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domingo, 30 de septiembre de 2012

La responsabilidad de la infiltración de "Al-Qaeda" recae en el régimen, Turquía y el mundo



Texto original: Al-Hayat

Autor: Hazim Amin

Fecha: 30/09/2012

Antes de la traducción incluímos la traducción de la actualización de estado de Facebook de la activista Khawla Dunia porque va que ni pintada con el tema: 

"La revolución es una mujer,
guapa, guapa.
Todos quieren violarla.
todos quieren arrodillarla,
el emir quiere secuestrarla. 
el shabbih humillarla
e incluso el sheij quiere disfrutar con ella".

A continuación, el texto:

"Tengan cuidado con los objetos olvidados"
(Maleta: Siria)



Hace unas pocas semanas, el ejército regular sirio logró en la zona rural de Idleb detener a un grupo de miembros del las brigadas “Libres de Damasco”, un grupo salafista, en transformación en Siria. Después de esto, el responsable de los “Libres”, como la gente los llama, decidió secuestrar a un hombre que estaba relacionado con el régimen sirio, que vivía en una de los pueblos de los alrededores de Idleb para intercambiarlo por los miembros detenidos de su organización. Se dirigió con unos cuantos hombres a la casa e irrumpieron en ella. El hombre no estaba en ese momento en casa, pero sí su mujer, sus hijas y sus hijos. Entre sus hijas, había una cuyo marido había muerto hacía apenas unos días y aún seguía, como dice la gente de la zona, en su “mes de luto”, ese tiempo que empieza a contar desde la muerte del marido y en el cual la mujer tiene prohibido ver a hombres extraños.

Los hombres del pueblo no iban a permitir que un grupo de extraños irrumpieran en una de sus casas en la que había además una mujer “de luto”, así que se dispusieron a enfrentarse al grupo salafista de “Libres de Damasco” por haber violado lo dispuesto por la Ley celestial. Los miembros de los “Libres” fueron salieron escaldados del pueblo y en esta operación de protección de la casa participaron grupos del “Ejército Sirio Libre”, hijos de la zona. Este suceso se reflejó negativamente en el grupo, lo que les obligó a anunciar la separación del grupo de todos los que habían intentado irrumpir en la casa.

En este hecho, hay muchos elementos que explican la relación de los sirios con los grupos salafistas y el salafismo yihadista, tanto combatiente como takfirí, que han aumentado sus llegadas a Siria aprovechando el gran vacío dejado por el régimen, a propósito en muchas ocasiones y por debilidad y obligación en otras.
Sí, el salafismo yihadista que viene a las zonas rurales del norte de Siria se ha enfrentado y enfrenta con la identidad religiosa de los habitantes allí y Al-Qaeda violará el islam de los habitantes de la zona antes de violar cualquier otra cosa, puesto que a la vida en esta zona no le falta una concentración de ritos religiosos como para que les venga un ejemplo y modelo. Eran musulmanes antes de que naciera Al-Qaeda, y son musulmanes practicantes que no están a la espera de que vengan los extraños para añadir a su islam más “compromiso”.

En la atmósfera rural siria hay muchas razones para combatir a Al-Qaeda, pues esta última ha venido para “vender agua en el barrio de los aguadores”, y no le queda más mercancía, si le quitamos la dimensión ritual, que las armas, la violencia, las fetuas de asesinato y la usurpación de la vida de la gente y sus formas de vida.

Eso es a lo que se enfrentarán los habitantes sin ninguna duda, pues el sentimiento de “ocupación” por parte de extraños ha comenzado a notarse. ¿No mató el Ejército Sirio Libre en Homs al libanés Walid Al-Bustani que llamó infieles a los sheijs de la ciudad?

Eso mismo sucedió en la provincia iraquí de Al-Anbar, pues allí los habitantes y las tribus (Al-Sahwat) se encargaron de echar a Al-Qaeda después de que esta usurpara sus vidas y ocupara el lugar de sus tribus.
En las dos últimas semanas, el nivel de advertencia sobre “Al-Qaeda” en Siria ha aumentado. Un canal francés emitió una película sobre Alepo en la que decía que cerca de 800 combatientes ilegales no sirios combatían allí, y el periódico The Guardian publicó un reportaje sobre Al-Qaeda en las zonas rurales de Alepo e Idleb. El ex presidente del Consejo Nacional Sirio, Burhan Ghalioun, lanzó una advertencia en la que hizo alusión al inicio del nacimiento del fenómeno de la “yihad mundial” en el norte de Siria y Damasco.

