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viernes, 26 de abril de 2013

Sobre las minorías y las mayorías

Texto original: Facebook

Autora: Ahd Zarzour

Fecha: 26/04/2013, viernes de "la protección de la mayoría"


"La página principal de la revolución siria participa junto al régimen en el asesinato de los sirios"
(Libres de Bennish)

"Este viernes ha de llamarse 'Viernes de la protección de la minoría'.
La minoría revolucionaria contra la mayoría partidaria del régimen o neutral,
la minoría moderada contra la mayoría extremista, 
la minoría de la sabduría frente a la mayoría reaccionaria,
la minoría de la razón frente a la mayoría del instinto,
la minoría de la fidelidad frente a la mayoría arribista,
la minoría de la fe frente a la mayoría de la duda, 
la minoría del sacrificio frente a la mayoría de los que aman los puestos.
No sé cuánto me puede importar la mayoría si no nos referimos con ella a la mayoría de mártires, desplazados, afectados y detenidos.
No sé cuánto me puede importar la mayoría si no es revolucionaria principalmente.

En cualquier caso, el mejor nombre es 'Viernes de la protección del pueblo sirio de sí mismo o de la protección del pueblo sirio de la página de la Revolución Siria contra Bashar al-Asad'.

Paz para un pueblo que está siendo bombardeado y no se entera de cuál es el nombre de cada viernes".

El suicidio libanés en Siria



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 22/04/2013 


Al margen del resultado de las luchas que se están librando en la provincia de Homs y en torno a la ciudad de Qusayr, lo que debe señalarse es que los miembros de Hezbollah que luchan junto al régimen sirio y sus shabbiha cometen hoy el mayor error letal de su historia. Y las consecuencias de este fatídico error no solo les alcanzarán a ellos, sino que se extenderán a toda la secta cuya representación monopolizan, y a todo Líbano, porque este será el último y definitivo juego suicida en la historia de los suicidios creada por la estructura sectaria combatiente libanesa durante las cuatro últimas décadas.

He dicho que debe señalarse el error, no he dicho que deba advertirse de él, porque el tiempo de las advertencias parece haber pasado y ya no hay ninguna fuerza moral que pueda influir en la decisión tomada en Teherán, y que Hezbollah ejecuta en colaboración con la Guardia Revolucionaria iraní y las Brigadas Al-Quds.

Es el error letal en el que pensábamos que el pragmatismo de los líderes de Hezbollah no caería, pero parece que la naturaleza vence a al adiestramiento, como dicen los árabes, y que la estructura religioso-sectaria no puede superar su naturaleza estructural, dado que es parte de la segregación socio-política que creó la enfermedad sectaria por una parte, y que su relación con el régimen de la autoridad del jurisconsulto (velayat-e faqih) reduce sus posibilidades. Así se encuentra luchando en Homs y sus alrededores bajo el paraguas de un discurso que nada tiene que ver con el discurso de la resistencia que fabricó su halo simbólico en una etapa previa.

Volvamos a la raíz de la cuestión; es decir, al entrecruce de intereses entre el Irán de Khomeini y la Siria asadiana que asoció la resistencia a la ocupación israelí de Líbano a una sola parte: Hezbollah. Esta asociación y anexión se hizo por medio de la fuerza y la violencia cuando se expulsó a la izquierda laica que fundó la resistencia nacional contra la ocupación antes de la caída de Beirut en 1982. La historia olvidada y velada es testigo de las purgas cruentas a las que se vieron sometidos los comunistas para sacarlos de la ecuación de la resistencia cuya mecha encendieron, purgas que llegaron a su punto álgido con el asesinato de un gran número de líderes de la resistencia y sus cuadros, a cuya cabeza estaban el escritor Hussein Muruwwa y el pensador Mahdi Amil (Hasan Hamdan).

La verdad sea dicha, la expulsión de la izquierda laica de la resistencia supuso un capítulo negro en la historia de Líbano, porque bajó el telón sobre la posibilidad de construir una unidad popular libanesa resistente fuera de la polarización sectaria.

