Liga, no tome ninguna decisión que pueda abrir las puertas a la internacionalización de la cuestión sin que las aprobemos nosotros primero. Esto es lo que exigimos para dar al régimen más tiempo por si tal quisiera implementar los puntos de la iniciativa que él mismo ha aceptado. Mientras tanto, nos mantendremos en contacto con la Liga Árabe y el CNS. Si en dos o tres semanas, no se ha implementado ninguno de los puntos, exigiremos a la Liga Árabe que expulse a Siria y coordinaremos con el CNS una llamada a la ONU y la OTAN para que intervengan por todos los medios, incluido el militar, y esperamos que entonces tanto el CNS como la Liga Árabe estén de acuerdo”.

Con esta postura, el Comité de Organización se habría convertido en el sector más fuerte de la oposición, situando la cuestión de la intervención extranjera en su marco correcto. Ello demostraría que es sincero en su propuesta de que los asuntos los decidan el pueblo  y el régimen y con ello, se diferencia del CNS, que busca la intervención extranjera occidental desde que fue creado, aunque ha repetido continuamente ante los medios lo contrario. Por otro lado, demostraría que el Comité se comporta con responsabilidad porque saca el tema de la intervención en su momento oportuno para que sea discutido por todos. Con ello conseguiría llamar la atención de un amplio sector del pueblo sirio sobre ello, ayudando al régimen a cambiar su forma de actuación si es que es capaz de ello: le presionaría dejándolo solo ante el pueblo, tanto ante los que le apoyan como ante los que no.

Si el régimen decidiera cambiar, los que aún se mantienen silenciosos y dubitativos, se pondrían de su parte y ello le daría fuerza para implementar el último artículo de la iniciativa árabe: el diálogo con la oposición. Tal diálogo tendría lugar porque, cuando se le pusiera en una tesitura, preferiría el beneficio del país a su beneficio como régimen. Si continuara como hasta ahora, se alejarían de él todos, incluidos sus partidarios, y su egoísmo, que se pondrá de relieve, ayudará a que sea eliminado.

¿Cuáles son ahora sus opciones una vez tomada tal postura? No tiene más que dos: llegar a algún tipo de entendimiento con el CNS, lo que supone en definitiva, su adhesión a él; o mantenerse en su confrontación con el mismo y seguir siendo incapaz de evitar la intervención extranjera si el régimen no cambia su modo de actuación. Con esta segunda opción, se habría unido de facto al régimen, puesto que es él quien decide. En cualquier caso, dejará de ser el comité de Corrdinación Nacional para el Cambio para convertirse en el “Comité de Coordinación Nacional para la Adhesión al CNS o al régimen” y tal vez sus filas se dividan en dos para que unos se adhieran al primero y otros al segundo. 

*Escritor sirio

martes, 22 de noviembre de 2011

¿Quién conspira contra Siria?

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Autor: Elias Khoury
Fecha: 22/11/2011




Tras desplomarse por completo del discurso sobre los emiratos salafistas y las bandas armadas, el régimen sirio ha recurrido al discurso de la conspiración colonialista, especialmente tras la decisión tomada por la Liga Árabe. Se trata de un discurso que cuenta con el afecto de algunas fuerzas políticas porque tapa su discurso clasista con la cuestión fundamental del enfrentamiento con las avariciosas fuerzas coloniales, que buscan sacar provecho de las revueltas árabes. Además, encuentra cierta difusión entre los círculos de los intelectuales de corriente nacionalista o izquierdista porque les libra de la necesidad de enfrentarse a su vaguería intelectual ante los grandes cambios, que no aparecen en sus antiguos diccionarios.

Para dar forma al discurso de la conspiración es necesario perder la memoria, y ello implica borrar de ella las realidades que dieron origen a la revolución popular siria.

La primera realidad es que los primeros intentos de movilización en Damasco los llevaron a cabo pequeños grupos de izquierda laicista, intentos que se vieron enfrentados a una fuerte violencia que les impidió convertirse en un fenómeno que trascendiera los círculos intelectuales.

