Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

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jueves, 29 de agosto de 2013

Carta a los intelectuales árabes panarabistas que defienden a Bashar al-Asad



Texto original: All4Syria 

Autora: Rasha Umran

Fecha: 28/08/2013


Los sirios somos así, traidores por naturaleza y no sabemos lo que es el patriotismo. Tenemos un presidente más bueno que el pan, pero nosotros queremos que Occidente y EEUU nos ataquen. Lo primero fue matar a Hariri: lo matamos nosotros –el pueblo sirio traidor-, pero acusamos a nuestro presidente luchador, por si los colonialistas entraban en Siria y golpeaban nuestra infra y superestructuras. Pero no salió bien.

Después decidimos imitar a los pueblos árabes patriotas que hicieron revoluciones contra los regímenes agentes de Occidente. Empezamos en Daraa y dejamos que unos niños escribieran unas palabras en las paredes. Después los detuvimos y les arrancamos las uñas. Matamos a uno de ellos y el colonialismo no quiso entrar a ocuparnos. Después agrandamos las manifestaciones y nos disparamos a nosotros mismos, nos detuvimos, nos torturamos en los centros de detención y morimos bajo tortura. Pero el colonialismo no vino a ocuparnos. Después pensamos que era posible que si asaltábamos nuestras ciudades y aldeas con tanques, si perpetrábamos masacres contra nosotros mismos, y si robábamos nuestras casas, vendría el colonialismo a ocuparnos. Pero tampoco.

Dijimos: no nos quedan más que los aviones para bombardearnos y destruir nuestras casas, para tener que exiliarnos y refugiarnos como se esconden las criaturas traidoras. Tampoco sirvió para que viniera el colonialismo a atacarnos e invadirnos. Dijimos entonces: solo nos quedan los SCUD. Nos bombardeamos con ellos, morimos muchos para que la historia cobre importancia y entonces el colonialismo occidental vendrá a ocuparnos. Tampoco surtió efecto. Entonces pensamos que tal vez si abríamos nuestras fronteras y entraban miembros takfiríes de Al-Qaeda y nos montaban un Afganistán (porque como bien sabe mi hermano patriota, los sirios somos de siempre partidarios de Al-Qaeda), quizá así el Occidente colonial temería por su integridad y vendría a ocuparnos. El resultado tampoco fue satisfactorio.

Finalmente, no nos quedaron más que las armas químicas. Debíamos beber cada mañana en ayunas un vaso de agentes químicos y otro antes de dormir, muriendo al instante con nuestros hijos. ¿No eran las armas químicas la línea roja que el Occidente colonial nos puso y nos prohibió usarlas contra nosotros mismos? Por fin, surtió efecto y el Occidente colonial tras usar armas químicas para matarnos a nosotros mismos –nosotros, el pueblo sirio traidor-, decidió ocuparnos o atacar nuestras infra y superestructuras.

He olvidado una casa, querido hermano panarabista, instruido y consciente: todo este tiempo pasado, nuestro presidente –que es más bueno que el pan- nos trata como hijos y cada vez que estropeamos algo nos perdona rápidamente, y lo arregla, antes que se dé cuenta el Occidente colonial, sobre todo cuando comenzamos a destrozar el tejido nacional… No el tejido del ganado, sino el humano… Nuestro presidente se muere por el tejido nacional. Cada día se sentaba a recoger lo que nosotros habíamos roto de ese tejido nacional para hacer con él una sociedad siria como él soñaba. Pero nosotros insistíamos en destrozar los sueños de nuestro adorable presidente, que es más bueno que el pan, porque habíamos decidido que viniera el colonialismo occidental a atacarnos y ocuparnos. Nosotros, que somos el pueblo sirio traidor, agente del imperialismo, takfirí y yihadista. ¿Me explico, hermano panarabista, de izquierdas e ilustrado?

miércoles, 28 de agosto de 2013

Lecturas sobre el golpe estadounidense: mi postura



Autor: Yassin Swehat

Fecha: 28/08/2013




En primer lugar, estaría bien que los líderes de opinión dejaran de utilizar la expresión “suenan tambores de guerra” al hablar de las posibilidades de un golpe militar estadounidense, porque lo que suena en Siria desde hace dos años y medio no es precisamente la melodía de una flauta, sino auténticos tambores de guerra y de un salvajismo desatado por el régimen sirio contra sus gobernados en represalia por intentar deshacerse de su estructura que provoca una violencia y un empobrecimiento estructurales. También se agradece a esos que dejen de decir que “Siria será golpeada”, no porque el golpe no vaya a afectar a “Siria”, al margen a qué se refiere el hablante con ello, sino porque Siria lleva siendo golpeada diariamente, con una violencia inconmensurable desde la mañana del 8 de marzo de 1963.

