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jueves, 28 de marzo de 2013

Sin ambajes

Este es el mensaje que llega desde Salamiyah

 
"¿Quién ha dicho que el mundo está dividido?
Al contrario, el mundo está unido en su intento de hacer fracasar las revoluciones
(Agrupación del latido de la ciudad de Salamiyah,
25/03/2013)"




lunes, 25 de marzo de 2013

Comunicado de opositores alauíes reunidos en El Cairo


 "Nosotros los alauíes somos parte de Siria,
no parte dela familia Asad 
(Plaza de los mártires de Al-Houla, 13/10/2012) "

"Un grupo de opositores sirios de origen alauí hicieron un llamamiento para celebrar una conferencia en estas condiciones excepcionales por las que está pasando la revolución de nuestro pueblo en nuestra querida patria siria y en la reunión de El Cairo el sábado 23/03/2013 se elaboró el siguiente comunicado:

1- La revolución siria es la revolución de todos los sectores del pueblo contra la dictadura, el despotismo y la corrupción, nada más y nada menos.

2- El régimen sirio no tiene otra identidad que la identidad del despotismo, el pillaje y la destrucción, y asimilar el régimen gobernante con la secta alauí es un error político y ético letal, pues el régimen sirio no es el régimen de la secta alauí y nunca ha estado a su servicio. Al contrario, la secta alauí ha sido –y sigue siendo- rehén del régimen. Una de las misiones de la revolución siria, en el contexto de la reconstrucción de la identidad nacional, es la liberación de la secta alauí de la prisión del régimen gobernante.

3- La valentía y la responsabilidad histórica nos exigen hoy que digamos a nuestra gente y familiares que su futuro y seguridad están del lado del pueblo sirio en su revolución y que rechazamos tajantemente los intentos del régimen de secuestrar a la secta y ponerla en confrontación con sus hermanos de otros grupos del pueblo sirio. Además, hemos de decirles que consideramos al régimen responsable absoluto de todas las muertes en el seno de la secta alauí.

4- Lo que se pide no es solo derrocar al régimen, sino desintegrar la estructura que el régimen totalitario erigió, y el establecimiento de un Estado de la ciudadanía y la Ley.

5- Los crímenes cometidos por el régimen sirio son una vergüenza no solo para él sino para toda la Humanidad y su historia, y nos exige como seres humanos en primer lugar y como sirios después el no contentarnos más que con el enjuiciamiento de sus crímenes en un juicio histórico, crímenes que se encuentran entre los más atroces conocidos por la Humanidad. E insistimos aquí en la necesidad de que rindan cuentas todos los que se han implicado conscientemente en el derramamiento de la sangre de los inocentes sirios, sometiéndose a tribunales legales y justos a los que habrán de presentarse dichos implicados, sean de la secta alauí o de cualquier otra.

6- El régimen sirio miente cuando dice que protege a las minorías –especialmente a la alauí-, una mentira esta con la que quiere atemorizar a los sirios ante el potencial e inminente extremismo islámico, según dice el régimen. También quiere con ello dar una imagen errónea al mundo de que está luchando contra grupos takfiríes y que es el protector de la guerra contra el terrorismo.

7- Los conferenciantes comprenden la necesidad de que se den garantías a todos los sectores del pueblo sirio y ello debido a la especificidad de la coyuntura de tensión sectaria que está viviendo la revolución y que empuja hacia la escisión (fitna) contra los demás grupos (sociales). Pero el principio general en el que creemos en el futuro Estado sirio es que no haya ni garantías ni protección para nadie en Siria más que lo que ofrezca el pueblo sirio mismo. No habrá protector ni guardián para ningún sirio más que el propio pueblo sirio, y todas las pretensiones de protección y garantías expresan, en su fuero interno, puntos de partida sectarios que se contradicen con el principio de ciudadanía.

8- La revolución siria comenzó para instaurar un régimen democrático y establecer un Estado de la ciudadanía, y todos los que intentan desviarla de su objetivo principal vistiéndola de lucha sectaria o confesional es partícipe en el derramamiento de la sangre siria.

9- Llamamos a todos los que apoyan a este régimen, sea cual sea su adscripción, a que abandonen inmediatamente a este régimen que mata a vuestros hermanos y amenaza el presente y el futuro de su país, y a que dirijan todos sus esfuerzos a derrocar a esta mafia que empuja a Siria hacia lo desconocido. También llamamos a todos los sectores silenciosos a salir de su silencio y asumir su responsabilidad nacional histórica uniéndose a las filas de la revolución.