La segunda realidad es la desgracia de los niños de Daraa que escribieron en las paredes el lema de “El pueblo quiere derrocar al régimen” influidos por el ambiente general a raíz de las revueltas de Túnez y Egipto. Este pequeño acto que los niños llevaron a cabo se convirtió en la expresión a gritos de una realidad de doble connotación: por un lado, expresaba la valentía de los niños que hablaban cuando los mayores se mantenían callados por miedo o por precaución, y por otro, descubrió la naturaleza salvaje de un régimen basado en los servicios de seguridad que ha gobernado Siria durante cuatro décadas. En vez de pedir disculpas por haber torturado a los niños y castigar a los que habían realizado tan reprobable acto, el régimen los mantuvo detenidos y humilló a sus familias, familias que pidieran la intercesión en su favor. Ello hizo que prendiera la chispa de la revolución en Horan, cuyo fuego se extendió por toda Siria hasta que el niño Hamza al-Jatib, cuyo cuerpo fue destrozado, se convirtió en un símbolo y un icono.

La tercera verdad es que se ha restado toda importancia a las peticiones del pueblo y que la cabeza visible del régimen ha cambiado el calificativo “ratas” usado por Gaddafi, por la palabra “gérmenes” para calificar a los manifestantes, demostrando así su obstinación, fanfarronería y prepotencia. Son adjetivos que ha hecho de la represión que no perdona el único medio para enfrentarse al movimiento popular, convirtiendo las manifestaciones en campos de muerte y crimen. 

Estas verdades preliminares han de ser la base de todo discurso sobre la situación actual en Siria. Antes de que el régimen hable de una conspiración americano-saudí-catarí para derrocarle y antes de que sus opositores hablen del hecho de que Israel se aferra a su mantenimiento, el análisis ha de partir de estas tres verdades para buscar un modo de comprender la revolución siria. Esta revolución, totalmente espontánea, la ha iniciado un pueblo que no podía ya soportar más al régimen para proteger su dignidad humana, pisoteada por las botas militares, sin esperar a una oposición que la represión ha aplastado y marginado.

Es difícil convencernos de la hipótesis de la conspiración espontánea, porque este tipo de discurso insignificante pertenece al pasado y ya no sirve. ¿Cómo se convence a los sirios, que han visto cómo el aparato de represión los pulveriza y cómo el aparato de la mentira tiene por objetivo destrozar la imagen de la heroicidad y nobleza de su lucha?

Este levantamiento popular espontáneo no sorprendió solo al régimen dictatorial, sino también a la oposición democrática y al mundo entero. La indecisión internacional de la que presenciamos una parte durante los primeros días de las revoluciones en Túnez y Egipto, se ha repetido en Siria durante ocho meses. Esto no significa que no exista la posibilidad de una conspiración contra la zona, pues la conspiración la vimos cuando el régimen egipcio comenzó a flaquear y se instauró una dictadura enmascarada para abortar la revolución. La conspiración en el caso libio no habría sido posible de no ser por la testarudez del estúpido dictador que provocó la intervención extranjera y a quien la fascinación por sí mismo le llevó a tomar la decisión de destruir el país como precio por su caída de su trono imaginado.

Solo la revolución por sí misma puede proteger a Siria de la desintegración que amenaza al país debido a la estúpida política seguida por el régimen que se basa en el apoyo exterior y no se guarda de destruirlo todo.

Con esto, la revolución siria, en su noveno mes, se enfrenta a cuatro peligros:
El primero es el verse arrastrada hacia prácticas sectarias, que es la mayor trampa capaz de destruir todos los valores que miles de personas han muerto defendiendo. Decimos “no” a la venganza sectaria sean cuales sean los motivos y es responsabilidad del Consejo Nacional Sirio y todas las fuerzas de la oposición condenar este comportamiento. Si no, la revolución caerá en el racismo y comenzará a cavar su tumba con sus propias manos.

