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domingo, 29 de enero de 2012

Las minorías sirias tienen derecho a exigir garantías

Texto original: Al-Seyassah

Autor: Suleiman Yousef*

Fecha: 15/01/2012

[A la derecha del paraguas, de arriba a abajo: Kurdo, alauí, suní, ismailí, siriaco]
[A la izquierda: árabe, cristiano, druso, chií, asirio]
Matiz: Esta bandera ha sido sustituida en las manifestaciones por la de la independencia tras el Mandato francés: verde, blanca y negra con tres estrellas rojas en el centro
 

La comunidad asiria, compuesta por los ritos siríaco y caldeo, es un pueblo muy antiguo cuyos orígenes se remontan a siete mil, principalmente en Mesopotamia y la Siria histórica. Más aún, en determinados periodos lograron fundar su propio estado, con instituciones administrativas, sociales y religiosas propias, hasta constituir una civilización feraz y vigorosa. Con el tiempo, la afluencia de otros pueblos y naciones los relegó a un segundo plano desde el punto de vista de la organización política. Al iniciarse las movilizaciones populares en contra del régimen de Bachar al-Asad, en marzo pasado, los diferentes sectores y ámbitos de la comunidad asiria acogieron con optimismo estas protestas, sin precedentes en la historia moderna de Siria, con la esperanza de que sus reivindicaciones básicas-derrocamiento de la dictadura e instauración de un sistema democrático-, terminarían traduciéndose en un cambio real. Asimismo, esperaban que el levantamiento de la sociedad siria contribuiría a aportar soluciones justas y plurales para el conjunto de los grandes conflictos vigentes en el país, empezando por la cuestión asiria en todas sus vertientes, nacional, religiosa y política y terminando con el reconocimiento por parte de la constitución de la identidad asiria como elemento constituyente de la identidad nacional y de los asirios como pueblo original de Siria. Y la supresión del artículo segundo de la carta magna, en el cual se estipula que el presidente del país ha de pertenecer necesariamente a la comunidad musulmana y se convierte a la ley islámica se erige en fuente principal de legislación. Así pues, convencidos de que era preciso poner fin al despotismo y forjar un estado civil donde prevaleciera el principio de ciudadanía y de igualdad entre todos los integrantes de la nación, los asirios, con todas sus instituciones políticas y comunitarias y con el concurso de sus representantes culturales, se pusieron desde el primer día de lado de esta valiente y noble intifada, apoyándola con todos los medios a su alcance. Sin embargo, parece que todo esto no ha tenido ningún efecto en los posicionamientos de buena parte de la oposición siria, en especial la árabe, adepta en algunos casos a los postulados chovinistas y racistas, respecto de la “cuestión asiria”, la cual, según ellos, no existe. Esta visión, opuesta a los principios básicos de ciudadanía, participación y pluralidad, certifica que tales grupos opositores permanecen rehenes de una ideología anquilosada, retrógrada y exclusivista que arrastra todo su programa político.

El desarrollo de los acontecimientos ha certificado que el párrafo del comunicado constituyente del opositor Consejo Nacional Sirio (CNS), creado en Turquía con un claro ascendente islamista,  en donde se decía que “la constitución garantizará los derechos nacionales del pueblo asirio-siríaco y la solución de la cuestión asiria de forma justa y democrática en el marco de una Siria unida, con el respeto escrupuloso de los deberes de ciudadanía paritaria entre todos los ciudadanos”, no era más que una medida táctica destinada a ganarse la confianza de la calle asiria y atraerla hacia el Consejo Nacional. En otras palabras,  nada ha cambiado en esencia en los posicionamientos de la oposición siria (árabe, kurda e islamista), ya sea la agrupada bajo esta gran coalición que es el CNS o en el seno de las Coordinadora Nacional para el Cambio Democrático, con respecto a los derechos básicos de la comunidad asiria. La persistencia de la oposición siria, en el interior y el exterior, en mantener unos postulados teñidos de negatividad e incluso racismo respecto de la cuestión asiria se puede apreciar con toda claridad en el acuerdo político alcanzado por la Coordinadora y el CNS, donde se detalla el enfoque de ambas instancias acerca de  la “etapa transitoria” y la nueva Siria tras el fin del régimen actual. Y es que el funesto acuerdo de marras obvia toda referencia a la “cuestión asiria”, uno de los componentes básicos de la gran cuestión siria.

En verdad resulta muy sospechoso, y desde luego no deja en buen lugar la credibilidad de la oposición siria, que Burhan Ghalioun, presidente del CNS, y aquellos de entre sus colaboradores que han firmado el acuerdo con la Coordinadora, no hayan reconocido de forma explícita la existencia de una facción asiria en el seno del consejo ni hayan aludido a la cuestión asiria, aun cuando los asirios constituyen el eje civilizacional de Siria, con el agravante de que sí han incluido un párrafo específico sobre la “cuestión kurda” y los derechos de los kurdos sirios. El “bloque asirio” emitió un tímido comunicado para protestar contra este injustificado menosprecio de su importancia como grupo y de la identidad nacional de todos los asirios. Mas no se trataba de un hecho aislado: la Coordinadora Nacional de Fuerzas para el Cambio Democrático, en cuyo seno militan partidos y formaciones árabes y kurdos así como personalidades independientes de la oposición dentro de Siria, ya habían desplazado a los asirios del congreso constituyente celebrado en Damasco en septiembre de 2011. En la misma línea, el comunicado final no hacía mención alguna a los asirios ni a sus reivindicaciones. Esta pronta sublevación contra los postulados del documento fundacional del CNT, y la renuncia de sus dirigentes a cumplimentar el apartado consagrado al “expediente asirio” –aquellas líneas consideradas por muchos como un hito excepcional para los asirios y sus reivindicaciones por haberse incluido por primera vez en la historia una mención expresa a esta cuestión en un documento oficial de la oposición siria- defraudó a la sociedad asiria y despertó serias dudas sobre el futuro político del país y la credibilidad de la oposición, ya sea kurda, árabe,  islamista o laica, no sólo en lo referente a los derechos de los asirios sino también en lo concerniente al cambio democrático, el estado civil, la participación plural y equitativa y todas esas proclamas que dicen defender. Evidentemente, el rechazo del buró ejecutivo del CNT al acuerdo con la Coordinadora, bajo presión del levantamiento popular y debido a motivaciones que nada tienen que ver con la omisión de cualquier alusión a la cuestión asiria en el citado documento, no ha conseguido disipar las dudas y temores de los asirios, en la sospecha de un nuevo posible renuncio de aquel a reconocer los derechos asirios en cualquier comunicado o documento a firmar en el futuro con la Coordinadora o el resto de las fuerzas de la oposición. Pero aún, cuesta mucho pensar que quien se niega a hacer mención expresa del asunto en un manifiesto o informe oficial estando en la oposición tendrá una disposición mayor cuando llegue al poder.

Por ello, el intento por parte de quien sea de excluir a los asirios o a cualquier otro componente de la sociedad siria constituye una acción reprobable y en absoluto conforme a los principios democráticos. Tampoco contribuye a reforzar la reivindicación de un verdadero cambio político ni la plasmación de una auténtica participación plural y la igualdad entre todos los grupos sociales –uno de los lemas de las fuerzas opositoras sirias-. En verdad, todas estas posturas diletantes y contradictorias respecto a la cuestión asiria confirman la inexistencia de un plan de acción fiable en el seno de la oposición para resolver el tan sensible y espinoso expediente de las minorías y nacionalidades étnicas y religiosas en Siria. Todo ello por no hablar de que las divergencias en el interior de tal oposición en lo tocante a la forma de enfocar la crisis actual suscitan interrogantes numerosos y legítimos sobre su capacidad para dirigir los destinos del país una vez consumada la debacle del régimen y hacer frente a los desafíos enormes derivados de una nueva etapa llena de dificultades. En resumen, y a la luz de las disputas intestinas de los sectores opuestos al régimen y la temible polarización confesional y étnica que ha comenzado a instalarse en la sociedad siria a resultas de la crisis vigente, los asirios y con ellos los cristianos y el resto de minorías desguarecidas tienen todo el derecho, ante el cambio por venir, a exigir garantías constitucionales y estatutarias en aras de la salvaguardia de su existencia misma y sus aspiraciones legítimas y justas.
* Investigador sirio especializado en la cuestión de las minorías.

Washington y el círculo vicioso: ¿el derrocamiento del régimen o su caída?

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 26/01/2012



Ahora, cuando el levantamiento sirio entra en su undécimo mes, algunos políticos americanos se ven obligados a hablar de él con más claridad y con más ganas de debatir sobre ello, ya sea entre republicanos y demócratas, ya entre el propio presidente estadounidense y alguno de los más destacados candidatos republicanos a las elecciones presidenciales. Así, Barack Obama fue el primero en anunciar en su discurso anual sobre el estado de la Unión que: “El régimen sirio descubrirá pronto que no puede resistirse a las fuerzas del cambio ni privar al pueblo de su dignidad”, y por tanto, “sus días están contados como sucedió con el régimen de Gadafi”.

En segundo lugar, Mitt Romney ha reprochado al presidente su tardanza en hacer tal declaración, porque la ha hecho hoy “después del ingente derramamiento de sangre en ese país” y lo que se exige es “que EEUU muestre du papel de líder en el escenario internacional y trabaje por llevar a estos países en desarrollo a la modernidad”.