10- Nos dirigimos a nuestros hermanos en el ejército sirio, con especial mención a los hijos de nuestra secta, para que no levanten las armas contra su pueblo y se nieguen a alistarse en un ejército en el que el régimen quiere meteros para que matéis a vuestros hermanos sirios. También insistimos a las fuerzas de la revolución que asuman su responsabilidad ofreciendo todos los medios para ayudarles a romper sus lazos con el régimen.

11- No obviamos los errores que se han cometido en nombre de la revolución, sea por parte de las fuerzas armadas o los grupos takfiríes extremistas, ni apoyaremos con nuestro silencio aquello que distorsiones la revolución, pero vemos que el régimen es el principal generador de dichas deformaciones de forma directa o indirecta, ya sea ahora o en los años de su largo gobierno.

12- Cualquier intento de dividir Siria por parte de fuerzas internas o externas será considerado una traición a la patria, la historia y las generaciones, y todos como sirios debemos luchar contra ello, rechazando todo sistema de cuotas, pues Siria será un estado único para todos sus hijos.

Hoy en El Cairo elevamos nuestras voces para decir: Todos somos sirios y pertenecemos a uno de los más antiguos pueblos de la tierra, que hizo su revolución por la libertad, la dignidad humana y la justicia, un pueblo que aspira a construir su Estado democrático, civil y moderno en una patria en la que todos tengan cabida, sin separaciones ni discriminaciones por religión, etnia o sexo. De ahí el lema de nuestra conferencia: “Todos somos sirios, juntos hacía una patria para todos”. 

Viva Siria libre y misericordia para los mártires de la patria".

domingo, 24 de marzo de 2013

Comunicado de dimisión del líder de la Coalición Nacional



Comunicado de Ahmad Moaz al-Jatib



En el nombre de Dios el Clemente, el Misericordioso:
 
Paciente y luchador pueblo de Siria, 

Llevamos dos años siendo sacrificados ante la mirada y los oídos del mundo por parte de un régimen salvaje sin precedentes. Muchos han ofrecido su ayuda con un carácter puramente humanitario, y a ellos les damos las gracias. Pero hay una realidad amarga que se traduce en el deseo de domesticar al pueblo sirio y cercar su revolución intentando dominarla. 

Toda la destrucción de la infraestructura del pueblo sirio, la detención de decenas de miles de sus hijos, la emigración forzada de cientos de miles y otras desgracias no han sido suficientes para que se adopte una resolución internacional que permita al pueblo sirio defenderse a sí mismo.

Quien esté dispuesto a obedecer será apoyado, y quien se niegue, se verá sometido al hambre y el bloqueo. No mendigaremos la complacencia de nadie. Aunque se haya tomado la decisión de acabar ejecutarnos como sirios, muramos como queremos nosotros, pues la puerta de la libertad se ha abierto y ya no se cerrará, no solo ante los sirios, sino ante todos los pueblos. 

El régimen ha perdido, con su estupidez, las más preciadas ocasiones para lograr una reconciliación nacional global, y muchas partes internacionales y regionales han intentado arrastrar a la barca siria hacia su orilla. Nuestro mensaje al mundo es que la decisión siria la tomarán los sirios, solo los sirios. 

Prometí a los hijos de nuestro gran pueblo y a Dios que dimitiría si las cosas llegaban a determinadas líneas rojas, y hoy cumplo mi promesa y anuncio mi dimisión de la Coalición Nacional, para poder trabajar con una libertad que no pueden ofrecer las instituciones oficiales. Entendemos los cargos como medios que sirven a nobles objetivos y no como objetivos a los que aspiramos y que hemos de preservar.

Seguiremos nuestro camino con nuestros hermanos que buscan la libertad de nuestro pueblo, y habrá mensajes y entendimientos con todas las partes que compartan nuestro dolor y esperanza.

Solo un poco de paciencia, querido pueblo, la mañana está cerca.

