Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

La lengua traicionada



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 24/03/2014



Las palabras herían, y la lengua era el medio de comunicación, lucha y monopolio de la lógica. Así hemos vivido nuestra relación con la lengua: leemos, escribimos, escuchamos y hablamos para sentir que estamos vivos, pues la vida se cuela en los conceptos de la lengua, se asienta en las letras y sonidos y hace de las palabras un medio para unir, comunicar y llegar.

Pero desde que hemos descubierto que la traicionamos y que los ingentes sacrificios que el pueblo sirio ofrece y ha ofrecido están amenazados de no servir para nada, y que la tragedia siria –que es la más grande en la historia contemporánea de los árabes- ha sido apuñalada por la espalda, nos preguntamos por la utilidad de las palabras.

Es la revolución traicionada: no es lógico que a lo largo de tres años hayamos pasado de una boda de sangre popular siria, que prendió uno de los más grandes levantamientos populares de nuestra historia, a este adulterio que convierte la sangre siria derramada en un trapo bajo los pies de los dictadores. Y cuando la traición, la indiferencia y la impotencia ganan, la lengua es la segunda víctima, porque las palabras se agotan, los valores se destruyen y los significados se desvanecen.

No sé exactamente qué esta pasando sobre el terreno en Siria porque las noticias sobre los enfrentamientos son contradictorias. ¿Yabrud cayó o fue entregada? ¿El Castillo de los Caballeros de Homs quebró o fue traicionado? ¿Quién lucha y cómo? Todo comenzó como una lucha, pero lo que sé es que hay una mentira que comienza a difundirse, que es que la lucha en Siria se dirime entre el fundamentalismo y el régimen, y que la revolución fue un error porque los manifestantes salieron de las mezquitas, y que el punto al que ha llegado al convertirse en una lucha entre corrientes fundamentalistas militarizadas por un lado, y el régimen despótico aliado con otro fundamentalismo militarizado era inevitable.

Esta mentira pretendidamente inocente no tiene nada de inocente, más que en el caso los alegatos de inocencia de algunos intelectuales que tiemblan de pánico ante la gente y que resultan repugnantes. No, el camino seguido por la revolución siria no era inevitable, ni es el resultado de una falta de madurez democrática del pueblo sirio, sino resultado de la confluencia de una serie de factores que solo pueden llamarse de una manera: traición.

No voy a detenerme en la traición occidental a la revolución, porque quien se encomendó al apoyo estadounidense o era un ignorante o era tonto. Al imperio estadounidense nunca le interesó la liberación de los pueblos, sino que, por el contrario, le interesaba humillarlos y destruir su voluntad, especialmente en el Levante árabe donde los intereses estadounidenses confluyen con los israelíes hasta el punto de complementarse. En cuanto al viejo continente europeo, está mayor y ya no rejuvenece más que con la nostalgia de un tiempo colonial pasado, sin interesarle más que confirmar que la independencia nacional paralizó sus misiones de introducción de la civilización a pueblos retrasados y bárbaros.

En cambio, si me detendré en dos traiciones:

La primera es la ilusión que invadió las mentes de algunos, de que la intervención extranjera llegaría seguro, y que el modelo libio se repetiría en Siria. Esta ilusión ha provocado la debilidad de los líderes opositores y que no se hayan tomado con seriedad la revolución como una lucha siria, ya sea en el nivel de la organización o en el nivel del diseño de programas políticos claros. Así, han metido a la revolución en luchas sin sentido y la han hecho dependiente de los regímenes árabes del Golfo, que no ven en la revolución más que un medio para vengarse de la creciente  influencia iraní. Esta ilusión no es un grave error político, sino una traición en el más amplio sentido de la palabra, porque ha metido la lucha popular en una serie de esperanzas que han provocado sucesivas frustraciones, permitiendo el desplome de las iniciativas populares que habían creado los comités y después la experiencia del ejército libre.