El segundo es el uso de las armas: hay deserciones en el ejército y varias formaciones militares que dicen pertenecer al Ejército Sirio Libre. El ejército ha de someterse a una estrategia que diseñe el liderazgo político para que no se convierta en un instrumento usado por el exterior. Los militares, por su parte, deben comprender que la revolución siria es una revolución popular pacífica y no un golpe.

El tercero es la promoción de la intervención exterior, una intervención que supone la muerte de la revolución porque incita a la soberanía de la ilusión de que los países occidentales colonialistas vendrán a salvar al pueblo del asalto de un régimen experto en arrodillarse y conceder servicios al exterior a cambio de su apoyo a su detentación del poder. La intervención militar extranjera no vendrá, si es que viene, más que en el instante en que el régimen se tambalee justo antes de caer. De esta forma, carecerá de todo sentido y expondrá a Siria a la trampa de la conspiración.

El cuarto y último es el no dar suficientemente importancia al trabajo político: el régimen amenaza y trata de engañar, pero ello no significa que no deba continuar la presión política en su contra. Sin embargo, la presión árabe e internacional, que son muy importantes, no solucionarán el problema, eso solo lo hará el pueblo sirio que, cuando entra en su difícil lucha por la democracia, no lo hace dentro de la lógica de los ejes árabes ni para tapar la dictadura petrolera, sino por la libertad de Siria y los árabes.

La responsabilidad de salvar a Siria de la conspiración a la que la conducen la locura del régimen y su proyecto suicida es de la oposición y de los luchadores de los comités locales. El camino es largo y costoso, pero es el camino de la libertad que ha dibujado la dignidad de la gente mientras se enfrentaba a la humillación y la represión.


Plaza de Tahrir:
La plaza ha vuelto a sus dueños y los revolucionarios de Egipto han vuelto a su plaza. La dictadura enmascarada unas veces y descubierta otras no puede mantenerse. La Cúpula Militar ha dado un golpe contra la revolución antes de que lograra alguno de sus objetivos y ha vuelto a los métodos de represión.

Los jóvenes han vuelto a la plaza para escribir otra página en su revolución. La revolución no puede detenerse a mitad de camino. La mitad del camino abre la puerta de para en par a una contra-revolución y permite ganar a la conspiración que pretende vaciar a la revolución de su contenido.

Eso es lo que ven los jóvenes de Egipto cuando se enfrentan a las mismas balas en la misma plaza de Tahrir. Llevan a su patria en sus roncas gargantas de gritar “Libertad” y en sus puños levantados hacia el cielo.

A ellos saludo con todo mi amor y solidaridad.

La fortaleza de Homs: ¿sectarismo o Troya?

Texto original: Al-Quds al-Arabi
Autor: Subhi Hadidi
Fecha: 20/11/2011


Hay un chiste que dice que un habitante de Homs se despertó mientras el levantamiento estaba en auge en Siria y, al no escuchar el silbido de las balas, el impacto de los proyectiles ni el chirrido de las llantas de los vehículos, pensó que se había despertado en los altos del Golán ocupado[1]. Otro chiste cuenta que un habitante de Homs dijo: “El que haya aparcado su tanque en mitad de la calle que venga y se lo lleve, que queremos pasar”. Finalmente, un tercer chiste cuenta que un control de seguridad ordenó parar a un ciudadano de Homs y le preguntaron si había participado en alguna manifestación. Él respondió que no, pero, para asegurarse de que su voz no estaba ronca de gritar en las manifestaciones, el agente de seguridad le pidió que dijera lo primero que se le ocurriera. El hombre dijo: “Daraa, estamos contigo hasta la muerte” [2]. Con tal panorama, quedó el chiste de la creación del “Taller internacional de lavado y engrasado de tanques de Homs”, que explica su creación así: “Debido al gran número de tanques en las calles de Siria en general y concretamente en Homs, hemos inaugurado el primer centro civil en el mundo para el cuidado de tanques. El centro lleva a cabo todo tipo de actividades para este propósito, desde el lavado y el engrase hasta el cambio de aceite”.