Pero el éxito de la operación no está solo en la represión a la que se han visto sometidos los sirios a manos de Hezbollah y el movimiento Amal, sino a factores propios entre los que destaca el desplome de la estructura soviética por una parte y, por otra, la pérdida de liderazgo del Partido Comunista entre las opciones de la resistencia y la participación en la guerra civil, sobre todo en la sangrienta guerra del monte.

Pero la memoria chií libanesa y árabe tendía a perdonar este pecado debido a la entrega y seriedad que distinguieron a la acción de la resistencia islámica, que lograron la victoria histórica de 2000 al obligar a las fuerzas de la ocupación israelí a retirarse del sur ocupado a las fronteras internacionales de Líbano sin condiciones. Fue este un precedente en la lucha árabe-israelí que debía cambiar las ecuaciones del horizonte de dicha lucha, si no hubiera sido porque Hezbollah cayó en una ecuación interna libanesa de carácter sectario desde la retirada del ejército sirio de Líbano en 2005.

La guerra de julio de 2006 reunía las características para haber devuelto la brújula a su posición natural, pero el eje sirio-iraní decidió que Hezbollah, con su fuerza militar creciente suponía una alternativa a la hegemonía del régimen sirio que se desintegraba, y que podía lograr por medio de esta fuerza que Líbano siguiera a dicho eje.

Los errores acumulados desde 2005 han llevado a Hezbollah a un callejón sin salida, especialmente tras el estallido de la revolución siria, al convertirse en el partido de resistencia contra el pueblo sirio, llegando a reconocer la participación en operaciones de combate dentro de territorio sirio en los alrededores de Damasco y la zona de Homs. Aquí el partido cayó en un error letal, y se convirtió en un factor de aumento de la tensión sectaria en Siria, que al-Asad buscaba lograr desde el comienzo de la revolución siria, y en cuya exacerbación han participado algunas fuerzas armadas en la revolución por medio de un discurso takfirí y fundamentalista. Lo que hoy hace Hezbollah bajo endebles pretextos, como la protección de la resistencia chií en la región de Damasco, o la defensa de los libaneses de secta chií que viven en la zona rural de Homs abre las puertas del infierno y elimina las fronteras de Líbano.

El infierno que comienza hoy no tiene relación alguna con la identidad del vencedor en Siria, pues tras la caída efectiva del régimen dictatorial, las opciones ya no están entre la victoria del régimen y la victoria del pueblo. El régimen no vencerá, no puede vencer. Las opciones ahora son una victoria de la oposición o el encaminarse a una opción divisoria imposible; es decir, la opción de la larga guerra civil.

En ambos casos, la decisión de participar en la lucha en Siria es un suicidio seguro. En caso de que venza la oposición, las heridas creadas por la participación de Hezbollah en los combates no se cerrarán con celeridad. Además, el hecho de que haya borrado las fronteras entre Líbano y Siria significará que el rediseño las mismas será extremadamente difícil, lo que quiere decir que están poniendo las bases para un suicidio libanés colectivo, dadas las posibilidades de que la lucha se traslade a la Bekaa principalmente. En cuanto a la opción de que se llegue a una larga guerra, ello significará que Líbano será uno de sus campos de batalla principales, lo que conllevará la pérdida definitiva por parte de Hezbollah del territorio sobre el que se sostiene.

¿Era este desarrollo inevitable? A pesar de mi falta de que no creo en la determinación histórica, temo que este desarrollo no tiene alternativa. La estructura sectaria puede poseer muchas cualidades, entre las que destaca la fuerza militar, pero no puede poseer una racionalidad que la proteja del suicidio. La resistencia no puede ser propiedad de una secta, independientemente de todos los sacrificios que haya acumulado históricamente: la resistencia al enemigo nacional es una estructura supraconfesional que se apoya en la idea de la defensa de la patria y la unidad popular. Por su parte, la estructura sectaria es una estructura disgregadora que divide a los ciudadanos según su adscripción religiosa, empujándolos así al suicidio.