Por su parte, la opinión del senador John Kerry, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales en el Senado de EEUU es que Siria “está al borde de la guerra civil” y por ello, “el incremento de la violencia” fue el tema estrella en sus conversaciones con los políticos de Oriente Medio durante una gira que duró 11 días. A pesar de que Kerry fue uno de los más activos mediadores con Bashar Al-Asad (no sobre las reformas, la democracia y los derechos humanos claro está, sino sobre la rehabilitación de los canales de comunicación entre Siria e Israel exclusivamente), sus consejos a la Administración estadounidense han versado sobre la apertura del diálogo con “un gran número de aliados” y la coordinación con la Liga Árabe y los estados del Consejo de Cooperación del Golfo para “tratar lo que debe hacerse, paso a paso”. Su compañero de partido y en el Senado, Robert B. Case hijo, presidente de la Comisión de Oriente Próximo, ha ido más lejos considerando que “la Liga Árabe no hace todo lo que puede y que EEUU debe hacer más esfuerzos”.

Está también la opinión (a la que el autor de estas líneas se suma) de que a la Casa Blanca le sigue faltando determinación para diseñar una política detallada y palpable, además de aplicable por etapas, para derrocar al régimen sirio, a pesar de la cada vez mayor certeza (de la que hoy nadie parece dudar) de que el derrocamiento del régimen es una reivindicación de la que nadie se abstiene. La diferencia entre “el derrocamiento” y “la caída” es la esencia de una problemática (si así puede llamarse) que ha hecho que Washington se retrase mucho en pronunciar la expresión-látigo (es decir, la necesidad de que Al-Asad dimita). Así, unas veces, el expediente sirio se cocina a fuego lento y otras, en cambio, arde de forma salvaje. Como bien es sabido, hay una serie de importantes razones puramente internas y también en los niveles regional e internacional, de tipo geopolítico, militar, social, económico y religioso, que complican el expediente sirio y obligan a mantener cierta precaución ante los riesgos que conlleva, lo que frena la elaboración de planes rápidos y poco estudiados.

Que la Casa Blanca adopte el concepto de “derrocamiento” significa una participación en los esfuerzos para desestabilizar al régimen, ya sea de forma secreta o públicamente, bien en el terreno de la mera diplomacia o acompañándola de varias medidas de inteligencia, militares y logísticas, entre las que se encuentra el establecimiento de zonas seguras y corredores humanitarios, e incluso, líneas de suministro en caso de decidirse una intervención militar del tipo que sea. Y es en esto en lo que la Administración no es clara aún y, de hecho, puede decirse que se es algo de lo que se abstiene en la práctica (para fortuna del pueblo sirio y su levantamiento que han querido que sea nacional, pacífico y no apoyado en fuerzas extranjeras cuya amargura al confabularse con el régimen ya han tenido ocasión de probar los sirios). Ni que decir tiene, también, que Siria no es Iraq ni Libia porque no es un pastel de intereses que hace babear por una intervención extranjera y su régimen, por otro lado, es el preferido del aliado predilecto de EEUU, Israel. A ello se un el hecho de que es el mejor de los antiimperialistas sin excepción: un régimen de resistencia que no resiste.

Por el contrario, a la Casa Blanca no le da vergüenza, de hecho es su deber, un deber ineludible, apoyar las aspiraciones del pueblo sirio de libertad, dignidad, democracia e igualdad. Por tanto, apoyarse en el concepto de “caída” del régimen supone devolver la misión a los sirios en primera instancia, dueños del derecho y el objetivo, sin una intervención extranjera de ningún tipo (¡para ventura de Siria aquí también!). En este nivel, la variación entre las declaraciones encendidas y las más templadas, así como el incremento de las presiones verbales o su reducción, amenazando unas veces con poner expediente en primera plana y empujándolo otras de nuevo a la sombra, son meras variaciones del ejercicio clásico de la diplomacia a lo largo de las eras: el arte de la ocultación y la amenaza. ¿Es lógico que un responsable estadounidense (o ruso o iraní o europeo)anuncie que está en contra del derecho, del bien y de la justicia? ¿Acaso el propio régimen sirio, que es quien mata, tortura, cerca, destruye y quema, ha anunciado en algún momento que está en contra de tales valores?

Estamos, por tanto, ante un cículo vicioso: a EEUU no se le reprocha cuando considera la caída la mejor opción y la más segura para proteger sus intereses nacionales y salvaguardar la estabilidad de su política exterior al menos en este momento, y, en contra partida, no es de extrañar que la hipocresía domine en el juego que dirige la Casa Blanca cuando se dirige a los sirios y al régimen en el mismo nivel.

Tal vez sea útil volver a la postura más tosca de EEUU, con contenido palpable más allá de los mínimos razonables, frente al régimen sirio: la coalición en el Congreso de EEUU en el verano de 2005 que votó por mayoría absoluta la decisión de condenar con firmeza “al régimen gobernante en Damasco” por las “escandalosas violaciones d los derechos humanos y las libertades civiles de los pueblos sirio y libanés”.

Si la sala fue testigo en su día de la concurrencia de los votos habituales en contra del régimen sirio porque odian a todos los árabes (naturalmente, con Ileana Ros-Lehtinen de Florida y Tom Lantos de California a la cabeza), el mismo púlpito ha presenciado los votos que exigían a la Asamblea General de la ONU adoptar una resolución que “determine las violaciones del régimen sirio de los derechos humanos y exprese el apoyo al pueblo sirio en su lucha por la libertad, el respeto de los derechos humanos, las libertades civiles, el gobierno democrático y el establecimiento de la soberanía de la ley”.

Ese era, por lo menos, un “nuevo lenguaje” en el que no faltaban las connotaciones importantes de la etapa incluso si uno pertenece al sector de los que no se hacen ilusiones con la “integridad” de EEUU en la defensa de los derechos humanos, se violen donde se cometan en Oriente Medio (incluido Iraq en ese momento), y sea cual sea el régimen que los viole. Pero este lenguaje no fue escuchado, y así es como debía ser, porque la postura de facto de la Administración frente al régimen sirio se centraba en otras cuentas a saldar. Dichas cuentas partían del contenido efectivo de la lectura israelí de la situación del régimen y concretamente, de la relajación renovada en lo que respecta a los Altos del Golán ocupado a los que rodean la inmovilidad y el silencio y con cuya calma no da al traste el disparo de una escopeta de caza.

La aproximación de Obama no desvirtúa la esencia de la aproximación formulada por la anterior Secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice, y no hay exageración en una suposición que ve que muchos de sus componentes siguen aún presentes a día de hoy. A ello se une que el restablecimiento de los canales sirio-israelíes ha atraído más a Obama en detrimento del canal israelí-palestino para evitar caer en el absurdo de lo que se llama “las cuestiones de la solución final”, como Jerusalén, el derecho de retorno, el desmantelamiento de los asentamientos de Cisjordania, etc., soluciones todas ellas congeladas o suspendidas. Ese es el consejo que le dieron a la Casa Blanca algunos miembros del grupo de Oriente Medio que trabajó en la Secretaría de Estado estadounidense durante la presidencia de Bill Clinton, entre los que destacan Denis Ross, Robert Malley y Aaron Miller.

El último publicó un artículo titulado simplemente “Empieza por Siria” en el que llamaba a Obama a dejar de lado la paz árabe-israelí o palestino-israelí y comenzar por donde nadie le aconsejaba comenzar. Desde el primer párrafo Miller dice que Obama “se verá bombardeado con consejos sobre cómo aproximarse a la construcción de la paz árabe-israelí, pero solo hay un consejo que debe tener en cuenta, que no es otro que hacer de la paz israelí-palestina una prioridad. La solución no parece cercana, pero existe una oportunidad de acuerdo sirio-israelí que Obama ha de aprovechar”.

En lo que Miller quería apoyarse era, en realidad, en las negociaciones que comenzaron en 1973 cuando Hafez al-Asad dio el visto bueno a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU número 338, le obligó a reconocer que el Estado hebreo es una parte indivisible, de hecho y derecho, de la zona y el sistema de Oriente Medio, tanto político como geográfico. Dichas negociaciones, de forma secreta o no tan sereta, continuaron durante la etapa del Al-Asad padre así como durante la de su heredero y, en el lado israelí, durante los mandatos de Isaac Shamir, Isaac Rabin, Simon Peres, Benyamin Netanyahu, Ehud Barak, Ariel Sharon y Ehud Olmert. El resultado, ya sea el actual o ya el de aquellas negociaciones que comenzaron en mayo de 1974 bajo una tienda de campaña en Sa’sa’ (provincia de Damasco) y que dieron lugar a la aplicación por parte del régimen de una separación de fuerzas que desactivó los cañones pesados e incluso el armamento ligero, fue que la relación de fuerza militar y de seguridad entre el régimen sirio e Israel no se acercara ni de lejos a un “estado de guerra” o “de enemistad”.