¿La golpearán EEUU y sus aliados occidentales? No lo sé, pero parece lo más probable y puede que esta duda quede resuelta antes de que termine de escribir estas líneas. ¿Qué fuerza tendrá este posible golpe, cuán profundo será y cuáles serán sus objetivos políticos y militares? Creo que se trata de un castigo por haber roto los tranquilizadores acuerdos que el régimen había pactado con EEUU y sus aliados (especialmente Israel), y tiene que ver con la intención de EEUU de conservar su poderío como “policía del mundo” después de las consecutivas convulsiones. Y por tanto, creo que el asunto no tiene nada que ver con sentimientos humanitarios hacia las víctimas de la horrible masacre de Al-Ghoutta, que son más o menos un 1% del total de víctimas en Siria desde marzo de 2011. Sin embargo, no volveré a repetir la estúpida obviedad de que “EEUU solo se mueve por sus intereses, y no por el bien de los pueblos”. Volver a inventar la rueda es una estupidez que carece del disfrute y placer de otras muchas absurdeces.

Por mi parte, rechazo la idea como concepto. Nunca he estado a favor de una intervención estadounidense en Siria. He pedido repetidamente al mundo que afronte sus responsabilidades de cara a la carnicería en Siria. Me refiero con esto a aislar al régimen y romper relaciones con él y asfixiar el aprovisionamiento diario que recibe su aparato de muerte, además de aceptar no solo la responsabilidad humanitaria para con las víctimas de las bandas criminales del régimen, y su ejército aún más criminal, sino también la responsabilidad política de apoyar el amplio movimiento popular por una causa justa, sin importar si el movimiento es/era pacífico o armado. Eso no lo han hecho ni EEUU ni ninguna otra gran potencia, y no olvidaré que todas ellas, en compañía de Rusia y China, han tenido un papel malvado en reavivar al régimen políticamente al encubrir los hechos en nombre de “la búsqueda de una solución política”. Una idea esta que responde exclusivamente a un mercado de intereses que se encuentran, ¡qué sorpresa!, siempre en la necesidad de “preservar el ejército y los aparatos de seguridad”; es decir, el aparato criminal fascista y cruento. Añádanse las ambiguas afirmaciones sobre la “justicia transitoria” que pueden sugerir muchas cosas, pero entre ellas no está el devolver el régimen a sus dueños y castigar a los opresores. EEUU y sus aliados darán el golpe después de una parálisis que ha impedido premeditadamente llevar el expediente sirio a la Corte Penal Internacional, por ejemplo. Dicha parálisis se justificaba con la necesidad de dejar una puerta abierta a negociar con Asad, en vez de perseguirlo internacionalmente. El régimen sirio ha chantajeado a la comunidad internacional continuamente porque sabe que su derrocamiento militar no es posible ni deseable: no es posible una intervención capaz de derrocarlo -o sea un nuevo Iraq-, mientras EEUU intenta escapar de todas las situaciones en las que se encuentra militarmente estancado, y no es deseable porque la comunidad internacional (léase: EEUU) no quiere probar en la práctica la búsqueda de una alternativa en un país como Siria. Derrocar al régimen habría sido posible mediante un apoyo íntegro a los mecanismos de la revolución siria y el cerco al régimen y sus aliados. Eso es lo que no ha hecho ni va a hacer EEUU.

El régimen sirio, con su maquiavelismo, está acostumbrado a rehabilitarse internacionalmente tras cada “cerco” por la razón que sea, y lo que ha hecho la comunidad internacional durante dos años y medio no ha sido más que dejar abierta una puerta a la rehabilitación a cambio de esto o lo otro. ¿Ha habido algún “esto” relacionado con los derechos y libertades de los sirios? Pregunten a los iraquíes por Nuri al-Maliki, y a los afganos por Hamid Karzai, y pregunten también por sus nuevos presidentes, cuyo nombre no conozco aún.

Aparte de eso, invito a los que están emocionados con el posible golpe estadounidense, ya sean analistas o líderes de opinión, a evitarse el peligro de un nuevo revés causado por unas expectativas creadas antes de tiempo: las continuas declaraciones de los responsables occidentales afirman que el golpe, si se da, no pretende derrocar al régimen, ni provocar un efecto determinante sobre el equilibrio de fuerzas sobre el terreno, sino que es simplemente un golpe de castigo por no cumplir lo acordado sobre las armas químicas, nada más. Puede que también sea para intentar acelerar la situación política, y he aquí la mayor paradoja: el futuro puede decirnos que el golpe militar que reciba el régimen fue la primera piedra en su camino hacia la política (entendida como repugnante Realpolitik ).