miércoles, 24 de abril de 2013

Las leyendas sobre los Hermanos Musulmanes y sus enemigos



Texto original: Al-Jumhuriyya

Autor: Karam Nachar

Fecha: 18/04/2013


Los líderes de los Hermanos Musulmanes no se equivocan cuando se enfrentan a la última campaña lanzada contra ellos haciendo gala de una gran dosis de victimismo, pero al mismo tiempo no reconocen responsabilidad alguna en haberse granjeado la enemistad de la opinión pública que apoya a la revolución, y que se ha vuelto con toda su variedad de fuentes de pensamiento, capaz de aceptar todo lo que se diga de la organización. En el lado contrario, los exiliados, con su odio a los Hermanos, ya sean intelectuales o políticos, tienen serias dificultades al hablar de la “hegemonía de los Hermanos” sobre el cuerpo político principal de la revolución, pero tampoco reconocen su responsabilidad en el inicio de ese problema, ni en los giros políticos de su renovada crítica. Y entre uno y otro bando, el resultado es una gran cantidad de leyendas en un tiempo revolucionario en el que se supone que las cosas han de descubrirse y cuestionarse. En vez de poner los cimientos de las tradiciones democráticas que organicen las diferencias entre las fuerzas políticas en competencia, hemos caído en las polémicas de considerar al otro un traidor, polémicas que no solo tienen dimensiones regionales, sino que hacen también que las fuerzas militares del Ejército Sirio Libre (ESL) entren en el ámbito de los comunicados y contra-comunicados.

Puede que el más simple y profundo indicio de lo miserable de la polémica política actual sea su carencia de un mínimo de acuerdo con la realidad, por ejemplo: ¿quiénes son los miembros de los Hermanos Musulmanes y quiénes los representan en la Coalición Nacional? Entre el modesto número de Hermanos y las exageradas valoraciones contrarias se esconde en realidad una imagen mucho más compleja del amplio sector islámico que hasta hoy sigue siendo ambigua en sus características e interrelaciones. Entre ellos, algunos, como Ahmad Ramadán, parecen más una especie de portavoces de los Hermanos Musulmanes, mientras que otros, como el grupo de Imad al-Din al-Rachid, parecen verdaderos competidores de los Hermanos. Mientras de estos dos últimos se difunden las destacadas relaciones de las que disfrutan con actores regionales y brigadas armadas, el resto, como Nayib Gadban o Usama al-Qadi aparecen como académicos independientes, que casan en su pensamiento “islam” y “liberalismo”. Finalmente, con la formación de la Coalición Nacional, ha pasado a primer plano el nombre del hombre de negocios Mustafa Sabbagh y su grupo de representantes de comités locales que también tienen un aura islámico, pero cuyas relaciones con los Hermanos siguen siendo completamente desconocidas.

En realidad el mayor denominador común entre todos ellos no es su relación con los líderes regionales, ni la naturaleza de su orientación islámica, ni la afanosa búsqueda de influencia entre las brigadas y los revolucionarios (todo ello parece cambiante, no solo entre un grupo y otro, sino también entre un mes y otro en el mismo grupo, y según los muchos cambios regionales y sobre el terreno). No, el mayor denominador común es el tipo de  “gnosis” política que se aprecia en los acuerdos partidistas y pactos al margen, que son el contrapunto del discurso público, claro y detallado, y que a los que están fuera de “bastidores” –e incluso algunos que están dentro- les parece una mezcla de ignorancia, alevosía y conspiración. Este tipo de política es natural, sin duda, en un parlamento elegido y cuyos bloques son conocidos, y también en un partido político concreto. Sin embargo, en un cuerpo político representativo, pero no elegido, y en un tiempo en que el deseo de saber, de cuestionar y de criticar al poder estalla, es temerario y provoca reacciones, como las que siguieron a la elección del señor Ghassán Hitto como presidente del gobierno de transición. La ambigüedad de los islamistas del CNS y de la CNFORS en sus relaciones se ha convertido hoy en una carga para ellos, no en un logro, y la política de juegos de mesa que han seguido desde las primeras conferencias de la oposición se ha convertido a ojos de muchos en un anuncio de arribismo, no de valía.