La segunda traición es la regional, árabe y turca, cuyas promesas de apoyo no eran más que ilusiones porque no se atrevían a superar el límite puesto estadounidense y porque estaban interesados en colarse en la revolución y romper sus filas, destruyendo su sueño de democracia por medio de la creación de fuerzas militares fundamentalistas que no tardaron en destruir la experiencia del ejército libre y convertirla en despojos. El régimen logró aprovechar esto haciendo uso de su experiencia con los fundamentalistas y Al-Qaeda en Iraq.

Estas dos traiciones no habrían tomado esta triste forma si no hubiera sido por la incomprensión por parte de las élites seculares, izquierdistas y liberales de su papel en la etapa de transformación de la revolución pacífica en un levantamiento armado, siendo esta incomprensión un tercer tipo de traición.

No se recurrió a las armas por decisión, sino como reacción popular espontánea al salvajismo del aparato de represión. Esta es la realidad del inicio de la toma de las armas, y cualquier otra versión que no vea más que una conspiración no sirve más que para tergiversar la lucha popular siria. Sin embargo la triste ausencia de esas élites en el levantamiento armado abrió un gran boquete por el cual se colaron los fundamentalismos del Golfo y de Al-Qaeda, hasta dominar casi por completo la acción armada y empezar a imponer sus agendas particulares.

Puede que encontremos justificaciones a esta insuficiencia e incapacidad, como decir que cuatro décadas de represión habían bastado para destruir toda forma de régimen político futuro, o que la brutalidad de la represión del régimen de los servicios secretos era tal que impedía la conformación de toda forma organizativa, o que el núcleo del ejército libre no tenía ayuda económica ni logística. Todas ellas son relativamente válidas, pero no bastan, porque debe reconocerse que la izquierda, que dio un salto cualitativo adoptando los valores de la libertad política liberal, necesita una reedificación radical. Y ello ha de ser liberándose de la constricción de una realidad dominada por el balbuceo y que deja la práctica a un lado, sin estar dispuesta a abandonar las posturas de la clase media. Mientras, los nuevos valores culturales no encuentran más lugar para desarrollar su acción que las redes sociales tras el desplome de la actividad de los comités locales bajo la represión.

Esta izquierda liberal, o este izquierdismo liberalista debe cambiar, antes de que sea tarde, su postura ante la lucha y delimitar su discurso contrario a la intervención extranjera, sea iraní, rusa, de milicias, del Golfo, estadounidense o israelí. Del mismo modo, las sospechosas llamadas a aliarse con Israel que hace la política estadounidense deben ser condenadas y desechadas, porque esta traición recetada no es más que una invitación al suicidio.

En mitad de toda esta traición, hay que afirmar lo innegable:

No hay vuelta atrás, porque atrás no encontraremos más que la muerte.

No es posible mantener a la dinastía Asad en el poder, pase lo que pase. 

Sobre estas dos afirmaciones debemos reconstruir nuestra lengua, que ahora se parece más al silencio, a lo largo de este extenso camino adoquinado de sangre, destrucción y lágrimas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Entrevista a Sadeq Jalal al-Azm