No obstante, las palabras sobre Al-Qaeda suelen ir dirigidas con cierta duda hacia la revolución, no al régimen, mientras parece claro que este hace grandes esfuerzos para abrir camino a estos grupos takfiríes de forma que ocupen el lugar de la revolución. La responsabilidad que recae en la revolución al aceptarlo no excluye su falta de experiencia y astucia. Así pues, el ejército regular ha ofrecido un ejemplo de retiradas dudosas de muchas zonas rurales sirias con el objetivo de abrir paso a estos grupos que a su vez le facilitan el llevar a cabo bombardeos contra los habitantes con el pretexto de su presencia. Del mismo modo, la infiltración de miembros extranjeros en muchas zonas sucede bajo la mirada del régimen. La gran experiencia que el régimen adquirió gracias a las relaciones con los grupos takfiríes en Iraq y Líbano, la aprovecha hoy en Siria.

Zonas fuera del control bajo una concisa supervisión securitaria, repliegues dudosos de las carreteras y caminos que Al-Qaeda suele transitar, una vigilancia que depende de las circunstancias y la función... ¿No es exactamente lo que sucedió con el grupo “Fath al-Islam” en el campamento de Nahr al-Bared en el norte de Líbano? ¿No eran las zonas fronterizas entre Iraq y Siria en la zona de Bu Kamal escenario de este tipo de danza sangrienta?

“Los yihadistas takfiríes” que vienen a Siria gracias a las facilidades del régimen y al desentendimiento internacional y regional en lo referente a los sirios chocan con la atmósfera local, y los signos de enfrentamiento comenzaron a aparecer muy pronto. Se han establecido algunas relaciones entre ellos y los márgenes más débiles de la sociedad rural en el norte de Siria, pues en muchos municipios y pueblos han aprovechado a los jóvenes que han sufrido crisis familiares, regionales y personales. Esa fue la mecha de la única relación que han construido con las sociedades de los pueblos y municipios de la frontera con Turquía. También se aprovecharon de los jóvenes que habían tenido relación con ellos en Iraq debido a que el régimen facilitó la infiltración de jóvenes sirios hacia la región de Anbar (entre 2003 y 2007).

La revolución siria es la matriz de las sociedades locales, y no su margen. A las manifestaciones, las ciudades y pueblos la gente manda sus caras, sus aprendices y sus niños, mientras el salafismo yihadista viene de las zonas marginales y no de sus centros y plazas. Las brigadas del Ejército Sirio Libre llamadas con los nombres de las víctimas del pueblo y de sus familias y zonas tienen sus cuarteles en medio del pueblo y en sus plazas, mientras que los miembros de “Jabhat al-Nusra” y las brigadas de los “Libres de Damasco” eligen zonas apartadas y sus miembros locales no son más que el 3% del total de sus  combatientes.

Así, los extranjeros y los no sirios son la base del fenómeno de “Al-Qaeda” y esa es una realidad de la que es consciente la gran vecina, Turquía, que vigila desde detrás de las fronteras y desde ellas lo que sucede en Siria. El aluvión de los márgenes hacia el centro se está produciendo hoy según afirman muchos (en Saraqeb, el número de combatientes extranjeros no pasaba de diez hace unos dos meses, hoy son cerca de veinte según los activistas locales).

La tardanza en salvar a los sirios ampliará el círculo de responsabilidades de que estos takfiríes encuentren nuevos focos. Turquía y los países árabes no estarán lejos de “la sangrienta yihad”. Los sirios solos son los que luchan contra ellos, Los sirios solos son los que verán sus vidas y seguridad violadas por parte de aquellos después de que las violara el régimen.