Y si embargo, igual que Obama aceptó la caída del régimen de Mubarak y el de Zain El Abidin Ben Ali, y tras ellos, los de Muammar Gadafi y Ali Abdallah Saleh, no tiene otra opción más que hacer lo propio con el régimen de Bashar al-Asad, primero él y su familia y después el régimen y el sistema. No es oportuno naturalmente que el sirio suplique a Washington o a cualquier otra capital para que derroque al régimen en lugar de los sirios, y no es de extrañar, por el contrario, que muchas voces de políticos estadounidenses se eleven para comentar el levantamiento, no porque entre en su undécimo mes y porque el régimen se haya vuelto más sanguinario y salvaje, sino porque la pugna por las elecciones presidenciales está a las puertas.
“Los días del régimen sirio están contados” verdaderamente, como dijo Obama, pero no debido a ningún círculo vicioso en el que se guarece la Casa Blanca o en el que se inspiran los políticos orientalistas que quieren de EEUU que nos conduzca a la modernidad o que le asignan un papel de líder mundial indiscutible e inalterable.

sábado, 28 de enero de 2012

A la atención de quien corresponda:

Texto original: Kebreet

Autor: Aref Abdo

Fecha: 27/01/2012



Cada vez que la veo, siento la modestia en su voz, en lo profundo de sus sentimientos, y en su capacidad de unir y dividir a un mismo tiempo. Ya nunca más sentiré miedo por ella. Es consciente y comprende lo que dice e incluso es capaz de dar lecciones de profesionalidad y de dedicación. No necesita repasar ni textos ni diálogos escritos para meterse en su papel y armonizar con el personaje al que representa. De hecho, todos dudarán tras ella sobre cómo enfrentarse a la complejidad de sus personajes. ¿Cómo no si el teatro en el que actúa es real hasta el punto de que nadie puede asegurar que este tipo de obras puedan representarse? Sentimiento, veracidad, fe, sacrificio, determinación inquebrantable, son significados que no hemos visto jamás en nadie más que en grandes personas. 

Di lo que quieras y como quieras porque tu público está absorto y embriagado con tu brillo. No te preocupes si en tu texto mezclas el árabe clásico y el dialecto porque hoy estás entre las filas de los creadores y los renovadores. ¿Acaso no has devuelto a la letra qaf[1] su significado y su resplandor? ¿Acaso no la has devuelto a su cálido regazo después de que algunos estúpidos intentaran borrar sus vestigios y proscribirla? Qué bonita suena la palabra “cuánto” (qaddesh) cuando tú la pronuncias. Actuar es una profesión, pero no es eso lo que quiero transmitir. 

Deseo decir que tu teatro es un teatro de amor sirio y tu público está formado por sabios del deseo. Tú hoy eres la embajadora de la fraternidad y el amor mutuo sirio en todo el mundo. Así lo han querido los sirios y no había nadie mejor a quien elegir para este papel porque todas los pequeños y grandes detalles se te aplican a la perfección. Nos has honrado, Fadwa Soliman y nos honra tenerte como representante[2] de la revolución siria.

Remite: el pueblo sirio
Destinatario: Fadwa Soliman
Fecha: Siempre


[1] La letra qaf no suele pronunciarse en Siria, excepto en la zona de la costa, donde se concentra un importante porcentaje de población alauí, a la que se ha asociado la pronunciación de dicha letra y, por ende, e ha asociado al régimen donde el elemento alauí está sobrerrepresentado, pero no es exclusivo.
[2] Representante y actriz se dice igual en árabe, de ahí el doble significado que aporta la palabra.

viernes, 27 de enero de 2012

Sobre una velada sin barreras

Texto original: Damascus bureau
Autora: Razzan Zaytouna
Fecha: 08/01/2012
"Que Dios maldiga tu alma, Hafez"

La diferencia entre lo que hay antes y después de la barrera puede resumirse en la diferencia que hay entre la Siria pre-revolución y la Siria post-revolución. Antes de la barrera, las distancias están cargadas de miedo y un sentimiento de no pertenencia: la calle en la que pasaste tu infancia no te recuerda, el cruce en el que tuviste tu primera cita romántica lo ocupa un ser armado hasta los dientes y que ha invertido sus juramentos, y las barreras vuelan de un lugar a otro sin que puedas saber nunca dónde van a caer, a veces en el lugar menos esperado. Cruzarlas da una inexplicable sensación de victoria.

Pasada la barrera, en una zona teóricamente liberada está tu casa. Así estaba Zamalke en la concentración del jueves por la tarde: las tiendas de la ciudad habían cerrado sus puertas para cumplir con la huelga y las calles estaban prácticamente vacía, salvando la presencia de algunos jóvenes de temprana edad que “organizaban” el tráfico que había sido cortado con piedras para dejar la plaza libre a los manifestantes.

Eran miembros de la coordinadora de “Los niños son niños aunque trabajen”, que se diferencian de nosotros porque a sus bellos corazones no les afecta el miedo, y por eso insistieron en lanzar fuegos artificiales antes de comenzar la manifestación, haciendo caso omiso de las advertencias de los mayores a quienes les asustaba.

En esas zonas es difícil diferenciar el ruido de los voladores del de los disparos, incluso con los ramos de color que se abren en el cielo y lo llenan de aires de vida, aires que casi habíamos olvidado. La verdad es que los fuegos eran bellísimos y nos hicieron volar con la imaginación por unos minutos, soñando con un día cercano que aún esperamos.

Los pasos que separan el silencio, y los caminos cortados y oscuros de las manifestaciones son prácticamente como hacer un viaje en el tiempo, y lo que sientes solo se asemeja a la sensación de cuando, en los viajes del colegio, entrábamos en Latakia y nos pegábamos al cristal buscando la línea azul dibujarse a lo lejos.

Cuando llegamos, los activistas iban y venían a nuestro alrededor, supervisaban y se encargaban de lo que han preparado previamente. Intercambiaban breves conversaciones entre ellos y con los invitados sobre las últimas novedades, el CNS, al-‘Ar’ur[1], el laicismo y el Ejército Sirio Libre, pero el calor de la conversación no afectaba al intenso frío de una tarde-noche de enero, solo la ceremonia de la manifestación lo conseguía.

En el centro de la plaza, se elevó la voz de Qashush[2] (toda manifestación tiene su Qashush) y la gente repetía unas veces tras él y otras adelantándose a sus palabras, hasta que las voces y los gritos se acabaron mezclando y se vio obligado a cambiar la melodía para volver a coordinar la orquesta. Los bailes que ha inventado la revolución recuerdan a los no tan jóvenes lo que tal vez no quieran recordar tras una breve participación: agacharse y sentarse para volver a levantarse todos juntos como un volcán varias veces seguidas. Y con todo eso, ¿qué es más agradable que bailar al son de “Maldito sea tu espíritu, Hafez” para probar que “no importa la diferencia de edad”?

Las revolucionarias se apoderaron de la parte delantera de la plaza, jóvenes y madres que habían venido con sus hijos de otras partes de Zamalke y Damasco. Una de ellas señaló a una mujer mayor que estaba en la primera fila, diciendo que era la madre de un joven mártir y la mujer a su vez, señaló una gran foto de un joven guapo que llevaba uno de los manifestantes y dijo: “Ese es mi hijo mártir”. La abracé y mis palabras se entrecortaron, me deslicé hasta las filas de atrás mientras una de las jóvenes del Midan daba un discurso y la gente gritaba: Damascena, damascena. ¿Quién dijo que la vuelta a nuestra solidaridad de grupo anterior no es bella en ocasiones? Qué bello es gritar por Damasco y sus muchachas.

Comenzaron a gritarse los lemas y con ellos íbamos recorriendo cada ciudad y región del país, una tras otra, hasta que lo cubrimos de punta a punta. A cada una se le dedicaban una reverencia, un aplauso, una declaración de sacrificio por ella y nuestro amor. Pero cuando llegamos a Dariya lloré hasta que mi voz se congestionó. Echo mucho de menos a Yahya [3]: Yahya y sus amigos no se parecen a nadie a quien haya conocido durante la revolución. Ellos son una revolución en el corazón de la revolución, previa a ella y posterior a ella. Ellos son lo que puedo leer y sentir con claridad en todo momento en medio de las contradicciones que ya no sé cómo comprender. Ellos se parecen a sí mismos todo el tiempo y son quienes dan algo de paz a un corazón cansado de los detalles diarios que no se parecen en nada a ese festival de alegría…

Se terminó la manifestación y la plaza se vació, quedando deprimida y oscura, pero aún dentro de la barrera, una barrera que puede volar en cualquier momento y aterrizar dentro de ella o desmigarse en cientos de soldados y agentes de seguridad que asalten la ciudad y la saqueen y destrocen. Sin embargo, la gente pronto se recompone y vuelve a empezar desde que sintieron por primera vez la diferencia entre vivir antes de la barrera y después de ella y sin ella. Vivan zamalke y Al-Ghutta, vivan…

[1] Polémico sheij contrario al régimen que a michos no convence por sus declaraciones poco democráticas.
[2] Cantante de Hama, que escribió y cantó la canción "Venga, vete, Bashar" y fue asesinado por el régimen que después le cortó la garganta.
[3] Yahya Yarbayi, un activista de Dariya, amigo y compñaero de Ghiath Mátar en su lucha por el pacifismo de la revolución.

martes, 24 de enero de 2012

El cerco a Al-Asad se estrecha

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Abd al-Bari Atwan

Fecha: 23/01/2012



Si la Iniciativa del Golfo, cocinada en Riad y apoyada por Washington, logró obligar al presidente yemení Ali Abdallah Saleh a marcharse a EEUU vía Omán, los que están detrás de la iniciativa de la Liga Árabe acordada por los ministros de Exteriores árabes anteayer de madrugada, son nacionales del Golfo en primera instancia y quieren para el presidente Bashar al-Asad el mismo final, tarde lo que tarde. Esto se debe a que dichas personas tienen dinero, mucho dinero, a que gozan del apoyo estadounidense y occidental en general, y a que, por encima de estas dos cosas, están viviendo protestas populares que exigen legítimas reformas democráticas.

El presidente Bashar al-Asad está prácticamente solo en su enfrentamiento con la Liga Árabe en la cual su país ya no tiene ningún papel destacado, ni tampoco la capacidad de participar en la toma de sus decisiones. De hecho, ya no es miembro de la misma. Pero más importante aún es que sus más destacados aliados del Golfo a los que su padre apoyo vehementemente para sacar las fuerzas iraquíes de Kuwait ahora quieren sacarlo a él del poder, después de dar un golpe en su contra, como ya hicieron con el ex presidente iraquí Saddam Hussein, cuando hubo terminado su misión de derrotar a Irán y minimizar la amenaza que suponía a sus regímenes.