Esto no es nada sorprendente, pero para explicarlo, no sirve el hecho de que Homs sea la cuna de los chistes en Siria (como sucede en todos los países, que eligen una zona en concreto para convertirla en la materia prima con que dar rienda suelta a la ironía). Más bien, la relación entre la ciudad y el levantamiento sirio tiene que ver con muchas otras cosas que le dan ese especial estatus y lo alimentan, pasando de los chistes amargos a los niveles de la realidad, en general más amargos si cabe. Más amargos porque se puede decir que la ciudad es la primera en la lista de miembros del salón de la fama en número de muertos (cerca de 1500). Además, los homsíes fueron los primeros manifestantes que sustituyeron los primeros lemas del levantamiento por el decisivo que exigía la caída del régimen. También estuvieron entre los primeros en cambiar los nombres de los lugares más importantes de las ciudades, como la Plaza del Reloj, que pasó a llamarse “Plaza de la Libertad”. Finalmente, la ciudad ha sido testigo de la participación más amplia de la clase media y de grandes comerciantes, además de otros miembros de la “mayoría silenciosa” en las protestas en contra del régimen de los Asad.

Eso ha provocado que las Cuarta Brigada [3], distintos cuerpos de seguridad, manadas de esbirros, oráculos del régimen y colaboradores dentro de la ciudad lleven a cabo las más crueles y salvajes acciones contra Homs desde el 6 de mayo de 2011 cuando se utilizaron todo tipo de armas, incluidos helicópteros y aviones de combate. Además se impuso un bloqueo a los barrios de Homs y sus alrededores, desde Al-Rastan hasta Talbisa y Tel Kalaj que aún continúa. Todo esto ha ido acompañado de una campaña de otro tipo, que busca crear un foco de fricción sectaria entre los hijos de la ciudad, escena que han ayudado a conformar los miembros de los servicios de seguridad de tal forma que se ha creado una narrativa complementaria: Homs, la muy convenientemente llamada fortaleza de la revolución siria, se ha convertido en el punto donde la guerra sectaria es más probable.

Es triste y sorprendente que algunos partidarios del levantamiento se hayan hecho eco de esta versión, limitándose a observar los pequeños y efímeros detalles y desviando la mirada del conjunto de la escena. Incluso hijos de Homs, como Burhan Ghalioun, el presidente del Consejo Nacional Sirio, han caído en ello. Ghalioun emitió un comunicado en su nombre y en nombre del Consejo en el que predominaba el lenguaje declamatorio excepto en el párrafo en el que se dedicaba a criticar a los habitantes de Homs afirmando tajantemente que los “impulsos” de algunos de ellos habían debilitado “la lucha contra los peligros de la división y los choques sectarios” por lo que “hemos empezado a presenciar  en las últimas semanas algunos secuestros y actos para saldar cuentas entre los hijos de un mismo pueblo, los hijos de la revolución”.

Dado el rechazo de la gente al texto, el Consejo se apresuró a sacar un nuevo comunicado sobre Homs con el que pretendía maquillar el comunicado de su presidente hasta ocultarlo totalmente. No se estaba pidiendo una total eliminación de toda realidad en la ciudad, como decía el comunicado, ni convertirlo en algo negativo para provocar el pánico como hace el régimen, según el comunicado de Ghalioun. Claramente, este es un asunto político con diferencia, antes de ser un fenómeno que haya de desaparecer a nivel social. No es inteligente que el Consejo Nacional Sirio se debata entre los extremos  de la eliminación de toda realidad sectaria y de la provocación del miedo. El único que empuja a la movilización sectaria es el régimen, desde la más alta cumbre de sus instituciones de gobierno hasta su más amplia base de apoyos. Por ello, no hay mejor forma de luchar contra las tendencias sectarias que por medio de la batalla que se está librando contra el régimen, en primer, segundo y décimo lugar. Los suníes, en la historia como en la más básica sociología no son “una secta” en Siria, por el mero hecho de que son la mayoría de la población y no es correcto clasificar las tendencias de la mayoría con los mismos parámetros con los que se miden las tendencias de los individuos o los grupos reducidos. Esto, evidentemente, no acaba con los efectos de la propagación de las tensiones sectarias entre algunos, que se propagan del mismo modo que el extremismo o la moderación, la intolerancia o la tolerancia, y la religiosidad o el laicismo.