Texto original: Al-Modon 
Autora: Dima Wannus

Fecha:  13/03/2014

Han pasado tres años en Siria, tres años que no se cuentan en meses, sino en las almas que se han ido de 100.000 cuerpos o más: 1095 días y la muerte sigue. Y con ella, las detenciones y los bombardeos y la revolución también. Lo que ha sucedido y sucede en Siria no tiene precedentes ni en la historia oficial ni la relatada en libros de la literatura universal. Los analistas y observadores hablan de la gran desdicha del pueblo sirio después de que la política haya sido incapaz de analizar las razones de la permanencia del régimen asesino y del continuo asesinato de “su” pueblo ante la mirada de todos.
Sobre esos tres años y sobre el futuro de la revolución siria, Al-Modon ha entrevistado al pensador sirio Sadeq Jalal al-Azm. 
Tres años después, ¿cómo podemos describir mejor lo que sucede en Siria? ¿Es un levantamiento, una guerra civil, una lucha regional y mundial? 
Lo que hoy está sucediendo en Siria no es una guerra civil, especialmente cuando lo comparamos con la vecina guerra civil libanesa y la cercana guerra civil iraquí. En Líbano, las sectas que conforman la sociedad libanesa fueron movilizadas para entrar en una guerra feroz entre ellas (especialmente drusos y maronitas) sin que las autoridades tuvieran potestad alguna y quedando el Estado al margen. En Iraq, no había Estado o autoridad después de que la invasión estadounidense terminara, y por tanto, los componentes suní y chií entraron en una verdadera guerra civil entre ellos.
Hoy en Siria, no hay sectas movilizadas militarmente unas contra otras o preparadas para entrar en un conflicto armado, excepto la espina dorsal de las autoridades, el Estado y el aparato de seguridad -o sea la secta alauí- por un lado, y por otro la columna vertebral de la revolución: la mayoría popular suní. La lucha regional e internacional está presente sin duda, pero no puede identificar lo que sucede en Siria con ello. Al contrario, el estallido de la revolución en Siria es lo que ha provocado las luchas internacionales y regionales que se basan en ella. Es algo normal que ya vimos en otras zonas candentes del mundo y tendentes a la crisis.
Lo que sucede en Siria es un levantamiento, una intifada, que en muchos de sus rasgos y en su trayectoria se parece a las guerras de liberación populares de larga duración contra el poder opresor y brutal que la mayoría de los habitantes ya no podía soportar.
Lo que sucede en Siria es también una revolución porque el objetivo es acabar con el antiguo régimen que se tambalea y que ya no es sostenible. Las revoluciones de la época moderna siempre pretendían derrocar el antiguo régimen para instaurar uno nuevo que se desarrollara desde el interior del útero de la misma revolución del que no se pueden anticipar sus características. 
¿Advierte una dimensión sectaria en lo que sucede en Siria, por parte del régimen, de la oposición y de sectores del pueblo? ¿Ve una dimensión sectaria en la postura adoptada por los intelectuales sirios en los últimos tres años? ¿El intelectual sirio ha ido por delante o por detrás del pueblo? 
No hay duda de que existen varias dimensiones sectarias de lo que sucede en Siria hoy a pesar de los muchos intentos de negarlo u ocultarlo por diversos motivos. Todas las reuniones, conferencias y discusiones en las que he participado en estos años huían premeditadamente del reconocimiento claro de las dimensiones sectarias de la lucha en el país, como si mencionarlo lo aumentara y no mencionarlo lo evitara. En reuniones privadas o momentos de sinceridad, además de encuentros cerrados de intelectuales, la dimensión sectaria es la que domina el análisis, la discusión y los conceptos.
Es mejor para la revolución que se conciencie ella sola y que sea sincera consigo misma públicamente sobre lo que se dice a puerta cerrada. La revolución levantó la tapa del puchero (como decimos en dialecto) y aparecieron las divisiones sociales y la podredumbre sectaria que el régimen había dejado tras medio siglo. La lucha no puede concluir sin la total caída del alauismo político, del mismo modo que la guerra en Líbano no podía terminar sin la caída del maronismo político (no los maronitas) en el país. Reconozco que no esperaba que el régimen aguantara todo este tiempo, pero mi miedo principal era por el levantamiento en sí y su capacidad de resistir tanto y seguir enfrentándose a la represión cruenta y destructora cuya brutalidad y nihilismo ya conoce todo el mundo. No olvido en este sentido que el régimen militar securitario pensaba que no podrían pararlo y que era eterno. Mira lo que ha hecho la revolución con él y sus pretensiones a pesar de los sacrificios.