Alguno pueden preguntarse: ¿adoptarías una postura diferente si el golpe fuera para derrocar al régimen? La respuesta es un no rotundo. En primer lugar porque derrocar al régimen desde el aire es imposible, y derrocarlo por tierra es casi imposible técnicamente, e imposible políticamente. Incluso aunque sucediera, ello no sería una victoria para la revolución, sino que nos encontraríamos en un escenario diametralmente opuesto. Pero pensar y teorizar sobre estas posibilidades que ni siquiera están sobre la mesa, es absurdo.

Comprendo profundamente el entusiasmo de muchos sirios ante la posibilidad de que la máquina de matar del régimen sufra un golpe militar, porque los aviones, la artillería y los misiles balísticos han hecho de la muerte el principal titular, y a veces el único en la rutina de muchas zonas de Siria. Pero este entusiasmo es tan doloroso como excesivamente optimista: no hay probabilidades de que la capacidad del régimen de matar sea diezmada de forma tangible. Tal vez el golpe “reformatorio” provoque la pérdida de sus capacidades aéreas y de lanzamiento de misiles, y ello irá, temporalmente, en interés de las zonas que se escapan al control del régimen en el norte. Pero ¿qué pasará en el resto de zonas de Siria? Sea el golpe que sea, y sea lo fuerte que sea, no logrará detener los aparatos de la matanza: las armas individuales, la artillería ligera y media… ¿Qué pasará en los lugares que se encuentran entre zonas bajo influencia del régimen? ¿Alguien duda de que serán testigos de masacres atroces? No digo esto para caer en la trampa de que no se debe poner al régimen como objetivo por miedo a la represión al estilo de “sabéis que es un salvaje, ¿por qué lo provocáis?”. Solo pretendo mostrar que la idea de un golpe militar no salvará, numéricamente, a los civiles de la sed del régimen.

Como última cuestión, debo decir que el golpe viene de aquellos que han cercado a la revolución siria con una ferocidad que excede, en ocasiones, su cerco al régimen, y le han impedido obtener armas. Vendrá de esos mismos que, cuando apoyaron con migajas, participaron en la desintegración y la división, no para apoyar a la revolución siria, sino para esterilizar sus capacidades e imponerse al régimen y a la revolución, como líderes de la situación en Siria. No dudo de que un punto de partida importante para las posibilidades de un golpe se encuentra en el aumento de la presencia e influencia de los grupo yihadistas en el país, especialmente en el norte, grupos que han encontrado un lugar vacío y han podido, haciendo uso de sus redes propias para armarse y financiarse, ocupar el lugar que no pudieron ocupar las fuerzas de la revolución debido al cerco de Occidente y el hecho de estar privadas de armamento y equipos. El próximo paso de un golpe “reformatorio” contra el régimen -un paso que puede retrasarse o no, pero que llegará según creo- es mandar aviones no tripulados (Drones) a las zonas donde se encuentra el Estado Islámico de Iraq y Siria, para seguir con la demente y criminal guerra “contra el terrorismo” y cuyos efectos vemos en Yemen, Afganistán y Pakistán en forma de masacres diarias contra los civiles. Nada impide, en un futuro, que veamos una coordinación securitaria y militar entre el ejército estadounidense y el sirio resultante de la “solución política” propuesta, y no con el ESL precisamente, sino con el ejército del régimen actual, después de poner un poco de maquillaje y volver a repetir posturas provocadoras contra el “terrorismo”.

¿El Estado Islámico de Iraq y Siria y sus semejantes son terroristas? Claro. Y se trata de un gran problema al que se enfrentan los sirios, pero solucionarlo no exige masacres cometidas por aviones en los que no se perderá el sueldo del piloto, especialmente porque quien los envía no es menos terrorista y aumenta sus capacidades de matar y destruir.

También comprendo que mi opinión no guste a muchos amigos, y comprendo que la consideren, Dios no lo quiera, “de rechazo” (como pretende describirse el régimen: de resistencia y de rechazo a EEUU y sus políticas [1]). No es así, y he intentado por todos los medios aclararlo. No obstante, prefiero soportar que se vea así antes de callarme mis convicciones, que en cualquier caso no son importantes.

Dos cosas que me gustaría añadir:

Mi postura, contraria a la intervención estadounidense y que duda de su eficacia y que cree que será peor, no significa en absoluto que yo tenga una causa compartida con la mayoría de aquellos que se han despertado ante la situación en Siria, tras más de dos años y medio de  silencio sepulcral ante las masacres del carnicero criminal, para declararse en contra de “la intervención exterior” (como si la intervención exterior no hubiera sido continua por parte de Rusia, Irán, Hezbollah y otras milicias iraquíes en beneficio del régimen durante más de dos años y medio) y para difundir su veneno contra la revolución siria y su gente. Esos hipócritas desgraciados, que no han pronunciado ni una sola frase de condena contra el asesinato de un solo niño por parte del régimen “de rechazo”, que hacen manifestaciones y se concentran estos días, son peores que los shabbiha.