Homs se ha mantenido como la capital “hostil” de la revuelta siria, como la llaman sus gentes y como la fortaleza que ha resistido durante meses las incursiones del régimen. Es humillante para sus hijos y su registro histórico que se extiende desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna hasta el mundo contemporáneo, que nos quedemos con una imagen reduccionista resultado de hechos sectarios esporádicos, y que su brillante imagen se desvanezca: Se trata de Troya resistiendo el bloqueo, es la Troya actual de Siria y fuera de sus muros populares  terminará más de un bloqueo y junto a sus muros nacionales caerá más de un Aquiles.

[1] Una de las demandas de la gente durante estos meses ha sido que se utilicen los tanques para recuperar el Golán ocupado por Israel y no contra la población, de ahí la ironía.
[2] El estallido de la revolución de Daraa provocó actos de solidaridad en todas las ciudades ya que esta sufrió un bloqueo desde el inicio.
[3] Cuerpo dirigido por Maher al-Asad, hermano de Bashar.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El grito de la muerte

Relato publicado como actualización de estado por distintos comités de coordinación local en Siria.

Reina* la noche y reina la incertidumbre sobre nuestras almas… Algunos hemos elegido apostarnos delante del televisor para no perdernos ninguna noticia que llegue sobre la situación en otras zonas que están sangrando en la herida de la patria. Otros, en cambio, se han sentado a soñar con una noche tranquila, aunque sea una sola, tras varias semanas. En cualquier caso, la espera habita en cada uno de nosotros aunque intentemos esconderlo. Pasa la noche, hora tras hora, y aquello a lo que nos habíamos acostumbrado cada noche no ha sucedido aún. En silencio intercambiamos una sonrisa que expresa nuestra esperanza de que esta noche dormiremos…


“Dormiremos”, nos repetimos a nosotros mismos en silencio. De pronto, levanto mi voz y rompo el muro del silencio: “Parece que hoy la noche será tranquila, gracias a Dios, podremos dormir esta noche”. Algunos nos vamos a la cama y otros parecen aún intranquilos. De pronto, se escuchan los silbidos de las balas y con ellos voces de dolor que salen de forma incontrolada de las gargantas y, de lo más profundo del sueño, en segundos, se despierta para decirnos con asombro y ojos llenos de tristeza: “Y pensábamos que dormiríamos esta noche...”

Los disparos no cesan y los ruidos de las explosiones se elevan. Algunos de nosotros rompemos a hablar para intentar saber el tipo de armas que emiten tales sonidos: "Shilka… No, es un PTR… Son cañones de mortero… No, los cañones de los tanques…" Los ruidos cada vez suenan más fuerte y comienza la silenciosa despedida. Nuestras miradas se cruzan: todos pensamos que puede ser nuestra última mirada.

El ruido se acerca cada vez más y más y con él aumentan las plegarias a Dios: “Dios, no somos nada, no te tenemos más que a ti. Ten piedad de nosotros, Dios”. Y en el instante en el que todos sienten que la muerte asoma por la ventana, decidimos salir de la habitación que da a la calle, a la que ya han llegado las balas en otras ocasiones, para trasladarnos a otro rincón de la casa en el que tal vez la muerte esté más lejos. Nos amontonamos en una habitación interior que no da a las calles de la muerte. Comenzamos a oír las voces de las casas vecinas, el llanto de los niños se mezcla con los gritos de “Dios es grande” que comienzan a elevarse por todo el barrio: “Dios es grande, Dios es grande, Dios es más grande que el opresor”. Suena el teléfono y alguien lo coge: es mi hermana desde el barrio de al lado para saber si estamos bien.