Hay quien dice que a pesar del dolor, el sufrimiento, la muerte y la emigración forzosa, los sirios son afortunados porque la solución en Siria será radical y no superficial como en otros países. 
La suerte de siria sería mucho mejor si el régimen hubiera renunciado a un poco de su prepotencia y su arrogancia para abrir un diálogo con la primavera de Damasco en vez de asfixiarla. No acepto de ningún modo que se diga que aquello a lo que ha llegado Siria sea afortunado aunque se justifique con la idea de una solución radical en nuestro país, al contrario de las soluciones superficiales en otros países. En estas circunstancias, no tiene sentido hablar de la fortuna, ni del horóscopo, ni de nada parecido. 
¿Dónde quedan los intelectuales en todo esto? ¿Juega un papel en la formación de un pensamiento equilibrado, adelantado o en cambio la iniciativa está en manos de los militares? 
En las situaciones de crisis, enfrentamiento y revolución, ¿por qué siempre se pregunta por el papel de los intelectuales y no el del resto de los sectores sociales, clases e individuos? El intelectual, como el resto, se alinea, es reticente, teme, se envalentona, reacciona, lucha y adopta la postura adecuada y realiza la acción conveniente para apoyar a la revolución (también puede no hacerlo), pero no dirige la revolución. Como dice mi mujer, Imán, si el intelectual intentara realizar dicha labor de liderazgo no caminaría junto a él ni le seguiría ni una sola persona porque la gente no necesariamente es aficionada a la cultura. 
¿Qué solución ve para Siria en años? ¿En qué espacio de tiempo y cuáles son sus características políticas y sociales? 
La revolución necesita ayuda exterior para deshacerse del régimen. Esto no tiene nada de sorprendente porque los movimientos de liberación nacional popular siempre han tenido amigos que les ayudaban. Esa es la experiencia del siglo XX. En Siria puede darse o no darse: es difícil pronosticar. Es imposible que la familia Asad gobierne Siria ya, así que no sirven de nada ni a los iraníes, ni a los rusos, ni a nadie. Puede que se produzca una intervención exterior una vez que el país esté totalmente agotado o más destrozado si cabe, lo que reduciría los costes. Israel es un escollo real contra la intervención exterior, y por ello se produjo el pacto en torno a las armas químicas y EEUU se retractó de su decisión de intervención en Siria. 
¿Le preocupa ISIS? 
ISIS me da miedo y hay que deshacerse de él. Para mí se trata de una extensión del régimen, y creo que se irá con él. Es una creación del régimen a partir de los islamistas que liberaron, los criminales y los mercenarios. Con ello no se puede negar la presencia de extranjeros atraídos por la yihad, que hace de ISIS el enemigo útil del régimen. Se ha beneficiado de él sin combatirlo. Se ha limitado hasta ahora a cazar a los activistas y los opositores, así que no ha hecho más que combatir a los enemigos del régimen.

jueves, 13 de marzo de 2014

Mujeres que desafían la guerra por medio del trabajo

Texto original: Damascus Bureau

Autora: Mariam Abd Allah (nombre ficticio de una periodista que vive en Siria)

Fecha: 08/03/2014



Damasco, Siria.

Nawal (35 años) dirigía una guardería en Dariya en los suburbios de Damasco antes de que los bombardeos la destruyeran y la cosecha de toda una vida quedara reducida a escombros. Nawal vivió el asedio durante el cual sufrió el hambre, la enfermedad, el terror y el dolor, hasta que pudo salir con otros hacia un lugar más seguro en un barrio de la periferia de Damasco. En este jardín en el que vivía, Nawal se reunió con un ingente número de niños que habían padecido el mismo terror, miedo y enfermedades psicológicas que sus hijos. Tal situación la impulsó a retomar su trabajo, levantando una nueva guardería. Ahora se afana en convencer a las madres de que envíen a sus hijos.

“Reuní a niños que no superaban los seis años de edad, apunté sus nombres, edades, estado de salud y situación psicológica y social. Gracias a mi experiencia con los niños, decidí que por difíciles que fueran las circunstancias económicas, haría algo maravilloso de la nada”.

No hay estadísticas precisas sobre el número de mujeres que han engrosado el ámbito laboral, porque la mayoría de actividades que realizan lo están registradas en la seguridad social y son parte de la economía sumergida. Por ello, se pueden ver sometidas a la explotación, pero está clarísimo que se ha producido una entrada de la mujer en el ámbito laboral y que su papel en el cuidado de su familia en condiciones de guerra ha quedado bien patente.

