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miércoles, 29 de enero de 2014

Abdel Basit Sarut sobre el asedio a Homs




 
A la pregunta de qué elegirían si les dieran a elegir entre la ayuda humanitaria y los corredores humanitarios, la respuesta de Abdel Basit Sarut, reconocido activista opositor al régimen dice: 

(Desde el 0:17) “Lo primero es que la gente no se olvide de que estamos asediados por motivos políticos.  Los que están en Ginebra son los que estaban apoyando a Bashar al-Asad para matar a la gente. Los que estamos asediados lo estamos porque queremos: nosotros entramos aquí y estamos en el corazón del asedio. Somos de Homs, y nadie nos politiza ni nos asedia según le conviene ni desde Homs ni desde fuera. Puedes preguntar a toda la gente de esta calle a ver qué dice. Queremos romper el asedio, no hemos venido aquí solo para que introduzcan comida. Hemos venido aquí para morir con honor. No queremos comida ni corredores humanitarios. Queremos romper el cerco y corredores humanitarios, para romper el cerco y meter comida y comer. Queremos luchar en cada frente. Pero que vengan a politizarnos y que tengamos que actuar como nos digan no lo vamos a hacer. Nosotros estamos aquí sobre el terreno, si habláis con la gente que se encuentra en los límites, con la oposición, con dos o tres que están aquí y dicen que quieren seguir asediados, nadie se lo puede impedir. Nosotros estamos a morir y moriremos donde estemos. Estamos en guerra y con nuestras armas luchamos y morimos. No estamos esperando a nadie a que venga a gobernarnos y decirnos que estamos asediados y que nos van a abrir un corredor humanitario. Esa es una decisión internacional. Eso es Bashar al-Asad sintiéndose grande y de pleno derecho mientras nosotros no tenemos nada. Siente que él es quien tiene una causa y nosotros los que asesinamos al pueblo. Llevamos así tres años y moriremos de hambre, pero no dejaremos que nadie haga política con nosotros y nos la imponga para saldar cuentas. Nosotros somos los dueños de esta tierra y con la espada, la verdad, el derecho y nuestras armas lucharemos y traeremos comida del ejército. Si no es así, juro por Dios que si nos meten la ayuda humanitaria y nos abren corredores humanitarios, nosotros mismos les dispararemos. La tierra es nuestra y nosotros decidimos. Si hablas con dos o tres aquí, con quien sea, y grabas con tu cámara a todos los que quieras, nadie te va a decir lo contrario. Nosotros nos metimos al asedio, pero estamos cómodos en él. Qujeremos luchar aquí. Al que nos diga que aguantemos, nosotros decidimos si aguantamos o no, si salimos o no salimos. Tenemos heridos, familias y luchadores, pero todos estamos como queremos y asediados”. 

Dicen que si se rompe el cerco a Homs, ello supondrá rendir la ciudad… 

“Si eso pasa no será porque ellos lo decidan, somos luchadores que hacemos la yihad porque es nuestra obligación y no porque lo diga el Consejo Militar, o Fulanito ni uno que está sentado con su ordenador apoyando a la gente muere. Igual que nosotros morimos aquí, tenemos jóvenes que quieren vivir y luchar, y nadie nos va a utilizar políticamente ni vamos a hacer lo que nos diga. Si alguien tiene que hablar fuera, somos nosotros, nosotros y nadie más”.

lunes, 13 de enero de 2014

Una rosa roja para la Palestina del Norte



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 06/01/2014 



Señora, no tengo más que las palabras que dibujo en forma de rosa roja para ofreceros en este inicio de año. Una rosa roja que vierte la sangre derramada de vuestros hijos e hijas durante estos tres largos años.

No puedo, yo que estoy suspendido de la cruz de vuestro dolor, más que inclinarme sobre el suelo que se ha coloreado del rojo de la sangre y el rojo del sueño, y posar la rosa que he arrancado del jardín de las palabras a vuestros pies.

Sham [1], no puedo más que repetir tu nombre, para protegerme de la desesperación con desesperación, y del dolor que hay tras el dolor. Te escribí una vez que mi patria me duele y hoy te escribo de nuevo, y me quejo de ti ante ti, mientras abrazo tus heridas en mi pecho y vivo contigo los dolores de nuestra nueva Nakba.

En el pasado, los palestinos solían llamar a su país la Siria del Sur, cuando el país era un sueño de democracia e independencia. Del mismo modo, los libaneses levantaban la bandera árabe en las plazas de sus ciudades viendo en el Bilad al-Sham un modelo del país que debían construir de nuevo.