Cuando decimos que el presidente sirio está solo, nos referimos a la neutralidad de la que hacen gala sus amigos del eje antiimperialista ante esta iniciativa árabe que le pide dimitir: Argelia se ha abstenido, Iraq también, quedando solo Líbano como país que se ha desmarcado totalmente de la misma. Los rusos, por su parte, que le han apoyado durante los últimos meses, que han llevado sus portaaviones y barcos a sus bases navales en Tartus y que han hecho uso del veto para evitar la imposición de sanciones contra Siria, parecen estar cambiando su opinión: ni han apoyado ni se han opuesto a la iniciativa árabe y se han limitado a filtrar unas declaraciones de un responsable llamado Mijail Margelov, un jurista y uno de los más cercanos al presidente Dimitri Medvedev, en las que dice que Rusia no puede hacer más por el presidente Al-Asad de lo que ha hecho.

Este cambio en la postura rusa puede deberse a la coincidencia entre la iniciativa de la Liga Árabe y las propuestas rusas que han sido discutidas durante los últimos tres meses: el traspaso del poder por parte del presidente Al-Asad a su vicepresidente Faruq al-Sharaa, la creación de un gobierno de unidad nacional que prepare el camino para la celebración de unas elecciones parlamentarias y presidenciales y la introducción de reformas políticas globales. Dichas propuestas se hicieron mientras el líder ruso Vladimir Putin lanzaba una “amenaza implícita” al presidente Al-Asad al decir: “O comienzas con reformas verdaderas, o te vas”.
El régimen sirio ha rechazado la última iniciativa de la Liga Árabe considerando que se trata de una violación de la soberanía y una injerencia en los asuntos internos sirios. Este rechazo nos recuerda al rechazo del presidente yemení Ali Abdallah Saleh, que después se convirtió en una aceptación sujeta a una serie de cambios. Cuando llegó la plena aceptación, tardó en firmar, todo ello solo para ganar tiempo. No descartamos que se repita el mismo escenario en Siria.

Está claro que este ataque árabe contra Siria, que coincidido con la marcha del presidente Saleh quiere decir que nos hemos deshecho del dictador yemení y ahora queremos centrar nuestros esfuerzos para cambiar al presidente sirio de la misma manera y así poder dedicarnos a otros regímenes, como tal vez el argelino.
Probablemente no soprenda que las presiones de la Liga Árabe sobre la cabeza visible del régimen sirio hayan coincidido con la decisión de los ministros de Exteriores de la Unión Europea de imponer un embargo total al petróleo iraní y con la entrada de un nuevos portaaviones estadounidenses en el Golfo árabe por el estrecho de Ormuz, provocando claramente a Irán, cuyos líderes se han visto humillados y han tenido que decir que no permitirán que ningún portaaviones vuelva a la zona. También se pide la cabeza del régimen iraní, incluso aunque llegara a olvidarse de sus pretensiones nucleares. Lo que le sucedió a Gadafi es una moraleja que no ha de olvidarse.

Es el momento del Golfo claramente, porque los tres centros árabes que conformaron la historia de la zona durante decenas de siglos están totalmente perdidos: Siria se enfrenta a una revolución popular, Iraq está destrozado y puede decirse de él que se trata de un estado cuasi-fallido, gobernado por una dictadura sectaria y que se encuentra entre los cinco países más corruptos del mundo. Finalmente, Egipto, la tercera punta de este triángulo está enfrascado en una difícil etapa de transición que lo ha apartado de todas las esferas de influencia en la zona.

La entrada de Arabia Saudí en el expediente sirio con fuerza, o la salida a la luz desu otrora secreto papel, supondrá necesariamente un fuerte dolor de cabeza para el presidente Al-Asad y su régimen. Además, no sabemos si su sorprendente entrada en escena es para limitar el papel catarí o si se ha hecho en coordinación con el país vecino. El emir Saúd al-Faisal sorprendió a todos cuando acaparó la atención de los focos, tras un largo silencio, para anunciar que retiraba a los observadores de su país la delegación árabe porque el régimen sirio no había cesado de matar a sus ciudadanos y que ellos, es decir, los observadores saudíes, no podías ser “falsos testigos”. Lo más peligroso es que el emir saudí se ha precipitado a reunirse con el doctor Burhan Ghalioun, presidente del CNS, en un poco frecuente y rápido reconocimiento del Consejo, algo inusual en lo que al gobierno saudí se refiere, ya que no reconoció el Consejo Libio de Transición incluso tras la caída de Gadafi, al que guarda un absoluto odio por razones por todos conocidas.

El papel saudí para derrocar al presidente Bashar al-Asad puede ser determinante porque Arabia Saudí goza de una fuerte influencia en Líbano y dentro de Siria y más de 500 mil millones de renta de petróleo anual. Además, el reino se presenta a sí mismo como el líder de la secta suní y ocupa una posición destacada como el mayor aliado de Washington en la zona.

Han pasado diez meses desde que se inició el levantamiento en Siria y el régimen de Damasco no ha presentado ninguna iniciativa verdadera de reforma que sirva de alternativa a las soluciones apoyadas en los servicios de seguridad. ¿Qué daño le habría hecho detener la cruenta maquinaria de la muerte a tiempo, poner a todos sus símbolos a disposición de los tribunales, e invitar a la noble oposición siria a formar un gobierno de unidad nacional, convocar elecciones parlamentarias y presidenciales como en otros países árabes, o crear un nuevo gobierno con personas que no sean las de siempre que solo sirven para hacer la pelota al gobernante y elogiar sus defectos como si de auténticas virtudes se tratara?

 "Zona militar:
Prohibido acercarse o hacer fotos"

Es cierto que el informe del presidente de la delegación de los observadores árabes ha alabado la colaboración del régimen sirio y ha hablado de violencia y asesinatos por parte de ambos bandos, asegurando que los asesinatos descendieron con su llegada y que el régimen retiró sus aparatos militares de las ciudades, pero que también hay bandas armadas y soldados desertores que matan. Lo cierto es que todos estos pasos y esta buena disposición han llegado muy tarde desgraciadamente. Ir al Consejo de Seguridad a internacionalizar el expediente sirio no será una medida efectiva porque igual que el veto estadounidense está al acecho de cualquier proyecto de resolución árabe de condena a Israel, el veto ruso y el chino están también para evitar cualquier intervención internacional en Siria. Los chinos y los rusos no morderán de nuevo el anzuelo después de la trampa mortal en la que cayeron en Libia.

No sabemos cuál será el siguiente paso del régimen, pero lo que sabemos es que el cerco se cierra sobre el régimen y sus aliados iraníes y que puede necesitar un milagro para salvarse en un tiempo en que los milagros se han extinguido. Seguir optando por el empleo de la fuerza es un suicidio y someterse a las presiones árabes una humillación, al menos según su diccionario.

Y esto significa que estamos ante un callejón sin salida al menos a corto plazo. Puede que sirva de algo recordar que el señor Abd al-Rabbihi Mansur Hadi, vicepresidente yemení no está supervisando la transición en Yemen, sino que es candidato de consenso para las elecciones presidenciales. ¿Podemos imaginar a Faruq al-Sharaa, el vicepresidente sirio, jugar el mismo papel siendo oriundo de Daraa donde prendió la llama del levantamiento?

Hay quien habla de lanzarse a la desesperada, es decir, de una guerra con Israel, que dé la vuelta a todos los equilibrios en la zona, o una guerra irano-estadounidense o irano-israelí en el Golfo que haga lo mismo, pero lo más probable en caso de no darse ninguna de las anteriores posibilidades, es que Siria se deslice hacia una cruenta guerra civil, especialmente cuando las deserciones están creciendo y la revolución civil se está convirtiendo a gran velocidad en un golpe militar.

Golpe árabe contra Al-Asad

Texto original: Al-Hayat

Autor: Elias Harfush

Fecha: 24/01/2012





Con la elección del vicepresidente sirio Faruq al-Sharaa como figura para dirigir la transición en el país, los países árabes intentan llevar a cabo un golpe desde dentro haciendo que el presidente se marche, pero asegurándose de que el régimen mantenga sus apoyos militares, políticos y de seguridad y dándole la oportunidad de participar en la planificación de la supuesta nueva etapa.

Esta es una solución que puede parecer ideal desde la óptica de un régimen que siente que se acerca a su desplome y en cuyo interés va salvar lo que se pueda, aferrándose a cualquier salvavidas. Sin embargo, ¿acaso el régimen del presidente Bashar al-Asad considera que está en dicha situación? O mejor dicho, ¿acaso piensa en la posibilidad de que su régimen se mantenga lejos del gobierno de la familia cuyo nombre se ha ligado de forma indivisible al nombre del Estado (“la Siria de Al-Asad”) desde hace más de cuatro décadas?

La teoría de la “conspiración” no permite al régimen sirio observar su situación desde el ángulo que indica que sus últimos días o meses se acercan. Al contrario, el régimen siente que “la conspiración” es la que está llegando a su fin, como quedó patente en el discurso del presidente sirio en la plaza de los Omeyas hace dos semanas. Es difícil, frente a una postura como esta, convencer al régimen de que más vale conservar una parte y renunciar al todo que viceversa, porque piensa que sigue siendo capaz de tomar la iniciativa tras la derrota de los “conspiradores”.