“Estamos bien”. La muerte aún no ha hecho acto de presencia, pero está a la misma distancia de todos. Continúan los disparos y se eleva el ruido ensordecedor de las explosiones y con él las plegarias de uno de mis vecinos, que se mezclan con los sollozos y el llanto. Tras cada plegaria, las voces de las casas cercanas repiten: “Amén”. Las voces de las plegarias llaman a las puertas del cielo en los momentos en que todos pensamos que el mundo entero conspira contra nuestra justa causa. La única voz que se escucha en Homs de noche es la voz de la muerte. Cuánto deseo que el mundo nos oiga en estos momentos, que escuche esas voces, las voces de la muerte, las voces del llanto, las voces de las madres que han perdido a sus hijos… Cuánto deseo hacer que mi voz llegue al mundo, contactar con el mundo y contarle nuestro sufrimiento. Gritar, gritar con todas mis fuerzas: “Nos estamos muriendo, ¿alguien se da cuenta?” Quiero llamar a todos los canales por satélite, a todos los medios, a todos los que conozco y a los que no, pero ¿alguien me creerá? Tal vez algunos piensen que he tomado alucinógenos y que he empezado a desvariar al final de la noche.

Sí, nadie nos creerá hasta que muramos, solo entonces saldrá a la luz la verdad a llorarnos en nuestros funerales, pero también puede resultar muerta en el camino y ser enterrada con nuestras almas. La muerte alcanza aquí a todos y la verdad es el mayor enemigo de los asesinos. De pronto, se corta la corriente eléctrica, tal vez por una bala perdida que ha dañado uno de los generadores del barrio o se trata quizá una vez más de la política de castigo colectivo (que sigue el régimen). Reina la oscuridad en la habitación y en ella se esconden los ojos amontonados en su interior. Ya no veo nada, pero he comenzado a escuchar sollozos y llantos en la habitación, como si hubiéramos elegido a la oscuridad para contarle nuestra desgracia. No podíamos mostrarnos unos a otros nuestra tristeza con luz, pero estaba escondida en lo más profundo de nosotros.

La tristeza habita en lo más profundo de nosotros mientras, durante los minutos de la muerte, decimos adiós a todos los bellos sueños que hemos dibujado a lo largo de nuestras vidas: decimos adiós al bello país con el que tanto hemos soñado, decimos adiós al amor, decimos adiós a todo lo bello en la vida, nos decimos adiós unos a otros y decimos adiós a la patria. Durante unos minutos, intento parecer ante los que estan a mi alrededor como alguien resuelto, que aguanta por él y por los demás. Pero en apenas unos segundos, mi resolución me traiciona y rompo en llanto junto a quienes me rodean, ocultos en la oscuridad de la noche, entre sollozos y gritos ensalzando a Dios que se elevan en cada barrio de la ciudad. 

Todo se difumina en la confusión del miedo y la muerte, no son el miedo y la muerte en sí, sino el miedo a tener que despedirte de todos aquellos a los que has amado en la vida a cuya cabeza está la patria. Mi corazón se pierde en el abismo y con él mi capacidad de pensar en algo que no sea la muerte. Espero que llegue por cualquier muro o caiga del techo. La espero porque sé que nos acecha en el exterior a apenas unos metros de nosotros. Mi único deseo es encontrármela en la puerta y decirle: “Llévame y deja al resto, déjalos que vean lo que sucede para que cuenten nuestra historia, para que vivan, para que hagan realidad sus sueños, para que completen su vida, para que después de mí vivan los felices, deja a la patria vivir y deja a Homs vivir”. 

Comienza a oírse la llamada a la oración del alba en los barrios más cercanos y casi pueden oírse los gritos de “Dios es grande” que antes iban precedidos por disparos de todo tipo de armas. Los disparos continúan, se detienen unos segundos, pero no tardan en volver. Cada vez que se paran, nos inunda la esperanza de que ses corazones se hayan ablandado ante los llantos de los niños y las mujeres. Confiamos en que aún haya restos de misericordia y humanidad en sus corazones, denominadores comunes que tal vez despierten sus almas como la patria o la humanidad… Pero lo han perdido todo.