sábado, 29 de septiembre de 2012

La situación de la oposición siria desde el inicio de la revolución



Texto original: Al-Jazeera

Autor: Salama Kayleh

Fecha: 26/09/2012


Algo que puede decirse es que la revolución siria sufre de la ausencia de una acción política como resultado de la ausencia de partidos que tengan conciencia del significado de la política y la lucha política, que es una necesidad en toda revolución. La oposición siria estaba al margen de los hechos desde el inicio y todas sus políticas posteriores la han dejado en el mismo sitio. Ahora mismo, bien sigue apostando por una marcha atrás hacia la reforma por parte de las autoridades, basándose en distintas formas de presión (y por ello se prepara para la conferencia de la oposición siria), o bien sigue viviendo la ilusión de la “intervención exterior” y se centra en la comunicación con los “países occidentales”, trabajando por la construcción de un “gobierno de transición”. La revolución, por su parte, sigue viviendo sus problemas y construye su camino propio.

La oposición siria no esperaba que se produjera una revolución en Siria, pues sus imagen del pueblo era negativa. No eran conscientes de una realidad, que es económica y de subsistencia en primer lugar. Siguieron en cambio trabajando en el “nivel político”; es decir, en su lucha contra el poder, o hablando del “imperialismo”, y su valoración era básicamente resultado de la larga represión a la que estuvo expuesta y su percepción de la gran capacidad de represión de las autoridades, una represión que la debilitó mucho en décadas anteriores. Es decir, las autoridades son tan fuertes que no podemos derrotarlas y que el equilibrio de fuerzas está muy desviado hacia sus intereses.

Así, esta estimación dominó la percepción que se tenía de la fuerza de las autoridades y la “fuerza de la oposición”; es decir, sin meter al pueblo en este equilibrio de fuerzas, partiendo de que es “apolítico”, y por tanto, inútil (y se le daban peores calificativos, como retrasado, rendido, subyugado). Esto suponía ignorar al pueblo y por consiguiente, considerar que no está en una situación que pueda conducir a una revolución. En concreto las transformaciones económicas desde 2000 no se percibían, o bien había un gran sector de la oposición unida por la tendencia reformista al joven presidente “que quiere cambiar la estructura del poder”. O sea, se centraban en lograr una “reforma política” acompañada de la liberalización como configuración orgánica. Esto es lo que ha hecho a esta oposición obviar la liberalización económica y aferrarse solo a la exigencia de reformas políticas. Esta liberación económica es lo que fundamentó el aumento de la congestión social y preparó la revolución.

Tal vez los jóvenes que se formaron en la etapa llamada “primavera de Damasco” [1] sean los mismos que pensaron que Siria podía caminar por la senda de las revoluciones en Túnez, Egipto, Libia, Bahréin y Yemen, y comenzaron sus intentos de movilizar al pueblo. Eran jóvenes sin lazos, en su mayoría, con las fuerzas de la oposición o que los cortaron durante la revolución. Esta situación de la oposición ha hecho que todas sus actividades, una vez comenzada la revolución, se centraran en las “soluciones” y “la etapa posterior”, partiendo de que ellos serán los que llegarían al poder “objetivamente”, por ser “luchadores históricos” o ser los que se han sacrificado “durante largas décadas”, o incluso porque es algo “natural” que ellos sean los elegidos, partiendo de una “convicción propia”. Y a esta oposición se le han unido “pilas” de gente que no luchó ni jugó ningún papel en el pasado y muchos “reformistas”. Esos están interesados solo en el “nuevo” poder y su papel en él, no en lo que pasa sobre el terreno.

Por tanto, puede decirse que hay una brecha entre el pueblo y la oposición, del mismo modo que hay “sueños” diferentes. Y ello es lo que ha puesto las bases para que la revolución camine por una senda y la oposición, en su variedad, por otra que no tiene nada que ver con el curso de la revolución (y de hecho ha sido una carga para ella).

La revolución necesitaba fuerzas políticas que le dieran ideas y experiencia para materializar sus objetivos de forma clara (es decir, de forma política), desarrollar la conciencia de los jóvenes que no conocían la política y se encontraron en el centro de la política tras entrar por la puerta grande (la puerta de la revolución), y ofrecerles lemas expresivos de su realidad y políticas que permitiesen un desarrollo real de sus actividades. Por tanto, se esperaba que la oposición se implicara en la revolución en el sentido práctico (es decir, en la práctica diaria), pues la revolución no es “impulsiva” ni espontánea. Su estallido imponía la necesidad imperiosa de organizarse y unirse. Y ello es parte de la acción de las fuerzas políticas con conciencia, experiencia, visión y estrategia de cambio, y no las que solo tienen un “programa de exigencias”.