Esto por un lado. Ahora bien, la etapa de transición, tal y como la ha propuesto la Liga Árabe, es decir, manteniendo a Al-Asad como presidente formal, asumiendo Faruq al-Sharaa su cargo y prerrogativas, tal y como reza el comunicado, no es más que un intento de la Liga Árabe de engañar al régimen sirio, una empresa complicada por varios motivos. En primer lugar, porque no hay ningún personaje alternativo, sea Sharaa u otro, que pueda soportar los costes de aceptar y poner en marcha este plan golpista, y en segundo lugar, porque el claro simbolismo sectario de esta propuesta de traspaso de poder amenaza a Siria con una verdadera guerra civil que ya se vislumbra en algunas ciudades. Por tanto, en dicha situación, el golpe contra Bashar no tendría solo un carácter meramente reformista, sino que el gobierno sirio lo condenará aduciendo su carga sectaria, sectarismo que dividiría a Siria horizontalmente.

Es difícil imaginar que los líderes árabes que propusieron este tipo de solución no se dieran cuenta de la reacción automática que provocaría su propuesta en el régimen de Damasco. Como Damasco no ha sido capaz de exponer las verdaderas razones de su rechazo, que son las que hemos expuesto,  no ha tenido más remedio que recurrir al pretexto de “la injerencia en los asuntos internos”. La Liga por su parte es consciente, o debería serlo, de que tal pretexto ya no sirve, porque, por un lado, Damasco aceptó la presencia de observadores árabes en su territorio para observar “su comportamiento hacia sus ciudadanos” y, por otro, porque Damasco fue una parte “que injirió”, en todos los sentidos, en los asuntos de su vecino libanés durante muchos años, nombrando a sus presidentes y extendiendo su mandato o deponiéndolos cuando así lo deseaba, precisamente bajo la misma cobertura árabe e internacional de la que hoy se queja. Esto se suma a su continua injerencia en los asuntos palestinos desde la época de Yasser Arafat hasta hoy, bajo el lema de la responsabilidad nacional que Siria tiene en lo referente a esta cuestión, llegando a considerar traidores a los líderes palestinos y dudar de su capacidad para ocuparse de la cuestión.

Pero todo esto no impide que el golpe árabe contra Al-Asad vaya a tener la misma suerte que el resto de ofertas que han intentado solucionar la crisis siria, porque Damasco apuesta por el hecho de que la decisión árabe carece no es tan fuerte como para verse obligado a aplicarla. Y mientras, la alternativa a la internacionalización sigue siendo un misterio mientras los costes no sean pagados a los “antiimperialistas” de la mesa del Consejo de Seguridad.

lunes, 23 de enero de 2012

La identidad siria: de la marginación de las pertenencias identitarias a su enriquecimiento

Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Adi al-Zaabi

Fecha: 17/01/2012

 "No nos dirigiremos a los presidentes ni a los reyes, 
sino a las conciencias de los pueblos
para que se pongan de parte del pueblo sirio"
(Homs, Al-Wa'r)

La revolución siria postula una serie de interrogantes sobre la identidad siria y su futuro. En teoría, las corrientes imperantes de pensamiento tienen una visión ideológica estática que hace de la identidad algo esencial y eterno, presente en el ser humano desde el principio de los tiempos. Con esto no nos referimos solo al lema del Baaz sobre el mensaje eterno [1], sino también al mensaje de las corrientes islamistas y de izquierdas. Dichas corrientes consideran que la identidad es bien absolutamente islámica, bien absolutamente árabe, bien absolutamente de pertenencia a una clase. La visión de la izquierda es diferente, pero, a fin de cuentas, considera que la superestructura depende de la estructura económica, por lo que la clase a la que pertenece el individuo es su identidad.

Con la llegada del partido Baaz al poder, la identidad árabe fue la única reconocida. La generación que creció bajo el dominio del Baaz, especialmente la que se crió tras los sucesos de los ochenta[2] y sufrió la excesiva represión ejercida sobre todos los aspectos de la vida, se le exigía no declarar ninguna otra identidad complementaria o paralela a la identidad árabe. Las identidades religiosas y étnicas fueron totalmente apartadas, pagando por ello los islamistas y los kurdos en distintos grados según las circunstancias. Del mismo modo, la izquierda fue víctima de una represión injustificada.

Sin embargo, y este es el punto en el que quiero hacer hincapié, se excluyeron también las identidades locales, sectarias y regionales. En los ochenta era una lacra social proclamar que eras de Damasco, de Hawran o de Homs y, a nivel político era muy peligroso, gritar a los cuatro vientos que eras alauí, suní o druso.

Tal empobrecimiento del concepto de identidad hasta el punto de perder todo significado, y que suele referirse en exclusiva a Palestina, ha dado lugar a una idea un tanto extraña: Todo el que haga gala de su adscripción regional o religiosa está, inevitablemente, en contra de la arabidad y es, por tanto un retrógrado que busca el sufrimiento de Siria.

El error que comenzó con la llegada del ideológico Baaz al poder , un partido que se niega a reconocer que hay otros partidos con una visión diferente, se extendió también a las identidades secundarias. En consecuencia, las identidades más íntimas y menos ideologizadas fueron condenadas. ¿Por qué?
Reconocer las identidades regionales implica exigir una mejora de las condiciones de vida, luchar contra la corrupción de los hombres del gobierno y los servicios de seguridad en dichas zonas, y promover estudios y proyectos relacionados con dichas zonas, además de conllevar el intento por parte de los habitantes de colaborar o criticar a las autoridades locales hasta lograr una vida digna. Reconocer la identidad local y enorgullecerse de ella va, en consecuencia, en detrimento de la dictadura y no de la arabidad.

Al comenzar la revolución, los partidarios del régimen acusaron a los habitantes del Hawran literalmente de tener una naturaleza clánica propia. Para defenderles, otros insistieron en que no hay ningún trasfondo clánico en las revueltas de los sirios. Y la pregunta aquí es: ¿por qué se establece un nexo entre el sentimiento de clan y el retraso y una mentalidad retrógrada? Tal vez haya algo de clánico y religioso en las protestas de los sirios, pero eso no es malo siempre que tales protestas vayan encaminadas al establecimiento de un estado de Derecho basado en el respeto a los demás.

La mayoría de los niños torturados en Daraa pertenecen al clan Abu Zayd, pero las protestas han incluido a todos los clanes del Hawran. Por tanto el el clanismo no implica caer en partidismos de defensa de un clan sobre el otro y si es ese el elemento reprobable en dicho sentimiento de clan, claramente se ha exagerado su presencia, que no hemos notado, en las protestas.

El clanismo como el regionalismo son dos conceptos reprobables si se basan en la prepotencia y rechazo al otro, pero si se trata de algo que completa o acompaña a la identidad nacional no lo es. La gente de Homs grita a diario que mueren por Homs y de hecho lo hacen, pero eso no significa que los habitantes de dicha ciudad estén en contra de las identidades árabe y siria, sino que, al contrario, la identidad homsí secundaria, materializada en la lucha contra la dictadura, es el núcleo de la identidad siria global.

¿Cuál es el argumento teórico que justifica el rechazo a las identidades sectarias y regionales? ¿Qué hace a un individuo perteneciente a una zona concreta (Homs, Deir Ezzor, Hawran) o una secta (alauí, druso o suní) un retrógrado que no puede trabajar por la arabidad? ¿Dónde está el fallo en una persona que es está orgullosa de ser homsí o cristiana y es, a la vez, árabe? La justificación teórica para esto es la idea de la identidad excluyente. La identidad siria, según algunos, es una identidad eterna, que divide a los sirios en árabes y no árabes y dicha identidad, como el régimen, no deja que ninguna otra comparta su espacio. El régimen ha corrompido profundamente la identidad árabe, pero el propio concepto, tal y como se propuso a principios del siglo pasado, con el islam político y la izquierda, necesita ser reconsiderado y corregido.

Si algo ha probado la revolución siria es que las identidades locales y regionales no se contraponen a la identidad árabe ni a la siria y, desde este punto de partida, es necesario revisar las concepciones en torno al la idea de identidad, ya que la identidad no es un concepto metafísico sin manifestación real.

El ser humano vive, respira, come y realiza sus actividades diarias en un ambiente limitado en espacio y tiempo, un ambiente que tiene sus necesidades, problemas y reflejos. La pertenencia regional tiene siempre la prioridad, mientras que la ideología, o el pensamiento en general, que intenta explicar e interpretar la realidad, debe partir de la realidad que se vive y caminar paralela a ella. Por ello, la identidad siria, que incluye a todo el pueblo sirio al margen de sus diferentes pertenencias regionales, sectarias y sociales, debe acompañar y complementar siempre a la pertenencia regional. Por su parte, las identidades sectarias y étnicas pueden ser algo diferentes a la adscripción regional; sin embargo, la injusticia de la que han sido víctima islamistas y kurdos nace del mismo error: se ha presentado a la identidad árabe como una identidad totalmente excluyente. A todas estas identidades se les puede aplicar una misma idea: mientras que no sean excluyentes, no nieguen al otro y no se enfrenten a él por completo, serán identidades legítimas bajo el paraguas de la identidad siria. En Siria, la identidad árabe es la identidad excluyente en cuyo nombre gobierna el régimen, el resto de identidades están excluidas y reprimidas.