Pero peor que la ambigüedad de los islamistas y sus bastidores es el falso puritanismo que muestran sus enemigos hoy. Frente a la narrativa que habla de un “golpe” dirigido por los Hermanos, merece ser mencionado también el “repliegue” esencial dirigido en primer lugar por las fuerzas que conforman el Comité de Coordinación Nacional, desde que rechazaron ratificar el Acuerdo de Doha a principios del verano de 2011, y en el que participaron tan solo una pequeña muestra de otras agrupaciones políticas. Este repliegue se manifiesta hoy en el discurso del tipo “os lo dijimos”. Nos dijeron, por ejemplo, que la intervención militar extranjera no llegaría, pero la realidad es que lo que nos dijeron fue que “no debe” llegar, y que todos debían rechazarla para que el trabajo común fuera posible. Nos dijeron que el CNS sería  una catapulta para los islamistas y los trepas, pero ¿quiénes rechazaron unirse al CNS en primera instancia y hacer oír su voz por medio del mismo? Nos dijeron que los Hermanos y otros intentarían colarse en las filas de las brigadas armadas, pero, también, ¿quién se ha puesto en contra del ESL desde el inicio y se ha alejado de él? En realidad, y en contraposición a la gnosis de los islamistas y su acción, lejos de los focos, sus enemigos hablan mucho y presentan interesantes análisis, pero dejan pasar en su discurso su propio papel como políticos y observadores… La conspiración de los Hermanos lleva preparada tiempo y no pueden hacer más que escribir sobre ella en los periódicos.

La falsedad de este discurso anti-Hermanos se muestra también por medio de la total falta de atención al coste político real del actual enfrentamiento con los Hermanos, pues cuando muchos hablaban de la competición saudí-catarí antes y después de la elección del gobierno temporal, la más importante lucha sigue siendo en torno a la visión estadounidense, que dice que es necesaria una solución política basada en un gobierno de transición que agrupe al régimen y la oposición. ¿Los enemigos de los Hermanos atacaron al señor Hitto por estar ligado a los islamistas antes mencionados o porque su elección dificulta esta orientación estadounidense? ¿Escucharán los sirios de algunos de sus líderes de la oposición una explicación clara de lo que pasa en las dependencias del embajador Robert Ford, que recientemente ha afirmado que la “negociación” es el único camino para poner fin a la crisis siria? Tal vez entonces y solo entonces desaparezca la última de las leyendas y la opinión pública siria será capaz de adoptar una postura clara de cara a las interminables repulsiones y atracciones de la oposición.

Pero hasta entonces tal vez sea digno de mención en primer lugar que la esperanza de Siria hoy no está más que en entrar de lleno en la batalla contra el salvajismo asadiano hasta el final, y que cualquier solución que perjudique a las brigadas armadas no salvará al país, sino que lo empujará al abismo. Hasta que EEUU sepa qué opción escoger en este sentido, debemos mantener a nuestros amigos regionales, y hemos de llevar a cabo una política perfectamente equilibrada entre ellos. Dicha misión no será fácil ni agradable, y lo más probable es que en la etapa post-Asad suponga una vida política parecida al modelo libanés o al iraquí, donde el pluralismo político viene a cuenta de la soberanía nacional y la posición regional. Ese el coste de la larga dictadura y de la división social, y no tanto el producto de los políticos, y en cualquier caso es menos mala a largo plazo en lo referente a la continuación de la dictadura. Pero la responsabilidad de los políticos sigue siendo mantener un mínimo de transparencia y claridad en su camino. O eso o la opinión pública los nombrará en busca de un único líder salvador... antiguo o moderno.