Pero la “estrategia” de la oposición tras el estallido de la revolución se ha tomado como un producto histórico, con su visión de la situación desde su prisma “político” (que, como indicamos, está relacionado con la visión del nivel político y no la totalidad de la sociedad), manteniendo su sensación de la “barbarie del poder” y “la incapacidad” propia de derrocarlo, que es lo que gobierna todas sus políticas y determina su estrategia. Esto se debe a que su visión del pueblo no ha cambiado a pesar de la fuerza y apogeo que ven sobre el terreno. Es decir que no confiaban y aún no confían en que este pueblo puede vencer. Por ello, la revolución se ha convertido en una oportunidad, una oportunidad en todos los sentidos de la palabra.

Una oportunidad para que los “hombres del poder” se despierten y se convenzan del discurso de la oposición que exige reformas por medio de la “transición a un Estado democrático” y por tanto, que lleven a cabo un proceso de “traspaso pacífico y seguro de poder”. O una oportunidad también para que los Estados imperialistas (o lo que antes una parte de la oposición llamaba Occidente) intervengan para derrocar al régimen, en su convicción de que este tipo de regímenes “nacionalistas” (como Iraq y después Libia) no caen más que por medio de una intervención exterior.

Tras tres meses de revolución se conformó el Comité de Coordinación de las Fuerzas del Cambio Nacional Democrático, pero los partidos y personas que lo conformaban en vez de ver el gran cambio que había acontecido y que les debería haber hecho dudar de toda lógica que los dominaba en lo referente a la mirada hacia el “pueblo”, la idea de que está fuera de la ecuación de la lucha (ya lo hemos señalado), partieron de la misma valoración y la misma ecuación: diferencia del equilibrio de fuerzas entre la oposición y el pueblo y el hecho de que el régimen no caerá.

Por ello, repitieron las reformas que toda la oposición llevaba pidiendo una década (es decir, desde la primavera de Damasco). Y puesto que el pueblo había elevado sus objetivos hasta el nivel del derrocamiento del régimen, toda visión por debajo de ello cae por su propio peso. Ello impuso la marginación del Comité desde el principio, y la apertura del horizonte para el traslado del centro de la oposición al exterior, donde las fuerzas que habitaban en ese exterior se preparaban para el momento del fracaso de la oposición interior en su intento de recoger “el pulso de la calle” para “pujar” y vencer.

Ciertamente, el Comité de Coordinación no recibió la aceptación popular, aunque los cuadros de algunos de sus grupos (Partido de la Unión Socialista) habían participado desde el principio en la revolución, y estaban en la base de la movilización de varias zonas (lo que llevó a que muchos de esos cuadros se desligasen del partido después). Así, pasó a correr jadeante tras los hechos, e intentar elevar el techo de sus lemas sin cortar con su idea de solución, lo que la llevó a lanzarse tras la iniciativa de la Liga Árabe, y después tras el papel ruso que parecía que buscaba una solución, y después tras la iniciativa de Kofi Annan, y finalmente de Lajdar Ibrahimi.

Y cuando llegó al punto de que tuvo que negarse a aceptar al gobierno actual y tratar “la etapa post-Bashar”, siguió basándose en las mediaciones para ello. Después volvió para poner esta cuestión en el contexto del “diálogo para la transición del poder” o “el diálogo con miembros del poder”. Es decir, negociar con el poder para organizar el proceso de transición. Esto hacía dudar de su discurso, pues no cortaba con el poder, especialmente después de que algunos miembros comenzaran a centrarse en la “crítica” de la militarización, el Ejército Sirio Libre y “las bandas armadas”, y después de que comenzara a mostrarse como una tercera parte entre el pueblo y el poder (con la iniciativa del alto el fuego en la fiesta de fin de Ramadan, por ejemplo).