La revolución siria es la revolución del ser humano que vive en la Tierra. Por tanto, la existencia en la Tierra en distintas zonas y regiones de Siria y el trabajo a pie de calle han tenido un papel clave en la revolución contra la dictadura. Las supra-identidades, y la teorización tienen un papel secundario en la revolución. Esto es algo sano, ya que la revolución reordena las ideologías: primero el ser humano, y después las teorías y las ideologías. La revolución siria, desde una perspectiva filosófica, nos invita a reconsiderar los conceptos heredados. El régimen ha hecho uso del concepto de identidad árabe para justificar la represión y la dictadura. La revolución, en primera instancia, es una revolución contra este uso de la arabidad: que los que han sufrido por este uso lo reconsideren y abran debates en torno a la identidad siria y su futuro significa que la revolución va por el buen camino. Debemos colaborar con los kurdos, los islamistas, la izquierda y la derecha. Pero la pertenencia regional y sectaria necesita también una reconsideración. Si la dictadura ha despojado a Siria de toda adscripción o pertenencia, la revolución le ha devuelto su riqueza y pluralidad.

[1] El lema del Baaz en referencia a la Nación Árabe es “Una única nación portadora de un mensaje eterno”.
[2] Década en la que los enfrentamientos entre sectores islamistas y el régimen acabaron en la Masacre de Hama de 1982 de la que los Hermanos Musulmanes insisten en desligarse pero por la que muchos les han exigido una disculpa.

sábado, 21 de enero de 2012

Con franqueza...

Texto original: Kebreet

Autor: Mustafa Aba Zayd

Fecha: 20/01/2012


En las revoluciones de los marginados, las revoluciones de los pueblos para recuperar sus derechos robados, normalmente y como es natural, muchos jóvenes ahogados en la pobreza, la ignorancia y la desorientación, pueden encontrar un nuevo camino que les proporcione la esperanza de una vida mejor. Entonces, encontramos al joven que había llenado el barrio de problemas y había mantenido ocupada a la policía con sus asuntos, convertido hoy en el guardián del barrio que protege a sus habitantes y dirige sonrisas de satisfacción y tranquilidad a la gente, gente que le sonríe de la misma manera.

Lo que no es natural es que esos jóvenes se conviertan, con toda la complejidad, todo el rencor y todo el deseo de venganza de todo lo que consideran la causa de sus penas que llevan en su alma, en líderes del movimiento y sus motores. No es normal que determinen el destino y la evolución de la revolución, ni que repartan diplomas de buena conducta a unos y se los quiten a otros.

Sí, todos queremos derrocar al régimen de los Asad y acabar con décadas de humillación y robo de la voluntad, nunca divergiremos en eso, pero desde el primer día queremos hablar de los errores en voz alta y clara para que la polémica y la lucha se retrasen hasta la etapa en que la voluntad triunfe.

Cuando el ignorante habla, tiene derecho a hacerlo, pero cuando el intelectual necesita el permiso del ignorante para hablar, tenemos un problema. Cuando la discusión sobre el proceso revolucionario se convierte en una traición a la sangre de las víctimas y cuando nos sometemos a una voluntad despótica, tozuda y estúpida para decidir por dónde y cómo continuar, asintiendo con la cabeza solo porque estamos unidos por el objetivo de derrocar al régimen, también tenemos un problema. Cuando nos vemos obligados a guardar silencio ante la militarización sectaria y los cobardes asesinatos movidos por la venganza en las ciudades y pueblos de Siria para no poner obstáculos en el camino hacia el derrocamiento del régimen, damos lugar a una catástrofe en el momento de la victoria de la revolución de la verdad.

Todos sabemos que hay quien se ha subido al carro y quien lo dirige ahora hacia un final que todos sabemos que está escrito y por el que hemos trabajado con las mismas manos que lo comenzamos.

Manteneos a salvo y mantened a la patria.

El Ejército Sirio Libre, que Dios lo guíe.

Texto original: Kebreet

Autor: Mutasem Abu AlShamat

Fecha: 16/01/2012

Su visión:
Los miembros del Ejército Sirio Libre (ESL) son un grupo de soldados que rechazaron el comportamiento salvaje del régimen y desertaron del ejército, tomando las armas en su contra sin cerciorarse de si aquello que les movía eran factores nacionales o religiosos. Y aunque ambos no se contradicen, es necesario que el ESL refleje que se trata de un ejército nacional en primera instancia: un ejército para todos los hijos de Siria. Sin embargo, no parece que el ESL tenga clara dicha visión, algo que demuestran a todas luces los nombres de las brigadas, predominantemente religiosos. Entre ellas está en Damasco la llamada Brigada de Muawiya ben Abi Sufiyan*, un personaje histórico religioso sobre el que incluso los suníes tienen divergencias.

Su liderazgo:
Los líderes del ESL no gozan de gran capacidad de dirección ni liderazgo sobre las brigadas desplegadas por el territorio por diversos motivos y a mí personalmente se me ha asegurado por activa y por pasiva que las brigadas en Deir Ezzor no están bajo el liderazgo de Riad Al-As’ad. Esto hace temer que, al caer el régimen, la situación desemboque en un enfrentamiento entre milicias armadas.

Su estrategia:
El ESL anunció que detendría las operaciones durante la visita de los observadores a Siria, para sorprendernos días después con una declaración del líder de dicho cuerpo Riad Al-As’ad sobre su intención de llevar a cabo una operación militar en el plazo de una semana para obligar al régimen a dimitir. Esta contradicción en las declaraciones afirma que no existe una estrategia clara.

Cambios acaecidos en el ESL:
En un principio, el ESL estaba para proteger a los civiles y los manifestantes pacíficos, pero después han comenzado a llevarse a cabo operaciones ofensivas contra los puestos de control del ejército y se ha asesinado a sus colaboradores. A esto se añade que el ESL ha abierto la veda al alistamiento voluntario y se han proclamado responsables de acciones llevadas a cabo por los civiles. Da miedo, mucho miedo, que el objetivo acaben siendo los partidarios del régimen y después todos aquellos contrarios al ESL, especialmente los defensores de la no violencia y el pacifismo, más aún cuando se ha constatado un aumento en el número de víctimas desde el inicio de las operaciones del ESL.

El ESL que se propuso como cuerpo para la protección de los civiles se esconde precisamente entre ellos, exponiéndoles así a los duros golpes del régimen como sucedió en Al-Rastan, donde, a consecuencia de la falta de equipamiento y munición del ESL en comparación con el régimen, se vieron obligados a salir de la ciudad tras cinco días de bombardeos continuos. Los civiles quedaron desarmados y a merced de la venganza de los servicios de seguridad y los shabbiha.

Lo que temo es que la existencia del ESL, que ha sido magnificado en los medios de tal forma que parece que existe un conflicto armado en Siria, pueda dar al régimen la legitimidad para acabar con la revolución y el ESL si lo considera como un caso de rebeldía militar. Para ello solo tendría que intensificar su campaña de seguridad y convertirla en una campaña militar, repitiéndose así el escenario de la masacre de Hama (1982) en Homs, Idleb y Yisr al-Shugur.

Hay quien dice que el ESL aumenta el coste (de la estrategia) del régimen y que, por tanto, aumentarán las deserciones, pero creo que, en caso de aumentar dicho coste, las deserciones serán entre las filas de los soldados, no en los puestos más altos, ya que la mentalidad del oficial es que está entre sus hijos soldados para defender la patria, salvaguardar su integridad y enfrentarse a Israel. Por eso, cuando sus hijos son atacados, los defenderá hasta la muerte y se aferrará más al régimen.

Mi crítica al ESL no supone en absoluto la negación de que se trate de personas honradas que se han alistado para proteger a la nación y a la revolución, pero diverjo con ellos en los mecanismos para derrocar al régimen.

*Quinto califa del Imperio Islámico, fundador de la dinastía Omeya, previamente gobernador de Damasco.

jueves, 19 de enero de 2012

Manifiesto en pro de la ciudadanía

Manifiesto publicado en las redes sociales con fecha 19 de enero de 2012 y firmado por 106 personas de confesión alauí, a las que se han ido sumando nuevos nombres.


Los abajo firmantes, ciudadanos sirios, nacidos alauíes, hemos decidido expresar la opinión de una gran parte de los miembros de la confesión alauí debido a que las circunstancias y la responsabilidad nacional nos han obligado a señalar, a nuestro pesar, nuestro trasfondo social. Desde el inicio de la intifada de la libertad en Siria, hemos apoyado todas las peticiones pasando por el derrocamiento total y absoluto y desmantelamiento del régimen hasta la creación de un estado civil democrático que respete a todos sus ciudadanos. Queremos expresar nuestro total rechazo a los intentos del régimen, por medio de las jugadas de los servicios de seguridad y de los medios, crear un nexo de unión entre la confesión alauí en particular y las minorías religiosas en general, y el propio régimen. Del mismo modo, condenamos el comportamiento y las declaraciones de algunas partes de la oposición que intentan asociar un aire sectario a nuestra intifada, que era y sigue siendo la intifada de la dignidad cuyas peticiones son civiles. Dichas partes no son más que la otra cara del régimen represivo.

Los abajo firmantes insistimos en:
1.    La unidad de todos y cada uno de los grupos confesionales y nacionales que conforman el pueblo sirio y la firme disposición a trabajar por la instauración de un estado libre y democrático que salvaguarde los derechos de sus ciudadanos por igual, algo que solo puede conseguirse una vez derrocado el régimen dictatorial actual.

2.    Pedir al ejército sirio que deje de aplicar las órdenes de matar a los manifestantes pacíficos.

3.    Considerar que las salvajes acciones represivas que llevan a cabo los esbirros del régimen (los shabbiha), sean quienes sean y pertenezcan a la religión o etnia que sea, son auténticos crímenes.