¿De qué sirve volver al pasado? Cuando hablamos de nuestro sueño abortado, nos tachan de románticos y ajenos a la realidad. Pero, cuando intentamos ser realistas como esta época quiere que seamos, descubrimos cómo ha caído la realidad y cómo se ha convertido en despojos a los pies de la dictadura salvaje que provoca en y para nosotros una segunda Nakba que quizá sea más cruel y salvaje que la primera.

No quiero comparar entre las dos Nakbas, pero si fue posible alegar nuestra ingenuidad política y nuestra debilidad para justificar nuestra Nakba en Palestina, hoy no tenemos excusa posible para nuestra segunda Nakba en Siria, nuestra decadencia política y moral en Líbano y la fragmentación iraquí que no perdona.

En el pasado llamábamos a Palestina la Siria del Sur, y ese nombre era un signo de esperanza de liberación del despotismo otomano y del colonialismo occidental, y de construcción del Estado democrático. Pero, ¿cómo la llamamos hoy?

¿Nos veremos obligados a llamar a Siria la Palestina del Norte al ver cómo se destruye el país con barriles de pólvora, cómo la gente es humillada, cómo se ven obligados a desplazarse de sus casas, cómo pasan hambre y cómo son secuestrados?

¿Qué decimos a los secuestradores de Razan Zaitouneh y sus compañeros? ¿Cómo hablamos de los secuestradores del Padre Paolo, que roban la revolución, destruyen los valores y destrozan lo que el régimen de la dictadura asadiana no ha podido destruir en cuatro décadas? Muchas preguntas y signos de interrogación, pero antes de decir nada, quiero preguntar a Ahmad Jarba y a los líderes de la Coalición qué han hecho sus amigos saudíes, patrocinadores del Ejército del Islam que ha secuestrado a Razan. ¿Es que Siria y sus revolucionarios no valen nada para vosotros? ¿Habéis perdido la lengua? ¿Creéis que podéis dirigir un pueblo que al inicio de su revolución gritó “el pueblo sirio no tiene hambre” con el dinero del petróleo y el gas después de que la dictadura haya logrado matarlo de hambre? ¿Cómo os atrevéis a hablar cuando Razan Zaitouneh, Samira Jalil, Wael Hammada y Nathim Hamadi son privados de la palabra y se encuentran en un lugar desconocido?

Nuestra Nakba en Siria tiene tres nombres. La primera es la Nakba del salvaje déspota –Bashar al-Asad-  y su escuadrón de asesinos y carniceros que han decidido quemar Siria. Después, la Nakba de los ejércitos de Al-Qaeda y sus semejantes: los fundamentalistas de quienes se desprende el olor del petróleo, y que quieren borrar la existencia nacional para sustituirla por un discurso producto de la decadencia que pretende sacarnos del tiempo.

Finalmente nuestra tercera Nakba es la de la élite política opositora que ha decidido dirigir desde fuera y se ha encomendado a la estupidez de la intervención exterior. Una intervención que no tardó en llegar, pero que no lo hizo como, ingenuamente, esperaban, sino que vino a favor del dictador por medio del apoyo ilimitado iraní y ruso.

Tres nombres que se alían para crear una nueva Nakba en Siria, haciendo del Bilad al-Sham, desde su sur palestino a su norte sirio, pasando por su oeste libanés, un escenario de muerte. Y del mismo modo que los estadounidenses venden la Siria del Sur al ogro israelí, venden la Palestina del Norte al monstruo de la destrucción y la extinción. Y al igual que la élite política palestina sigue pendiente de la ilusión de las negociaciones y la debilidad de delegar en el “mediador” estadounidense, la oposición siria sigue suspendida en su impotencia y entrega sus cartas a los países del Golfo mientras espera un gesto estadounidense que les salve de la destrucción. Son estas preguntas sin respuesta en el horizonte. Pero vos, señora mía, os mantenéis en pie sobre la destrucción y renunciáis a la muerte.

Desde el campamento de Yarmouk, donde los hijos de Hebrón expulsados en 1948 son presa de la hambruna, hasta las dos Ghouttas del sufrimiento por el hambre, los bombardeos y la humillación; desde Alepo que se levanta hoy contra la humillación de Da’esh (Estado Islámico de Iraq y Siria según sus siglas en árabe), gimiendo bajo los barriles explosivos, hasta Kafranbel, desde donde salió el grito de la revolución contra la oscuridad que quieren imponer a Siria y su pueblo, resistís, señora, como nadie lo ha hecho. Asediada por la muerte y la traición, levantáis vuestros ojos humedecidos por las lágrimas ardientes, y gritáis por vuestra libertad y la nuestra.