Por el contrario, la oposición en el exterior (los Hermanos Musulmanes, los liberales, que se organizaron apresuradamente, y otros) se preparaban para ser ellos la oposición. La cuestión comenzó con la celebración de conferencias (Antakya, Estambul, Bruselas y otras) que intentaban incluir a distintas partes y contaban con la participación de los activistas del interior, tanto los que se habían visto obligados a huir, como los que participaron desde dentro. En aquel momento se filtraron la idea de crear un “Consejo Nacional de Transición” y la llamada a la intervención exterior.

Rápidamente, tras cuatro meses, se creó el “Consejo Nacional Sirio”, cuando las condiciones de la revolución permitieron que encontrara un eco nada desdeñable en la calle revolucionaria, y acabó convertido en el representante “único y legal” de la revolución. Pero esto no duró mucho, pues fue rechazado por el Comité de Coordinación y peor aún, fue rechazado por los “escándalos” que lo acompañaron, tanto en declaraciones como en extravagancia, o en la división y luchas internas. Pero fundamentalmente fue rechazado por no haber sido consciente de los problemas de la revolución y, cuando el pueblo cayó en la ilusión de que la solución era una intervención exterior por medio de la imposición de un “bloqueo aéreo”, esto no se produjo, y quedó claro que no había posibilidad de que se produjera.

También quedó claro que el Consejo trabaja como un “Ministerio de Exteriores” cuya misión es convencer a “Occidente” de la necesidad de una intervención exterior (hablando del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas o pidiendo el bloqueo aéreo que es en realidad una guerra militar) y de que él sea el único representante del pueblo sirio. A pesar de la claridad “cegadora” de la ausencia de toda posibilidad de intervención exterior, que se ha repetido en las declaraciones de muchos presidentes y responsables occidentales (Obama y Clinton, Hague, Merkel, y el Secretario General de la OTAN) la estrategia que ha dirigido los movimientos del Consejo ha sido esa: la intervención exterior.

Y por eso, la revolución se convirtió en el discurso del Consejo en una tragedia, en una masacre y en zonas destrozadas. Y el llanto, la mendicidad y el arrepentimiento se convirtieron en el “discurso oficial”, sin darse cuenta de que lo que sucede es una revolución a pesar del salvajismo sanguinario del régimen y de toda la destrucción, pues el objetivo de de este discurso es mendigar una intervención, ya que es la única manera de que ellos lleguen al poder o eso creen, pues no confían en el pueblo ni ven que el devenir de la lucha pueda llevarlos al poder al estilo egipcio o tunecino.

Así, no solo lo que ha ofrecido esta oposición no es útil para la revolución, sino que ha ofrecido lo que le ha supuesto un debilitamiento, pues afirmaba todo lo que decía el régimen en sus discursos, que se entraron (consciente y planificadamente) en el carácter fundamentalista de la revolución y el nacionalismo y su papel antiimperialista. Todo ello mientras el llamamiento a la intervención exterior asustaba a varios sectores sociales (pero especialmente a los cristianos) como resultado de la conciencia que tenían los sirios de los peligros de la ocupación estadounidense de Iraq y de que ello se reflejara en un estallido de las luchas sectarias y los asesinatos sectarios.

Por ello, el miedo provocado por cada llamamiento a la intervención exterior era enorme y ello supuso que algunos sectores sociales no participaran en la revolución o  que se unieran tardíamente. Del mismo modo, el centrarse en la “islamización” y después el dominar los medios de la revolución y teñirla de su tinte fundamentalista reproduce el pasado (los sucesos de 1980-1982) para mostrar que lo que sucede llevará a la hegemonía de los islamistas en el poder, y por tanto, a una reacción concretamente contra los alauíes. El dominio de los islamistas por medio de las elecciones en Túnez y Egipto reafirmó ese miedo.

Pero ese miedo se ha extendido a muchos “nacionalistas”, a laicos y a la izquierda, y es algo que les ha hecho dudar y no integrarse en la revolución o incluso ponerse de parte del poder, no por amor a él sino por miedo a la alternativa. Por ello, la oposición ha sido una carga para la revolución.