4.    Defender los derechos civiles de los ciudadanos sirios de todos los sectores de la sociedad siria y protegerlos frente a todo el que quiera oponerse a ellos.

5.    Hacer un llamamiento a los ciudadanos sirios alauíes y los miembros de las minorías religiosas y étnicas que tienen miedo de lo que pueda seguir a la caída del régimen, a que participen en el derrocamiento del régimen represivo y en la construcción de una nueva república siria, un estado de derecho y de la ciudadanía.
6.    Condenar toda práctica o declaración sectaria que provenga de los opositores y considerarla como un perjuicio para todo el pueblo sirio y el futuro del país, además de llamar a las fuerzas de la revolución a condenar este tipo de prácticas y declaraciones.

7.    Hacer un llamamiento a todos los hijos de Siria, pertenezcan al grupo que pertenezcan a firmar este manifiesto tras su publicación.

Viva Siria libre y democrática.

lunes, 16 de enero de 2012

Ellos solos resisten


Texto original: Al-Quds al-Arabi
 
Autor: Elias Khoury

Fecha: 17/01/2012



Los sirios están solos, así ha sido, así es y así seguirá siendo. Las palabras consagradas a pedir una intervención exterior o a justificarla han caído por su propio peso: el régimen es el único que recibe apoyo exterior, que hace venir a la flota rusa y que saca fuerzas de las armas importadas de Moscú y su aliado iraní. En cambio, los jóvenes sirios, cuya sangre cubre el cielo, están solos. Solos se manifiestan y solos mueren., solos construyen esperanzas y solos caen en la desesperación. Ellos solos, con sus lemas, sus canciones, su resistencia y su heroísmo, están escribiendo la página del mayor amanecer de la historia de su país y de los árabes. Solos, abandonados a su destino, ni EEUU hará nada por ellos ni los árabes de ese país quieren hacerlo ni pueden.

Están solos porque llamaron a la puerta de lo imposible, considerando que el corazón de los árabes debía volver a latir, y se encontraron de bruces con un tremendamente violento aparato militar fascista que se ensañó en matarlos mientras el mundo observaba. Los observadores no han sido más que el resultado de  la miseria árabe, que ha convertido al mundo árabe en el campo en el que juegan las potencias regionales y extranjeras. La Liga Árabe dice lo que no hace y cubre los desgarrones de su incapacidad con palabras, sin medios efectivos para ejercer presión y detener la masacre.

En cuanto al mundo occidental, si hemos vivido décadas de complicidad con el dictador, al que intentó reconocer como hijo tras la caída de Ben Alí, un Occidente a quien no le interesaba de la revolución egipcia más que apoyar un golpe militar que garantizara el mantenimiento del tratado de Camp David, y un Occidente cuyos aviones participaron en el derrocamiento de Gaddafi en su aspiración al paraíso del petróleo, ese mismo Occidente se mantiene dubitativo ante la revolución siria, algo de lo que estábamos convencidos desde el principio. Esto se debe a que EEUU no quiere más que garantizar los intereses de Israel, unos intereses que residen en la debilidad de Siria como nación hasta dejarla exhausta, de forma que su dictador sea una mera marioneta sin poder alguno de decisión.

Las discusiones en las que se han enfrascado los intelectuales sirios fueron ilusiones. Cada palabra sobre la intervención extranjera ha sido en vano. La diferencia no está entre quien quiere una intervención que no sucederá y quien no la quiere, esas son disputas imaginarias: la pregunta es cómo puede salir victoriosa la revolución siria.

Diez meses después de su estallido, la revolución siria se encuentra amenazada. Se han perdido mucho tiempo y esfuerzos en pos de alianzas árabes y extranjeras, y lo óptimo habría sido invertir dichos esfuerzos en construir instituciones revolucionarias, para que el pueblo logre su objetivo de derrocar al régimen. Esa y solo esa es la pregunta: cómo puede resultar victoriosa la revolución.

La pregunta parte de una realidad que ya es hora de que todo el mundo comprenda: el pueblo sirio está solo en su enfrentamiento con el aparato de represión. Es de esta realidad de la que hay que partir. De hecho, se trata de algo que la realidad misma puso de manifiesto desde los primeros días de la más grande revolución de la historia contemporánea de los árabes: el enfrentamiento entre un pueblo desarmado y un régimen fascista, que ha erigido un aparato militar aterrador que se mantiene a la espera de la derrota final el pueblo.

El presidente sirio fue claro en sus últimos dos discursos, donde anunció con toda claridad, sin ambigüedades, que había decidió vencer sobre el pueblo. Se agrupó a la gente al estilo baasista para que el presidente apareciera entre ellos y lanzara un discurso en el que dijo que les vencería y que nadie le importaba. Dijo al mundo entero que vencería a su pueblo, valiéndose de palabras ambiguas en lo que a las reformas se refería, amenazando con todo, pero no cediendo en nada, y manteniéndose bien sujeto al fusil para dejar claro que no daría marcha atrás en su decisión de zanjar el asunto.

El juego del régimen ha quedado claro, se trata de empujar a la revolución hacia una solución militar, escenario en el que el hijo podrá recuperar las “glorias” del padre, convirtiendo toda Siria en una nueva Hama. Este es el peligro del que todos han de ser conscientes. El régimen puede refugiarse en la solución militar ocupando ciudades y pueblos.

Pero el juego de la solución militar, a pesar de lo evidente y claro del peligro que conlleva, ya no asusta a los sirios porque tienen un ejército paralelo que puede resistir ante el ejército del régimen. Más aún, no temen porque poseen algo ante lo que ningún ejército puede vencer: la voluntad y la unidad.

La coordinación entre el Ejército Sirio Libre y el consejo Nacional no será el factor que incline la balanza (a favor del pueblo), a pesar de lo necesario de tal coordinación, tampoco la hasta ahora infructífera búsqueda de denominadores comunes entre las filas de la oposición será la solución, aunque estos esfuerzos han de continuar. La respuesta está en los logros populares en Homs, Idleb, Deir Ezzor, los alrededores de damasco, Hama, el barrio del Midan o los estudiantes de Alepo. La respuesta está la decisión de que no hay vuelta atrás y de que ninguna fuerza militar en el mundo, por potente que sea, puede reprimir la voluntad de un pueblo que ha decidido luchar hasta el final. La respuesta está en los comités locales de la revolución, que se levantan tras cada campaña de detenciones y asesinatos, y en la valentía de la gente mientras miran por encima del hombro a la humillación sin miedo. La solución está en las manos levantadas, los pies que pisan con fuerza la tierra y las lágrimas que se han teñido de sangre.

La respuesta era, es y seguirá siendo siria, La lucha es larga, la revolución siria es la más difícil, más radical y más costosa. No veremos aquí un ejército que se mantendrá neutral como en Túnez, tampoco veremos un ejército que se capturará la revolución en una especie de golpe como en Egipto, ni aviones de la OTAN, que destruyeron (el país) más que protegieron a los civiles como en Libia. En Siria hay una larga lucha inserta en un contexto complicado y que conlleva un elevado coste y enormes sacrificios. La revolución no puede ser derrotada o retroceder, su única opción es continuar hasta derrocar al régimen. Los sirios están solos y saben que su misión es de máxima importancia, porque el destino de su revolución determinará el futuro de su país y el futuro de los árabes.

domingo, 15 de enero de 2012

Encuentro con Bashar al-Asad

Entrevista publicada con el sheij de Homs Anas Suweid en Al-Jazeera

Fecha: 13/01/2011



¿Podría hablarnos de cómo se inició la revolución en Homs?
Cuando comenzó la revolución en Daraa, la gente de Baba al-Sibaa y de todo Homs comenzó a inquietarse porque no podían soportar una reacción tan cruel y violenta por parte del régimen.

Pero antes de eso, la gente de Homs ya había sido víctima de fuertes presiones por parte del gobernador de la provincia de Homs, Iyad Gazzal, un familiar de Bashar al-Asad, que les cortaba el suministro de electricidad y agua, y dificultaba cualquier tipo de acción o acceso a servicios. Así, convirtió el “sueño de Homs” en la destrucción de Homs.

¿Qué es el sueño de Homs?
“El sueño de Homs” es un proyecto para echar a los suníes del zoco y traer a nuestros hermanos alauíes para que se ocupen de los centros principales de la ciudad, lo que provocó que los comerciantes de Homs escribieran: “Sí a Bashar al-Asad y no al sueño de Homs”, porque dicho “sueño” ideado por el gobernador conllevó la destrucción de muchos edificios y ejerció una presión indescriptible sobre la gente. La gente llegó a decir que Bashar al-Asad dominaba toda Siria, excepto Homs, que estaba bajo el mando de Iyad Gazza.
La primera manifestación, antes de los sucesos de Daraa, fue para exigir la caída del gobernador, y cuando Daraa salió en su primera manifestación, se organizó también una en Bab al-Sibaa cuyo lema fue: “Con nuestra sangre y nuestra alma morimos por ti, Daraa”. Yo di un sermón en la mezquita en el que traté de calmar a la gente y me centré en el significado del dicho de Omar ben al-Jattab (segundo Caliga del islam): “¿Cómo pretendéis convertir a las gentes en esclavos si sus madres los han traído al mundo libres?”. Por ello tuve que visitar unas cuantas sedes de la seguridad.

Después, las manifestaciones se extendieron a Baba Amro, Jalidiyya, etc., hasta que llegaron a todos los rincones de Homs. El factor que más alimentó las manifestaciones y provocó su extensión por la ciudad fue la negativa actitud del régimen, su represión y sus ataques.