Con los primeros rayos de sol, se detienen los disparos, como si los diestros en el arte de la muerte y el asesinato se hubieran cansado o como si temieran la luz del día, pues sus almas criminales no aman más que la oscuridad.

Esto es lo que sucedió en una noche de terror en Homs, cuando los platos del miedo se servían en cada barrio de Homs. Hoy se ha convertido en algo cotidiano para la gente de Homs, algo que viven día y noche. Homs es hoy una ciudad en la que solo vive la muerte.

*Aunque el texto original está en pasado, hemos decidio traducirlo en presente narrativo para darle mayor cercanía.

martes, 15 de noviembre de 2011

Tras la caída del régimen


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elias Khoury

Fecha: 15/11/2011



Ha terminado la primera fase del juego: el régimen asadiano sigue bebiendo del mismo pozo que le ha llevado a pensar que el régimen de hierro y fuego  instaurado por Hafez al-Asad se mantendrá  hasta el fin de los tiempos y más allá. La situación ha llegado a un punto de inflexión determinante y,  tras los múltiples intentos de los países árabes de lanzar una cuerda de la salvación al régimen sirio, la Liga Árabe se ha visto enfrentada a la pared y se ha hecho inevitable anunciar el fin de la validez del régimen. La familia siria gobernante ha rechazado todos los intentos de maquillar su régimen dictatorial y se ha comportado con la mentalidad del “o todo o nada”, pensando que puede aniquilar al pueblo sirio con sangre como ha hecho durante las últimas cuatro décadas, olvidando que el tiempo ha cambiado y que las reglas del juego también.

La decisión árabe no significa que el régimen dictatorial asadiano haya caído, pues ante el pueblo sirio se erige aún el terror de la violencia que continuará hasta que el régimen llegue a su ocaso y se desmorone. Sin embargo, esta decisión indica que los mecanismos para dicha caída se han puesto en marcha de verdad y que la marcha atrás se ha vuelto extremadamente complicada.
El nuevo punto de inflexión en el que ha entrado siria es emocionante y determinante, pero conlleva importantes temores. La oposición siria ha de encontrar la manera de evitarlos para que la labor de derrocar al régimen no sea más cara de lo necesario y para evitarle a Siria probar la copa de la desintegración de la estructura del Estado en el curso del desmoronamiento de la dictadura.

Los temores son fundamentalmente resultado del sinuoso camino de las revueltas árabes. En vez de estar Túnez y Egipto a la cabeza de los dirigentes de la Liga Árabe y en vez de fundarse un eje democrático árabe en contra de la dictadura, se ha dado autoridad a la bandera del liderazgo absoluto del Consejo de Cooperación del Golfo, quedando la plataforma de la Liga Árabe aparentemente convertida en un dúo saudí-catarí. ¿Acaso la ausencia de un eje democrático es resultado de las dificultades inherentes a la etapa de fundación de la democracia, ya que Túnez se enfrenta al reto de cimentar el pluralismo político y Egipto al peligro del retorno a una dictadura militar enmascarada? ¿O es también resultado de la incapacidad de las fuerzas democráticas de materializar su proyecto político para el futuro y por ello no logran acabar con el monopolio que el liderazgo petrolero ejerce sobre la acción árabe conjunta?
A la luz de esta ausencia, la diplomacia catarí juega el papel de líder, un papel que ha tomado un cariz militar sorprendente en Libia, sorprendente porque las limitadas capacidades militares cataríes no permiten que ejerza tal papel, a no ser que Catar se haya convertido de forma premeditada en el agente internacional. Podría decirse que esta situación es fruto de una realidad internacional coyuntural, pero esto solo es cierto en tanto en cuanto demuestra la incapacidad de los demócratas de Túnez y Egipto, donde el régimen o parte de él han caído sin caer el Estado, de materializar una nueva política árabe nueva que rompa con la etapa anterior que se acerca a su ocaso. Este miedo legítimo es fruto de las aspiraciones del eje del Golfo de acabar con la actividad democrática por completo, y como indicio está el aplastamiento de la revolución de Bahrein con las balas de la Fuerza Escudo del Golfo.