[1] Período que comprende algunos meses entre 2000 y 2001 posteriores a la llegada de Bashar al-Asad al poder en el que se abrió levemente la veda de las libertades, para después volver a cerrarse. En ese tiempo, florecieron los clubes sociales y círculos intelectuales.

martes, 25 de septiembre de 2012

La cabeza de Fátima

Texto original: Blog de Ziad Majed

Autor: Ziad Majed 

Fecha:  25/09/2012 


 


Es difícil imaginar lo que le pasó a Fátima[1], y es difícil describir el silencio que se tragó las voces de los que vieron su muerte. Creo que las obras artísticas en Facebook que le devolvían su cabeza,  dibujándola como un jardín de flores, una luna o un sol, intentaban compensar este terrorífico silencio y aligerárselo a Fátima, a los que la querían y a todos nosotros. 

¿Qué puedes hacerle a una niña que ha “perdido su cabeza”? ¿Qué puedes decirle a una niñita que se tumbó en el suelo con su vestido y los brazos abiertos en cruz y cuyos pequeños hombros chorreantes se pegaron directamente a la pared?

Fátima Meghlaj no comprendió lo que le había pasado. De pronto, perdió su cabeza. De pronto perdió la capacidad de soñar y de concentrarse. Quiso sentir la sequedad en su garganta para pedir agua, pero no pudo. Quiso llamar a su padre o a su madre, pero no encontró su lengua ni la imagen de sus padres en su memoria. Intentó mirar a su alrededor para tranquilizarse sabiendo que iba a dormir en un sitio conocido, mientras esperaba que esa extraña sensación de vacío que la invadía se pasara. Pero no encontró sus ojos dispersados, ni los párpados, ni las pestañas esparcidas por la fría habitación. Ni siquiera encontró el mechón de pelo que su madre le había cortado para prepararla para la boda de su tía esa misma noche 

De Basel Abu Hamid

La cabeza de Fátima voló. 
No fue cortada como un surrealista lo habría hecho.
La arrancó un proyectil y no le dejó tiempo para despedirse de su dueña, para disculparse por llevarse sus palabras, sus canciones, sus sonrisas, sus lágrimas y su sueño con ella.

Fátima se rindió a la pérdida, a la muerte de su imaginación y al final de sus espera por los regalos y por la mochila del colegio. Supo que no podía hablar, ni hacer, ni desear tras la marcha de la cabeza, tras quedar el cuerpo huérfano, esclavo, esperando el calor del suelo.

-2-

Al dictador le gustan las personas sin cabeza.
Le gustan sin voz, ni sueños, ni proyectos. Los ve como meras manos que aplauden, preparados para matar por él. Meros pies que caminan tras él y después hacia su muerte

Al dictador le gustan los niños sin cabeza, pues en sus cabezas las ideas no tienen miedo ni las palabras se suicidan. La cabeza de Fátima estaba abarrotada de colores y risas, y la arrancó. 

-3-

Los silenciosos ante el arrancamiento de la cabeza de Fátima deben sentir sus cabezas a diario y las de sus hijos. Deben recordar que un cabello castaño, unos dientes blancos y unos ojos que buscaban la diversión se derritieron y no dejaron al fresco y pequeño cuerpo recogerlos y recuperar con ellos su frescura. 

Fátima es una niña que resume la tragedia siria hoy. Y su muerte de cabeza ausente es la misma muerte que sufren decenas de sirios y sirias a diario ante los ojos del mundo. Ante los reaccionarios, los cómplices, los dudosos y los impotentes.

La muerte de Fátima es una posibilidad que persigue a miles de nuestros cohortes en Siria. No tienen cura ni escapatoria del silencio eterno si su país no se aferra a la libertad que se parece a sus esperanzas, sus letras y sus preguntas. No hay salvación si este régimen no cae y si no se recupera un poco de la justicia suspendida en Siria y en el mundo que fija su mirada en ella desde hace décadas y meses. Solo entonces, el estallido que arrancó una cabeza en un municipio de Siria se convertirá en un lejano recuerdo que no parezca una posibilidad y no amenace las almas de los hermanos y hermanas de Fátima. Solo entonces la muerte de Fátima se convertirá en una historia que contar con cariño sobre una niña que redimió el futuro de los niños de nuestro país con su cabeza.

[1] Fátima Meghlaj es una niña siria que murió en el municipio de Kafar Ubeid (en la zona de Jebel al-Zawiya) en un bombardeo con aviones de guerra. Los vídeos y fotos mostraban un cuerpo tirado en el suelo con la cabeza arrancada. (Nota del autor)