Me hace gracia también oír las estupideces que repiten algunos de los antes mencionados sobre que la revolución nacional debe unirse al régimen contra la “ocupación exterior”. No tengo ninguna causa común con el régimen ni su gente y partidarios, ni hoy, ni mañana, ni dentro de mil años. Nunca olvidaré, ni perdonare (mi olvido y mi perdón no tienen ningún valor, pero es lo que tengo), ni me apenaré por ninguna desgracia que le suceda al régimen (que no venga ningún idiota y diga que el golpe va contra el Estado y no el régimen, porque ¿de qué Estado habla?).

Lo segundo y más importante es que la revolución siria, con el golpe militar o sin él, o incluso a pesar de él, para mí es la causa más justa en el mundo, porque es mi causa y la de mi gente. Así ha sido y así seguirá siendo, a pesar de todos los shabbiha de la Tierra y sus colaboradores, y de los shabbiha del Cielo y sus banderas negras. Es la causa de gente que se hartó de vivir bajo el yugo de la dictadura, y del empobrecimiento crónico por parte de la dinastía del maldito, y que han ofrecido para lograrlo más de cien mil víctimas, cientos de miles de heridos e inválidos, millones de desplazados y miles de municipios, barrios y calles destrozadas y desangeladas. Esa es una convicción mayor que la del golpe militar, y más grande que EEUU, y que el mundo entero.

[1] En esta carta se establece una leve diferencia entre "de rechazo" y "antiimperialista.

jueves, 22 de agosto de 2013

La peor masacre está por llegar

5135

Texto orginal: Al-Modon

Autora: Sherin Al-Hayek

Fecha: 21/08/2013

Sin previo aviso, lo único de lo que podemos hablar es de montones de cadáveres, en su mayoría niños. Llegan imágenes y vídeos y es como si el Paraíso sufriera de tal carencia de felicidad que necesita enviar a la muerte a elegir pequeños rostros inocentes, como si los ángeles del Paraíso hubieran dimitido y fuera necesaria toda esta muerte para anunciar el Día de la Resurrección en el Cielo. La muerte misma ya no significa nada en esta situación. La muerte se ha convertido en algo que sucede, nada más, algo que hay que esperar y que sabemos que vendrá: la desgracia sigue viva.



Los que seguimos vivos debemos tomar las decisiones y buscar entre los cadáveres y los pequeños rostros un poco de humanidad o mucho salvajismo. Un salvajismo que no necesariamente emana solo del asesino.

Llámalas armas químicas, llámalo gas asfixiante, llámalo sarín… Llámalo como quieras, pero no devolverá a la vida a ningún niño. Mientras tú te afanas en determinar el nombre científico y específico de la situación (para que no parezca un error mediático o que tu conocimiento químico y físico es débil en este momento tan crítico), los niños están inhalando este gas directamente, sin importarles su nombre correcto, ni su clasificación.

Las Fuerzas Armadas leen un comunicado emitido por el Mando General del Ejército y las Fuerzas Armadas: “El Mando General del Ejército y las Fuerzas Armadas aseguran que estas afirmaciones son falsas por completo y forman parte de la sucia guerra mediática que dirigen algunos países contra Siria…”

Escucho de nuevo el comunicado: “Las afirmaciones de estas bandas terroristas y los canales que las apoyan sobre el uso por parte del Ejército Árabe Sirio de armas químicas no es más que un miserable intento de encubrir sus derrotas sobre el terreno”. Pero peor que el propio comunicado es la reacción internacional, pues ha bastado con que la televisión siria y sus líderes militares negaran la noticia sin aportar pruebas que contrastar con las imágenes, vídeos, cadáveres y dolor  general para que sus palabras se convirtieran en el contrapunto a tener en cuenta frente al resto de pruebas.

Me digo a mí misma que el mayor miedo ahora es el olvido, porque siempre olvidamos. Nos afecta mucho, gritamos, condenamos, insultamos, maldecimos y damos patadas de rabia al suelo, y después olvidamos. Y olvidamos más tras la segunda o tercera masacre que la primera tuvo lugar. 

Pienso en lo que escribió un amigo en su página de Facebook hace unos días: “La peor masacre está por llegar”. ¿Es esta la peor masacre, o la siguiente será aún peor? Tras la pregunta, vuelve el miedo, el mismo miedo: que olvidemos lo que ha pasado, y lo que pasará...

martes, 20 de agosto de 2013

Pensamientos al margen de la sangre



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 19/08/2013

 

Se acabó el tiempo de la inocencia… Durante la guerra civil libanesa descubrimos que la revolución no es bella, y que el romanticismo de las fotografías del Che Guevara y los sueños del mayo del 68 se convierten, al chocar con la realidad, en pesadillas. La revolución no es un sueño, sino una pesadilla por la que hay que pasar.