Nawal comenzó a llevar a cabo su proyecto, pintando de colores una de las habitaciones con ayuda de los niños, con pintura plástica y tizas, y con las hojas caídas en el suelo, crearon formas de colores. Por fin, reunió a los niños y comenzó a trabajar en esta escuela con su marido, en la cual reciben a niños a cambio de un pago simbólico de 130 libras sirias –un dólar- por semana, para no ser del todo gratuita. Ello comporta una dimensión psicológica: “El hecho de contribuir les empuja a seguir viniendo”. De esta manera, esta mujer ha devuelto la alegría a los corazones de esos niños que los combates habían dejado exhaustos. Juega con ellos y les enseña junto con algunas universitarias que huyeron también de sus casas para crear la escuela de la alegría y la esperanza en un día más bello. Así, la cruel guerra fue el factor que impulsó a estas mujeres a trabajar de nuevo, a aplastar a la muerte y a buscar una vida mejor.

Galia (50 años) tiene también una historia que contar sobre cómo se adaptó a la guerra dirigiendo un taller de contratación de servicios de limpieza. Galia no desesperó cuando mataron a su hijo con una bala opositora, ni cuando su casa fue bombardeada por las fuerzas del régimen. Salió a buscar trabajo para dar de comer a sus cinco hijos a los que cría sola desde la muerte de su marido hace años. Las ayudas del Estado no bastan, pues los niños están en la escuela y sacan buenas notas, y ella teme que acaben en la miseria. Empezó a recorrer escuelas y casas buscando un trabajo, y encontró que más de una escuela necesitaba a alguien que se encargara de la limpieza. Comenzó a trabajar y con la ayuda de su hija acabó orientando a otras mujeres hacia el trabajo, convirtiéndose en el punto de conexión entre ellas y los que precisan de mujeres que limpien en casa, escuelas y edificios. Por tanto, formó un pequeño taller del que salen mujeres todos los días a trabajar según las necesidades. Dirige todo por teléfono y distribuye a las mujeres por los lugares que las necesitan. Lo supervisa todo y planea minuciosamente. Así  ha logrado ir recaudando algo de dinero que le ha ayudado a prepararse para que sus dos hijas vayan a la universidad. “Salgo por la mañana y vuelvo por la tarde, distribuyo a las mujeres y yo también trabajo, para reunirnos después y juntar el dinero obtenido, que repartimos entre todas”. Tengo una buena relación con mi entorno y con las mujeres que trabajan conmigo, así que respetan las horas a las que quedamos y hacemos un trabajo excelente. “No nos conformamos con un servicio normal, y no nos preocupa el tiempo”. Galia añade que quiere fundar una pequeña empresa: “Así ayudaré a mi casa y a las mujeres que, por las circunstancias actuales, trabajan en empleos domésticos. Trabajaremos para que nuestro trabajo sea legal y para que nuestros derechos no dependan de los clientes”.

La experta en estadística social sobre distintas cuestiones, Majd Khoury, dice que “la mujer de ámbito rural ha tenido que salir a trabajar debido a la lucha entre dos bandos que se libra en Siria”.

La guerra ha obligado a la mujer siria a trabajar para dar de comer a su familia. “Ahora” –comenta Galia sobre los cambios en el entorno familiar-, “la mujer es la que se encarga de proveer a la familia en los no pocos casos en que quien antes lo hacía ya no está, y da constancia de su capacidad en la dirección de varios trabajos. Ahora eleva su voz para dar su opinión en todo lo que sucede en el país, y busca un organismo al que pertenecer y gracias al cual conocer sus derechos”.

Las guerras originan una serie de cambios que llegan a todos y entre ellos, el elemento femenino. Sin olvidar los cambios negativos, Khoury pasa a comentar los positivos, pues “se basan en primera instancia en el deseo de la mujer y su capacidad de enfrentarse a la sociedad que no puede aceptar este cambio con facilidad. Pero de lo que no cabe duda es de la capacidad de la mujer de adaptarse a los cambios y ello le permite estar por encima del hombre en situación de guerra, sobre todo en lo referente a la familia”.