¿Es cierto que la incitación al sectarismo es una de las causas del aumento de las manifestaciones?
Antes quiero responder a otra cosa: ¿Hay sectarismo en Homs?: Hay un destacado sectarismo ejercido por el régimen en contra de los suníes de Homs de formas inimaginables. En cada barrio suní de Homs, se corta la electricidad ocho horas diarias y si en esos barrios salen manifestaciones, se impide la entrada de un alimento básico como es el pan durante días. Entonces, los otros barrios se ven obligados a meterlo de contrabando. También se cortan las comunicaciones.

Ahora bien, he de señalar que nuestra relación, por ejemplo, con nuestros hermanos cristianos, en el barrio, es una relación de tipo fraternal y nos ha apenado enormemente la pérdida de algunos de ellos por lo que hemos presentado  nuestras condolencias. Sin embargo, en lo referente a nuestros hermanos alauíes, es cierto que con algunos de ellos nos une una hermandad de leche, pero el régimen ha destruido eso al armar sus barrios. De hecho, cuando detienen a un revolucionario alauí, lo torturan el doble que al resto para que se mantenga al margen de la revolución.

¿Qué puede decir de sus encuentros con Bashar al-Asad? Sabemos que usted se reunió con él más de una vez. ¿Qué pasó?
Tuve tres entrevistas con el presidente durante la revolución. La primera fue en abril, y éramos alrededor de veinte ulemas de la ciudad de Homs. Hablamos con él durante cuatro horas y media y hay que decir que parecía sorprenderse por todo: le hablamos de las prácticas de los servicios de seguridad y los shabbiha y los presentes le contaron todo con detalles, apuntando de su puño y letra todos los comentarios.

La reunión terminó sin que nos prometiera nada, pero nos pidió que le ayudásemos a calmar las manifestaciones hasta que las cosas volvieran a su cauce. Así que nos fuimos sin obtener ningún resultado tangible. Los sheijs no podían ponerse en contra de las manifestaciones y cada sheij que intentaba tranquilizarlas terminaba golpeado en mimbar[1] y se le impedía dirigir la oración.

Después, me llamaron para una nueva reunión con los sheijs y no fui. Cuando la seguridad militar me detuvo y me preguntó el porqué, les expliqué que había decidido dejar el asunto a otros.

En las segunda reunión, el presidente me mandó llamar a mí solo, porque las manifestaciones en Bab al-Sibaa estaban en plena ebullición. Me saludó y me preguntó si era el sheij de Bab al-Sibaa. Le contesté y me dio la bienvenida. No obstante,  yo iba con la firme intención de no pedirle nada porque la primera vez no había logrado nada ni nada había cambiado.

El presidente comenzó a hablar pidiendo que las manifestaciones se calmaran, diciendo que sabía el problema fundamental las prácticas de los servicios de seguridad y el mujabarat[2] y los shabbiha. Me dijo “Si tienes mil imágenes en tu cabeza, en la mía hay decenas de miles, así que no me hables de dichas prácticas. Sé que la solución es retirar a los servicios de seguridad, pero no puedo hasta que la calle no se calme”. Esto mismo lo repitió tres veces durante las dos horas que duró la entrevista.

Le respondí diciéndole: “Usted, señor Presidente, está equivocado en sus peticiones”. Y me dijo: “Adelante”. Entonces le expliqué: “Nos pide que calmemos los ánimos en la calle para retirar a los servicios de seguridad, pero no podemos hacer eso porque la calle no es de nuestra propiedad. El sheij que no habla con la gente en el mismo tono de la calle, recibe golpes y es considerado un traidor. Lo mejor es que nos quedemos neutrales entre el Estado y la gente”.

También le dije que los habitantes de Homs decían que ellos no se relajarían hasta que se retirasen las fuerzas de seguridad. “¿Qué garantías tienen si se sientan en casa y después vienen los servicios de seguridad para llevárselos? Son revolucionarios ahora y se les está matando, ¿qué pasará si vuelven a sus casa?” La respuesta fue: “Yo no repetiré los errores de los ochenta[3]”.

Le pregunté: “Señor presidente, ¿cuál es cómo podemos unir ambas peticiones?” Respondió: “Ese es el problema, se ha perdido la confianza”.

Le dije: “La solución es política y no está en que salgamos a calmar a la gente”. Me contestó: “Yo tenía una visión errónea de los sheijs y me daba miedo todo aquel que tenga barba y las mujeres con velo. Una vez, fui a Alepo y me senté en un restaurante en el que todas las mujeres iban cubiertas. Dije: ¿Es que estoy en Afganistán? Después, pregunté al doctor Al-Buti[4] cuál era el secreto de tal presencia de velos en Alepo, ¿se trataba de los Talibanes o de Al-Qaeda?” Me contestó: “Son personas religiosas por naturaleza”. Imagina un presidente de un Estado al que le hablas de una crisis y una solución política y te sale con ejemplos que no tienen nada que ver.

Después le pregunté: “¿Qué pasa presionamos a la gente con todas nuestras fuerzas para que dejen de manifestarse, algo para lo que probablemente necesitaríamos un mes, pero no lo lograremos y siguen cayendo víctimas a diario. ¿Existe la posibilidad de que sustituyáis el fuego real por balas de goma?” Esta fue su respuesta: “El problema es que nuestra economía se desploma”.

Entonces le pedí permiso para hablar con franqueza y seguridad. Le informé de que la seguridad me había hecho rendir cuentas por lo que le había dicho la vez anterior. Se río y dijo: “Lo importante es que no me hayan pedido rendir cuentas a mí”.

Le dije: “Señor presidente, la gente en la calle pregunta: ¿Nuestro presidente tiene el poder de tomar las decisiones o es incapaz?” Y me preguntó el porqué, a lo que le contesté: “Dice que no habéis dado orden de matar, pero sigue habiendo matanzas. ¿Por qué no castiga a los que se rebelan contra las órdenes mientras, habiendo además asesinos en el ejército, cuyos nombres se han hecho famosos en todas las provincias (le dije varios nombres) y han sido colgados para después organizar elecciones estando convencido de que sería elegido?”

Su respuesta me sorprendió, y Dios es testigo de que lo que digo es cierto: “Castigué a Atif Nayib, que arrancó las uñas a los niños, y castigué a mi primo en Latakia, Yamil Al-Asad. Y cuando Baniyas se unió a los disturbios, saqué de allí al marido de mi prima. Entocnes, me llamó mi tía, una señora mayor, y me reprendió, por lo que tuve que prometerle que le devolvería a su puesto cuando terminara la crisis. Mi madre me llamó para lo mismo”.

Yo me quedé pasmado y me pregunté cómo dirigirme a ese hombre que hablaba con tanta seriedad del “enfado” de su tía y no sentía tristeza por el pueblo que estaba muriendo. La verdad que puso de manifiesto la conversación con Bashar fue que quien dirige el país es una familia al completo, de la que Bashar al-Asad es solo una parte. La gente en Homs dice que el verdadero líder es la madre de Bashar, que tiene un amplio bagaje adquirido durante el tiempo que pasó con Hafez al-Asad.

También le pregunté por la razón de que se hubieran enviado más de doscientos tanques a Baba Amro que solo habían causado destrucción. Me dijo: “Hay bandas armadas”, a lo que le respondí: “Lo hemos oído igual que ustedes, pero ¿han logrado ya detenerles?” Dijo: “Se han escapado, cuando el ejército es enviado hacia algún lugar, se escapan”.

¿Cuál es el resumen de los encuentros después de estas largas rondas de conversaciones?
El resumen es que el presidente no quiere de nosotros más que calmemos la calle, una calle que no se calma a pesar de los asesinatos y las matanzas. Nosotros le decíamos que la calle no es de nuestra propiedad, sino suya, así que si castiga a quien comete errores o actúa de forma negativa, la calle se volverá sola a su cauce.

¿Por qué ha salido de Homs ahora?
Salí porque las amenazas del régimen me tocaron de pleno elos agentes de seguridad y los shabbiha me amenazaron de muerte y secuestro. Intentaron ejercer presión sobre mí después de emitirse una entrevista con un joven al que conozco en el canal Al-Duniya en la que decía que él formaba parte de las bandas armadas. Un coronel intentó presionarme con ello en el palacio presidencial, a sabiendas de que la persona que había aparecido en televisión está incapacitado y tiene un fuerte golpe en la pierna que le impide usa armas.

Este general me pidió que emitiera una fetua en la que calificase de pecado las manifestaciones y el hecho de enfrentarse al gobierno, condenando así lo que hacían los revolucionarios en Homs o que me enfrentaría a la cárcel. Recogí mis cosas y me presenté en una de las sedes de los servicios de seguridad, donde encontré cámaras de los canales Al-Duniya y Siria TV esperándome. No les gustó lo que dije. Entonces, pedí que me dieran dos días para organizarme de nuevo, pero, gracias a dios, pude salir de Siria.

¿Cómo dejó Homs?
No puedo describir lo que sufre la ciudad más que diciendo que se trata de una catástrofe humanitaria, más del 70% de sus habitantes están desplazados dentro de la misma ciudad o han salido a otras ciudades. Cada día que el mundo tarda en intervenir[5] aumenta la catástrofe y la desgracia.

[1] Equivalente al púlpito de las iglesias, es el lugar desde donde el imam da el sermón y dirige la oración.
[2] Servicios de inteligencia.
[3] Una serie de sucesos violentos sacudieron Siria entre 1976 y 1982, culminando con la conocida como Masacre de Hama de febrero de 1982.
[4] Uno de los llamados “ulemas del poder”.
[5] No especifica el tipo de intervención.