Este determinismo del que sigo convencido me confunde, pero más me confunde la forma en que la revolución estalla en la gente y se vuelve en un momento histórico concreto en una opción ineludible. “No perderemos más que nuestras cadenas”, según Karl Marx. Y es cierto, pero ¿quién garantiza que no cambiaremos unas cadenas por otras? 

Pero antes de llegar al resultado -cuestión problemática y complicada-, está la propia senda revolucionaria, llena de sangre, decepciones, errores y sueños frustrados. Las revoluciones árabes han presentado una realidad en la que muchos no pensaban: la gente no hacen revoluciones, sino que se ven metidos en ellas. Es decir, que las revoluciones se parecen a fenómenos naturales como terremotos y volcanes, y no tenemos más opción que interactuar con y meternos en ellos, y dar con las ideas adecuadas para que pasen en el menor tiempo posible, y volver a lo que llamamos la vida normal. Nosotros no hacemos revoluciones porque las revoluciones nos levantan y nos crean.

Las revoluciones árabes que estallaron debido a la represión y la humillación se han encontrado sin liderazgo ni ideas y eso es lo que ha atraído a algunos a apoderarse de ellas y ponerlas a su servicio, desde los regímenes del Golfo a los islamistas takfiríes pasando por los Hermanos y los ejércitos. Y eso es lo que ha permitido a un régimen salvaje como el de Bashar al-Asad seguir destruyendo Siria, resguardándose en una alianza regional basada en el temor de que el Golfo fuera engullido por las revoluciones y que ha apoyado al régimen dictatorial en el marco de las luchas por el liderazgo de la región.

La revolución tal y como la vivimos ahora es triste y deprimente, y ha perdido su brillo romántico. Ello nos pone ante dos opciones: lavarnos las manos ensangrentadas con sangre y pretender ser inocentes, o seguir defendiendo los valores humanos y la necesidad de proteger a la sociedad del desplome y enfrentarnos al despotismo y las dictaduras del islam político como podamos, con palabras y/o hechos.

Se acabó el tiempo de la inocencia.

En Siria el Padre Paolo es secuestrado, y la gente de Raqqa se levanta contra el despotismo de Al-Qaeda y sus semejantes. Y en El Cairo, los Hermanos han decidido, en defensa de su autoridad, convertir Egipto en un baño de sangre.

Se acabó la inocencia, pues la lucha contra la dictadura de Asad el carnicero es una lucha contra toda dictadura y la defensa de los Derechos Humanos ha de comenzar por la defensa, en primer lugar, de la vida del Ser Humano y su dignidad.

Paradojas del destino, los revolucionarios que permanecen en la memoria son las víctimas y no los vencedores: la Comuna de París, no la Bolchevique, Mayakovski y no Gorki, Guevara y no Castro, Rosa Luxemburgo y no Stalin. A Arafat le salvó morir envenenado por Israel y a Abdel Nasser morir intentando reconstruir su ejército derrotado.

14 de agosto, en Aita

Aita ocupa un lugar especial en la memoria libanesa, allí comenzó la guerra de julio de 2006 y allí se dibujó la resistencia del pueblo libanés contra la destrucción israelí de la línea de libertad por medio de la sangre de las víctimas. Tras la retirada del monstruo israelí, fui a Aita el día en que se anunció el alto el fuego en medio de un río humano interminable que regresaba al sur del Líbano.

Allí, mi corazón se encogió ante las casas destruidas, y vi cómo los combatientes de Hezbollah creaban su leyenda de resistencia y defendían la vida con su muerte. Este año, el 14 de agosto Nasrallah nos llevó con él a Aita y le escuchamos a través de la pantalla de televisión. Me pregunté ingenua e inocentemente por qué una facción resistente libanesa ha de ir a luchar para defender al régimen dictatorial en Siria. ¿Por qué una resistencia que por primera vez en la historia de la lucha árabe-israelí impuso una retirada sin condiciones a Israel ha de participar en la guerra del régimen sirio contra su pueblo?

Es una pregunta ingenua que pertenece al tiempo de la inocencia que se va perdiendo entre la sangre que corre en el Levante árabe. Es una pregunta que nos lleva al lodo de las políticas de identidad que han pasado de ser políticas sectarias reducidas a Líbano a ser una política general en el Levante Árabe. El punto débil de la resistencia islámica en Líbano es su punto fuerte. Su debilidad es su identidad religiosa en un país multiconfesional, que la hace presa de dicha identidad, y por tanto pierde la capacidad de dirigirse a todos. Pero esta debilidad es, en contrapartida, la fuente de su fuerza, por dos razones: la primera es que ofrece un material ideológico que viene a cerrar el vacío de la caída de las ideologías nacionalistas y de izquierda, la segunda es el establecimiento de una alianza firme con Irán, que lo provee de armas, dinero y entrenamiento.