La paz y la misericordia de Dios sea sobre vosotros, 

Ahmad Moaz al-Jatib.

viernes, 22 de marzo de 2013

Siria: dos años de dolor y esperanza



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 18/03/2013

¿La revolución siria comenzó en Damasco o en Daraa? Esta pregunta que tenido ocupados a algunos círculos culturales y mediáticos relacionados con la revolución, parece provocadora, a pesar de su marginalidad. ¿Estalló la mecha en la manifestación que salió de la mezquita de los Omeyas en Damasco el 15 de marzo de 2011 y que atravesó el zoco de Hamidiyeh para ser dispersada con violencia en Al-Hariqa, o comenzó un mes antes de esa fecha cuando tuvo lugar el violento estallido popular en Al-Hariqa al agredir un miembro de los servicios de seguridad a un ciudadano, una situación que provocó que se gritara el lema “Al pueblo sirio no se le humilla”? ¿O quizá comenzó en Daraa, la capital del Hauran, el 18 de marzo, cuando salió la primera gran manifestación en Siria para protestar contra la detención de los niños de Daraa, y en la que murieron dos personas y tras la cual la mecha se extendió por Homs, Hama y el resto de ciudades sirias?

¿Cuál es el papel que tuvo la sentada en la plaza (damascena) del Merje que llevaron a cabo algunos y algunas intelectuales para que se liberara a los detenidos políticos en la creación del ambiente adecuado para que prendiera la revolución?

Estas preguntas parecen una broma intelectual ante el horror que vive el pueblo sirio entre la sangre, la destrucción y las lágrimas, pero también indican dos características que distinguen a la revolución siria. La primera es que estamos ante una de las raras ocasiones en la historia en que una revolución escribe su historia y crea sus medios de información, sus propias imágenes y sus propios iconos. Pues en mitad del “reino del silencio” que cerró el régimen de la república hereditaria al miedo y en medio de la ausencia de medios de expresión, los jóvenes y las jóvenes de la revolución tuvieron que crear ellos mismos su historia y sus medios en su lucha legendaria para recuperar su voz y su libertad. La segunda característica es que lo que parece una divergencia entre dos fechas indica que dos importantes componentes han logrado soltar al gigante de la revolución desde lo profundo de la represión.

El primer componente son los jóvenes activistas y los intelectuales, que salieron de la mezquita de los Omeyas el 15 de marzo, sorprendiéndose a sí mismos primero y a su pueblo en segundo lugar con que el muro del miedo podía romperse y que romperlo no necesitaba más que la voluntad popular que descubrió al ritmo de las revoluciones tunecina y egipcia, que el dictador no se hace dictador más que si encuentra ante sí a un pueblo asustado, y que el momento en que cae el miedo es el inicio de la caída del régimen.

El segundo componente son los niños. Los niños de Daraa, con su inocencia, rompieron el muro cuando escribieron el lema “El pueblo quiere derrocar al régimen” en las paredes de su colegio. En su comportamiento había algo parecido a la profecía de los niños, pues ellos fueron la conciencia de su sociedad inconsciente, conciencia que despertó la consciencia. La irritabilidad del responsable de la seguridad en Daraa, Atif Najib, y su humillación de las familias que pedían que se liberara a sus hijos, no vinieron de la nada. El hijo de la tía materna de Asad hijo se comportó según la tradición del despotismo de la familia gobernante, pero ni él ni el hijo de su tía paterna, el Presidente, estaban preparados para reconocer que nada había cambiado, pues el régimen que inventó la mentira de la eternidad acabó creyéndosela.

Aquí en Daraa, en la tierra negra del  Hauran, estallaron las grandes manifestaciones que incendiaron las llanuras y montes de Siria, pues en la gran manifestación de Daraa el 18 de marzo, cayeron las dos primeras víctimas mortales de la revolución siria, y quedó claro para todos que la revolución del pueblo sirio sería la más difícil y cruenta, porque se enfrentaría a los últimos mamelucos de la era moderna. Mamelucos, que no obtuvieron el honor de la derrota de la invasión exterior como los primeros mamelucos, pero que adoptaron los métodos monárquicos en su represión y pillaje, haciendo de Siria un reinado y apropiándose de ella.