Responder a estos temores es responsabilidad de la oposición siria y los comités que llevan a cabo las labores de coordinación diarias. Es cierto que derrocar al régimen y liberarse de la dictadura, con las mínimas pérdidas posibles, es la misión central a cuya consecución deben dirigirse todos los esfuerzos. También es cierto que el pueblo sirio ha recibido calurosamente la decisión árabe porque aísla al régimen y acelera su caída. No obstante, esto no puede ocultar los peligros que acechan a la revuelta siria y que pueden venir de distintas maneras.

El primer miedo es que el país caiga en el abismo de las luchas sectarias. El régimen dictatorial, que se ha cubierto de un discurso nacionalista, ha apoyado su sistema de protección fundamentalmente sobre estructuras clánico-confesionales, desde las Brigadas de Defensa [1] que tan mala fama tenían en tiempos del padre hasta la Cuarta Brigada [2] en el tiempo del hijo. El régimen tal vez piensa que puede jugar la baza de la instigación de las luchas sectarias, como hizo en Líbano, para alargar su vida. Esta carta a la que se acoge el régimen solo será efectiva si  las fuerzas de la sociedad siria caen en su trampa y llevan a cabo reacciones similares.  

El segundo temor es que el Estado se desplome. La dictadura ha promovida una total identificación entre en régimen y el Estado, de forma que los aparatos del Estado y sus distintos poderes, desde la seguridad, pasando por el poder judicial y llegando hasta el poder legislativo no son más que una montura a la que se sube el poder. Además se han destruido todas las instituciones de la sociedad civil y política y el régimen se ha convertido en el instrumento para gobernar el vacío y dominarlo.

Es de ahí de donde sale el miedo de que el Estado se desmorone: no puede mantenerse más que mediante la capacidad de la oposición democrática de atraer a la mayoría de las élites intelectuales, políticas y militares para llevar a cabo una transición democrática que salvaguarde la unidad nacional y las fuentes de su fuerza.

Estos dos grandes temores, unidos a una realidad árabe repleta de ambigüedades y de bolsas de aire no pueden contrarrestarse más que por medio de la capacidad de la oposición siria, representada por el Consejo Nacional sirio, los comités de la revolución y los dirigentes democráticos, de construir un nuevo discurso político unificador que sea el marco del proceso de cambio. En este punto no debe obviarse el terrible suceso que tuvo lugar en El Cairo cuando algunos manifestantes opositores agredieron a los miembros de la Comité de Coordinación Nacional. Hoy se pide un horizonte democrático real y un discurso nacional unificador que dirija a Siria en la difícil y dura etapa de transición y que amplíe los horizontes de la libertad y la democracia, rompiendo con este tipo de imprudentes acciones infantiles.
Para enfrentarse el régimen dictatorial que gobierna Damasco y que el gran novelista español Juan Goytisolo describió como “la paz de los cementerios” no hay más que una solución: la apuesta por el pueblo sirio que ha escrito durante los últimos ocho meses una de las más grandes y heroicas epopeyas de la historia árabe contemporánea.

Siria, el centro del Bilad al-Sham [3], el cordón umbilical del Oriente árabe, es la esperanza de que el eje democrático recupere su impulso para que comience con su amanecer democrático la nueva historia de los árabes y funde su despertar.

La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cuándo.


[1] Cuerpo militar dirigido por Rifaat al-Asad, hermano del ex presidente Hafez al-Asad, responsable directo de la Masacre de Hama de 1982.
[2] Cuerpo militar dirigido en la actualidad por Maher al-Asad, hermano de Bashar al-Asad.
[3]Unidad geográfica que incluye Siria, Líbano, Palestina y los Territorios Ocupados.