Este complejo compuesto de fuerza y debilidad lo convierte en parte de la lucha de identidades en la Siria histórica e Iraq, y traslada su principal contradicción de una contradicción con Israel a una interna en el corazón de Siria. ¿Podemos pedir inocentemente a Hezbollah que abandone Siria? Lo más probable es que ya no podamos. Fue posible, al menos en un principio, en el tiempo de la inocencia que ha quedado hecha trizas.

¿Existió en algún momento la inocencia?

Hago una elegía a la inocencia como si algún día hubiera existido, algo que no está confirmado, y lo más probable es que se trate más de una suposición literaria o cultural, nada más. Cuando me encontré con exiliados iraníes en Berlín el año pasado, recordé las verdades que la escoba de la historia había borrado, y vi imágenes de miles de detenidos y detenidas de izquierdas que fueron ejecutados entre vítores de revolución.

No, la inocencia no existió nunca, y eso es lo que revela la decadencia de los medios árabes, que han llegado a su nadir, por lo que hoy ya no hay medios, sino armas que luchan en medio de mares de sangre en el Levante Árabe. ¿Fueron libres alguna vez los medios árabes que nos sorprendieron por su libertad? ¿Cómo el libre se convierte en esclavo y vocero?

Lloramos a la inocencia para protegernos a nosotros mismos de la brutalidad de la historia e intentamos regresar a un tiempo ideal para no reconocer que nuestro idealismo fue un engaño. Esto no significa que debamos retirarnos del lodo de la historia, sino simplemente que hemos de ser conscientes de que nuestra defensa de los valores no puede ser inocente, sino que debe estar ligada a una visión política y social. Si no, su inocencia será ingenua y su defensa de los valores una humillación.

lunes, 19 de agosto de 2013

Yusuf Abdelaki

Tras unos días de inactividad estival, aquí tenéis este vídeo recomendado por lectores del blog cuyos subtítulos (han de activarse en Youtube si no salen por defecto) ha realizado un activista sirio. Aunque generalmente no se usan subtítulos en esta página, sino que se suele poner el texto para hacer la lectura más rápida y evitar al lector ver un vídeo, algo que lleva más tiempo, he aquí una excepción puntual.

Hace unos días, publicamos un artículo sobre el protagonista del vídeo: Yusuf Abdelaki


viernes, 9 de agosto de 2013

"Liberar la costa" y remover las aguas estancadas: Rifaat al Asad como ejemplo

Texto original: Al-Quds Al-Arabi

Autor: Subhi Hadidi

Fecha: 08/08/2013





A pesar de que sigue siendo reducida geográficamente, de que tiene una naturaleza simbólica en el plano militar y de la contradicción entre sus ventajas y desventajas políticas, las últimas acciones del ESL en algunos pueblos de la costa siria han removido una cantidad sustancial de aguas estancadas en las posturas adoptadas por los miembros de la confesión alauí de cara al levantamiento y al régimen. Estas acciones también han provocado reacciones diversas, no en el sentido de diferencias de opinión sobre las acciones en sí (pues hay una especie de consenso, legítimo, sobre el miedo a las consecuencias que puedan tener), sino en el sentido de que algunas fidelidades y posicionamientos se han visto turbados a pesar de que habían parecido relativamente sólidos durante los dos años y medio de revolución. Finalmente, en consonancia con los éxitos del ESL en los alrededores de Alepo (liberación del aeropuerto de Meneg) y en Daraa, además de los rumores de que el convoy de Bashar al-Asad ha sido alcanzado, parece que se está produciendo una retirada militar del régimen y un retorno de la situación al momento previo a la caía de Quseir. Si bien es pronto, en esta etapa, para hacer unas mínimas valoraciones sobre las incursiones en los pueblos de la costa y Jebel al-Akrad (Latakia), especialmente en lo que se refiere a la utilidad militar (el valor simbólico de golpear la aldea de Qirdaha, por ejemplo, supera a la posibilidad de cortar el suministro de las fuerzas del régimen desde Latakia a Idleb y Alepo), observar algunos tipos de reacciones es factible, reacciones que adquieren un significado muy especial cuando los cambios de postura que ha habido o puede haber se dan entre algunos alauíes, más allá en manifestaciones de protesta espontáneas que se dijo que habían estallado en la misma Qirdaha, y también en Latakia (donde circuló la noticia de que una agrupación popular ante la Inteligencia Aérea había gritado: “Nuestros hijos están en las tumbos y los vuestros en los palacios”).