Entre estos dos componentes básicos, queda claro cómo se conformaron los inicios de la revolución siria en dos márgenes: un margen lo creó una parte de los intelectuales, luchadores y activistas que recuperaron con sus posturas y valentía el significado de la cultura en su calidad de conciencia nacional: desde el grito de Riad Turk poco antes del estallido de la revolución sobre la necesidad de derrocar el reino del silencio, a la escritura y elección del exilio y la muerte en los sótanos de la tortura. Ahí, en la escena cultural siria recuperamos a Antun Makdisi, Saad Allah Wannus, Muhammad Maghout, Nizar Qabbani, Omar Amiralay, y el siempre renovador Zakaria Tamer [1], y salieron a la luz las voces de decenas de escritores, cineastas, artistas del arte figurativo y dramaturgos para perfilar la imagen del honor de la cultura siria, y para hacer de las voces que apoyaban al régimen y que miraban con desprecio a la revolución, meros detalles que completaban la escena cultural cuya división era inevitable. Los premios internacionales y árabes ganados por Yassin al-Hajj Saleh, Samar Yazbek, y Razan Zaytouneh no fueron más que un indicio del papel que juegan los intelectuales de Siria en la materialización de la revolución de su pueblo.

El otro margen lo creó la inocencia. Desde el cuerpo mudo de Ghiath Mátar y el deformado por la represión de Hamza al-Jatib, ambos dignos de héroes, han ido naciendo miles de mártires. Del grito de los niños de Daraa y la nobleza de los jóvenes en sus comités nació la revolución siria.

Así se completó el círculo de acción. Esta revolución la creó la conciencia y la puso en marcha la inocencia. Así, las dos fechas son válidas de entrada, a sabiendas de que el inicio también tiene un inicio que quizá no conozcamos, y así ad infinitum. Así decidiremos que es hoy (18 de marzo) la fiesta de la revolución tras su inevitable victoria, pero será una fecha virtual, porque la gran fiesta de la revolución será el día en que el dictador caiga y acabe la pesadilla.

Una revolución que escribe su historia por sí misma porque está sola. Sirios y sirias, estáis solos, solos en el hielo de este mundo mentiroso, solos frente a la connivencia estadounidense e israelí con el régimen, solos ante los excesos de la alianza ruso-iraní y sus pequeños aliados libaneses para apoyar al régimen y luchar a su lado, solos ante el tiempo de la escoria europea que ha creado a partir de la duda una política inamovible, debido a su dependencia de los estadounidenses y su adoración de la prisa israelí, solos frente a los petrodólares y sus derivados integristas que quieren contaminar vuestra revolución con sectarismo con el objetivo de dominar Siria so pretexto de reconstruirla.

Todas estas fuerzas que se reúnen en masa hoy contra vosotros, en mitad de la incapacidad de vuestros líderes en la oposición, buscan convertir Siria en un mercado de la muerte y firmar pactos en la oscuridad, para garantizar los intereses de las fuerzas internacionales y regionales, especialmente que Israel disfrute de otros cuarenta años de tranquilidad en el Golán ocupado.

Quieren contaminar vuestra gloriosa revolución con todos los pecados capitales del despotismo y la mentalidad retrógrada que os rodea, considerando que os rendiréis a ellos, después de que el dictador termine de destruir vuestro bello y maravilloso país.

A pesar de toda la destrucción y el caos, a pesar de los errores y pecados que algunos sectores armados unidos a la revolución han cometido, a pesar de este dolor sin límites -el dolor de la muerte, el dolor de la diáspora-, todas estas fuerzas que se reúnen contra vuestra revolución, no lo lograrán.

Estas fuerzas olvidan o quieren olvidar que quien hizo esta revolución es el pueblo sirio y que la única versión correcta es que es el pueblo quien ha hecho la revolución y la ha ido creando cada día.

Estabais solos en el dolor y lo estaréis en la esperanza que crearéis con vuestra victoria sobre el despotismo que se perfila en el horizonte de los ojos de los niños de Siria que ilumina el Levante y la tierra de los árabes. 

[1] Escritores, cineastas y dramaturgos conocidos en Siria por su crítica velada o no a la dictadura.

jueves, 21 de marzo de 2013

Siria primero, no Palestina



Texto original: Sahafa ghayr mundabita (Prensa sin ordenar)

Autor: Fidaa Itani

Fecha: 11/03/2013






Cuando alguien sujeta en sus manos una brújula y camina hacia donde indica su aguja, en dirección al norte, se somete a ella y le entrega el liderazgo, dejando su voluntad libre hasta otro momento, un momento que se espera que termine cuando vea indicios de seguridad y aviste  su tierra. En política, la brújula no es más que una entrega de forma indefinida hacia una orientación cuya corrección siempre puede discutirse, y una sacralización de los instrumentos políticos que nos llevan hasta el estadio de los dioses que dirigen a sus hijos hacia el camino correcto, y a las ideas absolutas sobre cuya corrección no se puede polemizar, sean religiosas, positivistas, marxistas, o nacionalistas fascistas.