No seréis la Palestina del norte en el sentido de nuestra nueva Nakba, sino que seréis toda Palestina cuando logréis echar a la muerte de encima de vuestros hombros y os erijáis de nuevo como nombre con que llamar a la libertad. Aceptadnos, señora, como hijos que aprendemos ante vos a deletrear la palabra ‘libertad’, aceptad esta rosa roja, y perdonadnos.

[1] Se refiere a Siria o a Damasco.

domingo, 12 de enero de 2014

Un cambio en el papel de los islamistas sirios



Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin Al-Haj Saleh

Fecha: 07/01/2014



Durante más de tres décadas, los islamistas sitios han sido agentes de cambio en la situación general en el país, un papel que hoy está cambiando de forma notable. Y este cambio puede ser lago y difícil.

Los Hermanos Musulmanes fueron la corriente del islam político principal desde los ochenta y hasta el estallido de la revolución siria, aunque incluyera en su seno algunos grupos yihadistas entre los que destaca la Vanguardia Combatiente de los Hermanos Musulmanes, que arrastró a los Hermanos, no sin dudarlo, al enfrentamiento con el régimen a finales de los setenta y principios de los ochenta, y aquellos de sus líderes que se salvaron acabaron insertándose en el movimiento de la yihad afgana e internacional.

Entre principios de los ochenta y el inicio de la revolución siria, los Hermanos siguieron siendo opositores al régimen que dominaba Siria por la fuerza (y Líbano y Palestina).  Durante las últimas dos décadas del gobierno de Hafez al-Asad, las cárceles de su régimen aunaron a los islamistas con los izquierdistas y los nacionalistas, árabes, kurdos, palestinos y libaneses. En ese tiempo, los servicios secretos tenían aplastada y destruida a la sociedad siria, a la que además saqueaban. Por medio de esa experiencia general tan ingente, apareció una especie de colaboración en la oposición al régimen asadiano entre los islamistas y el sector laico de la oposición, una colaboración objetiva si así se puede llamar. Una colaboración que se vería afectada continuamente por la sensibilidad, el ideario, el tipo de vida y el ideal social al que se aspiraba. En el 2000, cuando los prisioneros izquierdistas y nacionalistas habían salido de las cárceles y la mayoría de los islamistas que seguían vivos también, aparecieron signos de un cambio hacia otro tipo de colaboración, una colaboración subjetiva. Es decir, un acuerdo en los paradigmas y el pensamiento en la efímera “primavera de Damasco”, un retroceso de los límites ideológicos en el pensamiento de los opositores laicos, y la hegemonía de una apuesta democrática básica en la oposición laica. Los Hermanos Musulmanes emitieron en mayo de 2001 un documento llamado Pacto de Honor Nacional en el que se comprometían a un modelo de Estado y de régimen político que los acercaba al sector general de la oposición en el interior y en el que pensaban en el islam como un “referente cultural”. Por medio de las páginas portavoces de los Hermanos o próximas a ellos, unos pocos programas de televisión y algunos encuentros fuera del país entre dirigentes de los Hermanos y opositores conocidos del interior, se creó una red de interacciones entre los opositores e islamistas sin precedentes en la historia de Siria desde el inicio del gobierno baasista.

A finales de 2004, los islamistas publicaron un documento ampliado llamado Proyecto Político para la Siria del Futuro, que unía los compromisos del Pacto de Honor Nacional y su “enraizamiento” de pensamiento y jurisprudencia islámica, y que establecía un concepto de democracia centrado en torno a las urnas y el gobierno de la mayoría. Poco después, sacaron un documento sobre el sectarismo, que aunaba el centralismo islámico y la igualdad basada en: nosotros (los musulmanes suníes, se entiende) tenemos los mismos deberes y obligaciones que ellos. En otoño de 2005, los Hermanos musulmanes se unieron a la coalición de la Declaración de Damasco unas pocas horas después de anunciarse, llegando a la cima del acercamiento político entre la oposición interior y los Hermanos Musulmanes.

Unos meses después de unirse a la Declaración de Damasco, participaron con el vicepresidente sirio, Abdel Halim Khaddam que había desertado del régimen recientemente, en la creación del llamado Frente de Salvación Nacional.

A pesar de que los Hermanos anunciaron que suspendían su oposición al régimen, por su postura durante el ataque israelí contra Gaza a finales de 2008 y principios de 2009, el mismo régimen se encargó de que se quedaran en el sector opositor y en la posición del agente de cambio al menos en principio. En cualquier caso, el grupo volvió a la oposición tras la revolución.