Se han vuelto a dar un tipo de reacciones que ya se habían visto en febrero de 2012: la propagación de carteles y pósteres que llevan la imagen de Rifaat al-Asad, y la expresión: “El pueblo exige el retorno del líder, el doctor Rifaat al-Asad. Te esperamos”. No es raro, a modo de digresión, que la Agrupación Nacional Democrática Unida, el partido de Rifaat, se haya apresurado a emitir un comunicado de claro tinte acusador: “Todos comerciáis con la patria, los ciudadanos y la libertad, y todos matáis en nombre de la patria, los ciudadanos y la libertad, y todos os habéis desprendido de vuestra ética, y es necesario que este derramamiento de sangre y esta destrucción diaria cesen”. Tampoco sorprende que el comunicado exija “que todos los extranjeros abandonen la pureza de la tierra siria, porque están urdiendo una conspiración enorme contra la patria”, y que ataque a “la oposición armada dentro de Siria” porque “mata, destruye, y rompe el tejido social y fraternal sirio” y a la oposición en el exterior porque “han permitido que se produzca un acoso exterior hacia la patria, además empeorar la situación, ayudar a militarizarla e incitar a la yihad y a la caída del régimen, aunque ello implique que Siria desaparezca”. 

En cuanto al régimen, al que le da igual bombardear a seres humanos que a piedras, que quema pastos igual que quema ganado, que no escatima en armamento ligero, medio o pesado y que bombardea con aviones, tanques, artillería, proyectiles, barriles de explosivos, misiles SCUD y armas químicas, esto es lo que dice Rifaat al-Asad sobre él: “No somos los radicales del régimen que siguen una política de violencia”. Sí, “radicales”… Nada más y nada menos. Después de esto no sorprende que el tío paterno (Rifaat) se identifique con las tesis de su sobrino (Bashar) y diga cosas como: Estamos “con toda oposición nacional honrada, y con todas las personalidades y figuras nacionales que se oponen a la violencia y se afanan por lograr en primer lugar los intereses  de la patria y los ciudadanos, y rechazan los asesinatos, la destrucción y la ruptura del tejido social que está viviendo Siria”.  Tampoco resulta raro que el comunicado termine así: “Es necesario un despertar nacional urgente y aferrarse a una política de justicia, paz y libertad para salvar a la patria antes de que sea demasiado tarde”.

El que sea algo “tarde”, entonces, es el factor que se esconde detrás de este comunicado, y el motor del cambio patente que ha habido en la antes firme postura del tío hacia el levantamiento popular que agita los cimientos del “Movimiento Correctivo ”, el gobierno de su hermano Hafez y su segundo hermano Yamil, el de su propio gobierno, y después el de los hijos de sus hermanos y toda la familia Asad, en consonancia y colaboración con las familias Makhlouf, Shalish, Nasif, Duba, Khouli, Mamluk y ante todos, aunque sea de forma menos evidente, pero no menos feroz de chupar la sangre de los sirios, las familias Khaddam, Tlass, Shihabi, Al-Akhrass; y todos sus semejantes. La situación está cambiando sobre el terreno y el fuego se propaga por los cimientos de la casa, después de que sus llamas hayan llegado a los centros de apoyo del régimen que parecían ser inmunes por su fidelidad absoluta a la versión del régimen y a los centros de vigilancia y defensa, que parecían inmunes por estar armados hasta los dientes y contar con los shabbiha. No hay otra opción entonces, o “es necesario” tal y como dice el comunicado, cambiar de postura, una vez que la situación ha cambiado.

Rifaat al-Asad (75 años) ya intentó subirse al carro de las manifestaciones de Daraa, que salieron en marzo de 2011, pretendiendo que había dado órdenes a los simpatizantes de su partido de que participaran en ellas, manifestaciones que eran totalmente pacíficas, pero que la primera estupidez había llegado de un familiar de Bashar al-Asad, el responsable de la Seguridad Política allí, que dio órdenes de utilizar munición real contra los manifestantes (diálogo con el periódico semanal francés “París Match”, de otoño de 2012). Antes de ello, había emitido un comunicado especial en el que expresaba su pena por el asesinato de Hamza al-Khatib: “No puedo por más que recordar a este joven y entristecerme por la muerte del pueblo sirio, y me arrodillo rezando mientras Dios siga llamando mártires hacia él, pues no quedará del pueblo sirio más que tu generación, que Dios te bendiga”.

Después, en un giro dramático que suponía un intento de enaltecerse a sí mismo, Rifaat al Asad anunció que tenía la solución mágica para acabar con la “crisis” en Siria y que Rusia y los “Hermanos Musulmanes” la habían aceptado, que Bashar al-Asad podría aceptarla, y que había posibilidades de convencer a la oposición interior y exterior de que siguiera las líneas que marcaba … ¿Qué impedimento había para tal solución? Irán: “porque el problema internacional hoy es Siria, y no Irán, e Irán es quien más se beneficia de que dejen de prestarle atención y así, rechaza cualquier pacto. Debemos obligar a Irán. Nosotros respetamos a Irán y al pueblo persa, pero Irán tiene unas aspiraciones excesivas que cada vez van más allá” (entrevista con la web francesa Slate.fr de agosto de 2012).