En algunos momentos de la lucha que está teniendo lugar en el mundo árabe, se introduce la expresión “pérdida del norte” o bien “no perder el norte”, y el norte aquí es la cuestión palestina, como algunos piensan. Aquellos que son totalmente opuestos (ya sean de talante confesional, de cualquier secta islámica, o laicos de la antigua izquierda derrotada) están de acuerdo en que ese norte es hoy Palestina, pero ¿qué Palestina? ¿Cómo Palestina? ¿Y la gente de Palestina? Son preguntas a las que todos responden con una tan extrema superficialidad que hace reír y llorar, más que provocar un ejercicio de pensamiento.

Mientras, en el país de la revolución continua, en Siria, la situación es diferente, y hay divergencias sobre el tema: no hay revolución en Siria y lo que lo indica son las prácticas de los revolucionarios allí, o la expansión de fuerzas que siguen el pensamiento de la organización internacional de Al-Qaeda y sus métodos. Aquí, los más fieros resistentes adoptan, conservando el norte, el discurso de sus enemigos israelíes y estadounidenses: los takfiríes en Siria son meros terroristas, no tienen ningún pensamiento o visión estratégica, y toda la revolución siria no es más que una expansión del terrorismo, de grupos armados, de ladrones y de mercenarios.

Ahí termina el discurso acordado con Occidente y los israelíes, a lo que los que siguen su brújula sagrada añaden: extraños objetivos tienen esos asesinos a los que seduce el olor de la sangre, y solo vienen a Siria desde los países del Golfo para acabar con la resistencia y el rechazo.

Ese ha sido, sencillamente, el desarrollo del rechazo y la resistencia, que se dirige cada día a liberar Palestina, bajo el mando de un régimen sirio flácido y pobre (y que aumenta el empobrecimiento de su pueblo acumulando riquezas para sus héroes, desde Bashar al-Asad a sus queridos parientes). El régimen escandalosamente burocrático cada día avanzaba en su camino del rechazo y la liberación, y cada día acumulaba un poco más de fuerza (por medio de armas anticuadas, la mayoría de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado), asustando a Israel y a Occidente con su escudo desgastado, y alistando a cientos de miles de jóvenes sirios para someterlos a largos cursos militares en los que se practicaban las artes de destrucción de la voluntad humana, imponiéndose, por medio de la fuerza, la humillación, la debilidad, el hambre y el cansancio, todos los conceptos de obediencia ciega a un liderazgo que simboliza el norte, ese norte, nuevamente, que canturrean los cantores, la brújula que señala a Palestina y la falsa resistencia y el rechazo.

La débil Siria estalló, esa Siria que había vivido durante más de cuarenta años una situación de debilidad y flaqueza, incapaz de entrar en una verdadera guerra, bastándole con batallas marginales para proclamar su ilusoria superioridad militar. Esa Siria que acumuló armas anticuadas y las dejó oxidarse en las calles de Líbano o las posiciones del Golán ha estallado hoy. Ha terminado la era de pretender tener una fuerza que no es cierta. El ex presidente Hafez al-Asad apostó por tener bien atado el interior para negociar sobre el exterior. Intentó sujetar la cuestión palestina por el cuello, y por el cuello de Yasser Arafat. Cuando en 1982 fracasó y Arafat se liberó de él después de asestar un golpe a la estructura principal de la resistencia palestina en Líbano, Hafez al-Asad se puso como meta dividir el liderazgo palestino y crear movimientos equilibrantes, persiguiendo a Abu Ammar de campamento en campamento y de ciudad en ciudad hasta que lo echó de Líbano y redujo su presencia al campamento de Ayn al-Helweh, a donde su mano no llegaba debido a la repartición de las zonas y la influencia entre Asad e Israel.

La débil Siria estalló, ella que se basaba fundamentalmente en su brújula y en una represión terrorífica dominante en todas sus regiones, pueblos y ciudades. Estalló después de que Bashar al-Asad redujera el efecto producido por la zanahoria de las prestaciones públicas y privatizara las comunicaciones y las calles, cuando los precios del combustible comenzaron a subir y cuando empobreció a sus ciudadanos hasta límites insoportables. Y a esa pobreza le añadió todo el escudo del régimen de su padre, una debilidad hasta el punto de la parálisis de quien pretende ser el único que orienta hacia el norte. El país estalló ante los ojos del joven líder Bashar y de sus socios, sin saber que se estaban suicidando al recurrir apresuradamente al modelo de Rafiq Hariri en Líbano.