La característica general desde hace más de una década es el intento de los islamistas de entrar en el ámbito político sirio y participar con otros, desde una postura opositora y de cambio en su mayoría.

Tras la revolución han aparecido dos elementos nuevos en lo que respecta a la participación de los islamistas con el resto de opositores.

El primero son los frecuentes y ruidosos intentos de los Hermanos por dominar las instituciones de la nueva oposición creadas durante la revolución: el Consejo Nacional Sirio y después la Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición. No puede limitarse la crítica a los Hermanos por intentar dominar, pero es lícito, pues es una fuente de preocupación y que hace retroceder la confianza entre los participantes.

El segundo y más importante elemento es el ascenso de los grupos combatientes islámicos externos al marco de los Hermanos, con ideología salafista y algunos de los cuales son agrupaciones yihadistas, que consideran a los Hermanos mismos laicos, y pueden incluso excomulgarlos. Algunos de estos grupos, como Da’esh (siglas árabes del Estado Islámico de Iraq y Siria) consideran hereje a todos los que les contradicen y se trata de una fuerza fascista que pretende dominar los recursos públicos y la vida social en las zonas donde tiene presencia, y pretende destruir los otros grupos civiles y militares relacionados con la revolución. Otros, como el Frente de Al-Nusra, Ahrar al-Sham o el Ejército del Islam no han cometido crímenes equiparables a los de Da’esh, pero su paradigma ideológico y político no dista mucho del de este. Lo que comparten estas corrientes es que sus líderes estuvieron en las cárceles del régimen tras la aparición de grupos salafistas relacionados con la lucha iraquí, con contradictorias relaciones con el aparato sirio.

No estamos aquí ante corrientes políticas marginadas y reprimidas, sectores de las cuales se fueron hacia el extremismo, sino ante grupos apolíticos en esencia, que se parecen a los servicios de inteligencia más que a los partidos políticos. El mundo del pensamiento de estos grupos no va más allá de la literatura incitadora, y de la dependencia esclava del salafismo yihadista, y comparten una total atrofia de la dimensión espiritual y de fe de la religión islámica misma, además de todo lo relacionado con el mundo cultural y ético moderno.

Estos cambios parecen un segundo paso en la regresión del Estado y la política en Siria, tras el gran primer paso de la creación del reino asadiano. Los tropiezos de la revolución siria han conformado un ambiente propicio para otro segundo paso regresivo, la creación de feudos militares religiosos, de los cuales el reino de los Asad es un modelo análogo. En resumen, ha habido una transformación de los islamistas que han pasado de ser un agente de cambio en principio, a ser una gran carga nacional y social, y a una fuerza de desintegración y fragmentación que complete la acción destructora principal del fascismo asadiano. Es una transformación acompañada de un rediseño del mapa del islamismo mismo en beneficio de las corrientes salafistas -la combatiente y la yihadista-, y en detrimento de la corriente de los Hermanos.

¿Cómo pueden actuar los Hermanos en relación con esta situación? Está claro hoy que no son el tronco de las fuerzas islámicas, ni su paraguas unificador, y que ni siquiera las lideran. Si bien no se puede descartar que se “salaficen” al estilo de lo describió el difundo Hussam Tamam acerca de los Hermanos egipcios, tampoco puede descartarse que se dividan debido al proceso de enraizamiento político interno que está teniendo lugar en los ambientes suníes sirios y la amplia reconstrucción en los centros islámicos. Cierto es que antes del golpe baasista, ya se habían dividido por las diferencias entre los Hermanos damascenos liderados por Issam al-Attar y los Hermanos de Alepo y los de Hama (Marwan Hadid, Abd al-Fattah Abu Ghudda y otros). Sería natural que las circunstancias actuales provocasen movimientos tectónicos y terremotos incontrolables en el proceso mismo de reconstrucción de los Hermanos, y puede que la división entre los alepinos (dirigidos por Ali Sadr al-Din al-Bayanouni) y los hamawíes (dirigidos por el líder Riyad Shaqfa) sea su máxima expresión.

Este gran cambio en la postura de los islamistas en el contexto de amplia reconstrucción que está teniendo lugar en el país, no tardará en provocar reacciones de pensamiento y políticas adecuadas, diferentes y contrarias a las de las tres décadas pasadas y en una dirección laica liberadora en contra del laicismo fascista de los asadistas y de sus agentes ideológicos. No hay duda de que en el continuo enfrentamiento con el régimen asadiano las posibilidades de diferenciación ideológica y política se reducen en el nivel nacional, y más entre los propios islamistas, pero la guerra viene impuesta por los grupos fascistas radicales y la lucha ya no es una elección.