Y basándose en la total confianza de que (como dijo en la misma entrevista) lo esperan en Siria como a un salvador, asegura que su regreso al país hoy es más fácil de lo que lo era hace 20 años, cuando su hermano Hafez lo envió al exilio, y más fácil también encargarse de la reforma en Siria: “todos son conscientes de la necesidad de cambio,  y el régimen es ampliamente rechazado y no lo protege hoy más que el miedo que tienen las minorías; Siria quiere vivir en paz, por eso no es un peligro para sus vecinos y sus vecinos no deben representar tampoco un peligro para ella”. ¿Se trata entonces del hombre que salvará a Siria del abismo? Tal vez, según lo ven no pocos sectores en el seno del ejército del régimen, de los aparatos de seguridad, y de los shabbiha, especialmente los alauíes. Ello se debe a razones que merece la pena repetir aquí y cada vez que el nombre de Rifaat al-Asad se traiga a colación en una discusión como esta. La realidad es que sus cuentas políticas, securitarias, militares y financieras, en las filas de los oficiales o civiles, en el partido, el estado o la sociedad, no tienen límites, ni están congeladas en absoluto, y por tanto pueden utilizarse de inmediato, para invertir desde dentro de Siria, para que den sus frutos en el interior o si se llevan al extranjero en algún momento, o al revés: una inversión desde el exterior hacia el interior, para ganar razones de peso que permitan su exportación de nuevo al exterior.

La cada vez mayor presencia de pancartas y pósteres relacionados con su retorno es llamativa y tiene una relevancia naturalmente, porque uno se las encuentra incluso pegadas en las paredes de los servicios de la Seguridad, dentro de las unidades militares, en las carreteras generales, en los pueblos, las aldeas y las ciudades.

El tío paterno sigue gozando de la fidelidad de amplios sectores de sus antiguas bases (políticas y militares, oficiales y no oficiales) que medraron gracias a él, debido a la gracia que les concedió cuando era el segundo hombre del país, o un bulldozer que arrasaba lo que quería, donde y cuando quería. Esas bases se vieron obligadas –una vez se redujo su poder y fue alejado de Siria tras las luchas libradas en 1984 y la disolución de las Brigadas de Defensa, su brazo militar- a retirarse, mantener un perfil bajo o acomodarse a la nueva situación. Sean cuales sean sus cargos actuales, en las zonas marginales del ejército, en el ámbito meramente administrativo, en las distintas sedes de Inteligencia, en los batallones de la Cuarta Brigada y la Guardia Republicana, o en las decenas de pueblos pequeños y grandes de Siria (tras disolverlas, los miembros de las Brigadas de Defensa con el rango de sargento o ayudante pasaron a ocupar puestos de alcaldes en las aldeas de la costa), estas bases están preparadas para volver a meterse bajo el patronazgo del “líder”.

Rifaat además puede poner de acuerdo a los opuestos, acercar las posturas entre la antigua y nueva generación de los líderes del poder, entre los que pierden y los que ganan, entre los peces gordos de la corrupción y los no tan gordos, entre los que se alimentan de carroña y los que son atraídos por las presas más grasientas. Es un ex militar que trabajó en negocios de gran calibre y sus inversiones dentro de Siria y fuera se cuentan por miles de millones. Sus alianzas son firmes con los comerciantes y hombres de negocios hasta el punto que se le llegó a considerar “protector” de los comerciantes por excelencia. Cuando era fuerte, a la cabeza de su ejército particular con armamento de élite y amplias prerrogativas de sus miembros, dirigía una increíble alianza entre los militares, los comerciantes y los académicos (¡no olvidemos que es “doctor” en ciencias políticas y ex presidente de la Unión de Licenciados en Estudios Superiores!). Rifaat expandió la cultura de la “militarización del comercio”, que hizo de los militares partícipes sin capital de todo ámbito comercial, en consonancia con la “comercialización de los militares”, que convirtió a los militares en comerciantes de todo tipo ante la sorpresa de los diferentes sectores burgueses parasitarios sirios.

“Este, cuando lo exige la situación y parece que va a ser “tarde”, no hay duda, es un hombre cruel que derrama sangre, viola el honor y quemar lo fresco y lo seco”, tal y como lo describió un testigo de lo que hizo en Tadmor, y en toda Siria, durante los años de su encumbramiento y de sed de sangre. Así, a algunos se les aparece como la imagen del “salvador”, y con derecho, pues un terror absoluto atormenta las mentes de esos pocos que no soportan la imagen de un horizonte nacional sano que permita la convivencia de los sirios de las distintas confesiones, sectas, religiones y etnias, una fobia que se traduce en la recurrencia de una única pesadilla que parte de una idea muerta y no ve más final que la caída al abismo o quizá ese miedo les hace apresurarme al abismo de un suicidio del que están convencidos.