Siria ha llegado a los setenta mil mártires, o eso es lo que se publica, pues no es difícil suponer que sean tres veces más, mientras muchos siguen hablando del norte, de la conspiración, de pagar dinero a los revolucionarios, y de la organización de Al-Qaeda que quiere matar por matar, a sabiendas de que el régimen de Al-Qaeda en Iraq estaba de acuerdo a medio plazo con las políticas de Arabia Saudí e Irán a un tiempo.

Algunos, y desde sus casas pueden decidir que la revolución son meras palabrejas y que es un intento de paralizar la resistencia y el rechazo sirios, y parecía como si el rechazo sirio fuera a destruir Tel Aviv en unos días, arruinar a EEUU y asestar un golpe al escudo de guerra en Oriente Próximo, cuando el pueblo sirio se levantó contra su régimen recibió 100 dólares (por ejemplo) a cambio de cada alma que paga en la masacre de su larga lucha por su libertad.

Desde esta perspectiva limitada se ve una parte y se generaliza al todo, y asó la revolución siria pasa a ser una mera movilización sectaria, el Frente de Al-Nusra es la única fuerza combatiente en Siria, y los excesos de los revolucionarios (que forman parte del caos extendido y no son meras prácticas individuales) se convierten a ojos de los que llevan la brújula sagrada en una expresión de la naturaleza de esos seres humanos. Y como hemos llegado a tal condena, esos no son auténticos seres humanos y por tanto, el régimen sirio y todos los que luchan en Siria tienen derecho a perseguir a quien quieran, con aviones, misiles balísticos y bombas de racimo y bombardear sus cuevas (ya que no forman parte de la especie humana) con bombas de vacío.

Pero la movilización revolucionaria en Siria es tan complicada como la vida misma, y algunos simplistas intentan catalogarlo bajo parámetros de blanco y negro, olvidando que es una lucha entre un régimen moribundo y las peticiones de un pueblo que vive, y que hay unas fuerzas que ven en ello una ocasión perfecta para hacer realidad sus intereses (que están en consonancia en cierta medida o bien en contraposición total con los intereses de la revolución).

No podemos comprender las posturas de los que van tras la brújula si no es desde su dimensión sectaria, sean de una u otra confesión, pues apoyar al muerto e intentar revivir el cadáver del régimen sirio, aplaudir a la violencia desmedida y las incursiones de los aviones sobre las poblaciones civiles, y asesinar a los ciudadanos con misiles balísticos carentes de precisión en su dirección y efectos, no significa más que estar a favor del asesinato de los que se han levantado y todos los que viven en sus zonas. Ellos son el otro al que se debe exterminar para que las cosas vayan como deben, y volver para atrás, a pesar de que la historia pocas veces retrocede.

Este método retrógrado de pensamiento sobre los miedos sectarios nace de esos que intentan mantener los logros aparentes o que intentan recuperar logros perdidos, y de un tipo de miedo a que el otro ascienda y consiga una parte de los logros de los que disfruta hoy esta parte o aquella. Sobre el terreno, estos miedos se alimentan generalizando el odio hacia el otro, llegando a luchar en su contra. Ese es el espantajo que aparece aquí y allá para facilitar el convencimiento de los ciudadanos libaneses, por ejemplo, de que lo mejor es enfrentarse a los otros en Siria y no esperar a que se extiendan a Líbano.

¿Pero dónde está Palestina en todo esto más allá de ser un lema, una cobertura y una camisa de Uthman [1] del régimen sirio y sus aliados? ¿Dónde está Palestina, cuando al liberarse una parte de la misma, una parte se convierte en una taberna y la otra en un silenciador y el pueblo palestino queda en el interior viviendo una vida de refugiados? ¿Dónde están Palestina y las decisiones de los países que impiden la apertura de frentes aunque sea a modo de recordatorio, mientras el régimen sirio afirma que es el garante de la seguridad de Israel frente a los objetivos de los partidarios de Al-Qaeda y los campesinos?