lunes, 22 de abril de 2013

La dimisión de Moaz al-Jatib



Texto original: Facebook 

Autor: Burhan Ghalioun

Fecha: 21/04/2013


 
Ahmad Moaz al-Jatib es de las personas queridas que entraron en el campo de la política siria en las más difíciles condiciones, y no hay nadie mejor que yo para comprender su deseo de dimitir, un deseo que yo mismo sentí previamente, debido a las intermitentes presiones a las que se enfrenta quien recibe un puesto de responsabilidad en la cuestión siria, sea fuera de la Coalición o especialmente dentro. Un deseo que se debe también a la parálisis que caracteriza la acción de los sirios y que empuja a todo grupo a barrer para casa, sin preocuparse por el interés general y sin ningún espíritu de responsabilidad, por no decir ningún concepto de acción pública; es decir, para el pueblo, la gente y la patria.

Pero lo que no he entendido es el significado del contexto en el que el presidente de la Coalición Nacional presentó su dimisión y la justificación que dio para ello. Que los interesados, y me refiero a los miembros de la Coalición, sepan que no vas a seguir y que deben buscar una alternativa es algo natural, y es así como debe ser, pero que lances tu dimisión ante los países extranjeros, aunque se llamen a sí mismos Amigos de Siria, significa que te comportas como si fueras un empleado en una empresa suya y no quisieras seguir siéndolo. Por ejemplo, presentas tu dimisión porque no han hecho lo que les pediste, como si supusieras que la causa es su causa, y como si sus recortes en tu contra te impidieran seguir.

El presidente de la Coalición no es el representante de los Amigos de Siria ni trabaja a su cuenta y,  porque no fue nombrado por ellos, no les presenta a ellos su dimisión. Su dimisión se la presenta a quienes le eligieron, que son los miembros de la Coalición, que se supone que representan al pueblo sirio, y nadie presenta su dimisión al pueblo sirio porque quienes dicen ser sus amigos no han se han hecho amigos suyos.

La presidencia de la oposición no es un honor ni una celda de oro. Es, al contrario, una gran, importante y cansada responsabilidad y una incesante preocupación. Abandonarla sin una justificación seria es desentenderse del deber y la responsabilidad, imagina si se hace con el pretexto de que la sociedad internacional no complace al presidente. Si esta dimisión fuera correcta, no sería patriótico que ningún nuevo candidato aceptara la presidencia, porque hacerlo sería aceptar de la comunidad internacional lo que Moaz al-Jatib no acepta, y que su patriotismo es dudoso. Y si fuera correcto que nuestra objeción a la débil postura internacional se transformara en nuestra dimisión, todos los miembros de la Coalición deberían hacer lo mismo, aún más, sería un deber nacional disolver la Coalición.

Comprendo que se presente la dimisión en protesta por los compañeros que no trabajan ni colaboran lo suficiente conmigo para lograr las misiones que se nos asignan, pero no entiendo cómo voy a dimitir para protestar por la no satisfacción por parte de la comunidad internacional de mis legítimas peticiones. En tal situación, ¿quién trabajará para satisfacerlas? ¿Cómo cambiaremos las posturas de los países para que sean más acordes con nuestras peticiones? Además, ¿por qué espero que mi dimisión sirva para cambiar las posturas de dichos estados que, de todos modos, no están demasiado interesadas en nosotros y nuestra causa? Al contrario, puede que exploten la dimisión para justificar su austeridad y lanzar la pelota nuevamente al campo de la dividida y débil oposición. 

Moaz al-Jatib es una gran energía y una gran pérdida. Debería haber seguido porque es la persona más adecuada con diferencia para esta etapa, a pesar de todas las críticas que algunos le han lanzado por no ceñirse a las reglas establecidas de la acción política, y quizá por eso. Pero su dimisión, en la forma en que la ha presentado, ha debilitado a la revolución y a la oposición. Un revolucionario no dimite porque su enemigo o su aliado no le reconozcan o no le traten como deben. Un revolucionario sigue llamando a la puerta hasta que logra su objetivo, y llama con más fuerza aún, pero no se retira, ni se debilita ni se asquea del comportamiento de sus enemigos o incluso sus amigos, virtuales o supuestos.