En Siria, los habitantes pobres de los pueblos se ríen de sí mismos cuando recibieron a los libaneses refugiados en su país en 2006. Ahora consideran que lo que hizo Hezbollah fue una mera maniobra con participación de las fuerzas israelíes, y no quieren creer que fuera una guerra demoledora, y que Hezbollah se esforzó en luchar contra el enemigo. Ven en Hezbollah e Israel dos caras de la misma moneda, y también consideran implícita y explícitamente que su norte (otra vez) es Palestina, y que el régimen sirio es quien más ha perjudicado a la cuestión palestina.

En Libia también los revolucionarios consideraban que Gaddafi había sido quien más había perjudicado a la cuestión palestina y que “el hijo de la judía” (como lo llaman los revolucionarios de Libia) había apoyado todas las divisiones palestinas y las había financiado. En Siria, con total sencillez, afirman que el número de muertos palestinos a manos del régimen sirio son más de los que Israel ha podido matar.

Hoy en Siria, los revolucionarios, los civiles y los activistas, consideran que Hezbollah “no se ha enfrentado a Israel ni una vez”, no por amor al Estado del enemigo, ni porque nacieran odiando a Hezbollah, simplemente porque no pueden imaginar una fuerza enemiga de Israel que pueda posicionarse contra su derecho a la liberación y la libertad. Pues ¿cuál es la lógica de Hezbollah al ponerse de parte del derecho de seis millones de palestinos a liberarse de la ocupación israelí y del apoyo que recibe de Irán, mientras que tanto el partido como el Estado iraní están en contra de los derechos del pueblo sirio, que son 23 millones? Mientras el pueblo palestino vive bajo la ocupación o en campamentos, en una relativa situación de seguridad, el pueblo sirio, desde hace dos largos años vive bajo las bombas, los asesinatos, la emigración forzada, el refugio en los países vecinos y el rechazo del exterior y la prohibición de que les lleguen ayudas suficientes.

La ecuación sagrada de la brújula dice que Palestina es siempre la prioridad, y en su nombre nos ha gobernado más de un dictador, y durante décadas, nos ha impedido pensar, ha empujado a las confesiones unas contra otras, y la gente ha muerto soñando por un día en que nuestros países se liberarían. Hayan muerto los que hayan muerto, y luchen los que luchen, y la vida de desesperanza se levantó para cientos de millones de árabes que languidecían bajo la pobreza, la represión y las metafísicas y sus ilusiones de que ese o aquel era el camino a Palestina, y que asestar un golpe a la resistencia exigía nuestro silencio, y con él, la aceptación de la elección, reelección y re-reelección del señor presidente, o el no rebelarse contra su excelencia el jeque, el emir, el rey, el heredero o el soberano. Todo ello bajo la bandera de Palestina, exactamente como hoy el régimen sirio se yergue bajo la misma bandera mientras sus manos y pies se hunden en la sangre de su pueblo.

Desde el primer día de la revolución siria, el régimen sirio y sus aliados en Líbano han hecho usado su propaganda: esos son terroristas, takfiríes, campesinos ingenuos, vándalos, asesinos, peligrosos hombres armados, ladrones… Así gritaba cada día, y en el interior, el eco de lo que decía se iba haciendo realidad día tras día, en un fenómeno sorprendente, pues en vez de describir el aparato mediático del régimen la realidad, la “predecía”.

Hay quienes no temen a quien ha puesto toda la historia de resistencia de nuestro país a disposición del régimen sirio que se dirige a su final. Hay quien no teme que dirija a su país y a Siria a una guerra sectaria sin fin. Hay quien ve que el uso del lema de Palestina sigue dándole absoluta legitimidad para matar, asesinar y reprimir revoluciones y deformar los sueños de la gente. Hay quien no ve que Palestina es la prioridad siempre, y que Siria lo es hoy, y que perder Damasco será una pérdida para la resistencia en primera instancia, y que la gente de Siria que ha sido reprimida durante mucho tiempo son los que más derecho tienen a la vida, y que Palestina no desaparecerá de sus mentes.

Pero esos intentan hacer curanderismo e hipnosis a la gente, abducidos por el imán mágico de la expresión “la brújula hacia Palestina está en mis manos, seguidla hasta la muerte”.

[1] La camisa del tercer califa, Uthmán, fue expuesta en Damasco cubierta de sangre tras su muerte, para afirmar que había muerto asesinado y convertirse en símbolo de las aspiraciones Omeyas frente a las de Ali, cuarto califa, en torno a cuya figura se construyó el chiismo.