Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

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jueves, 22 de mayo de 2014

¿Cómo cuento Homs en una historia?



Texto original: Qul

Autor: Dellair Youssef

Fecha: 17/05/2014


"Sobre la tierra de Homs,
hay algo que merece nuestra fidelidad"


La historia cuenta que los combatientes salieron, que se rompió el cerco y que fue posible regresar a las casas, pero esta es una historia incompleta.

Comencemos de nuevo:

Homs.

¡Qué difícil es escribir algo sobre lo que sucedió, sobre todo después de que los periódicos, revistas, radios y canales por satélite se hayan saturado de análisis y versiones de lo sucedido! Sin embargo, intentaré contarlo de otra manera.

Hay dos autobuses verdes que antes se dedicaban al transporte de civiles y en los que se habían agrupado las fuerzas de seguridad y los shabbiha para levantarse contra una manifestación. El autobús se llena de revolucionarios combatientes tras acordarse el fin del bloqueo sobre el barrio antiguo de Homs. Rostros indescriptibles que te miran sonrientes, ennegrecidos, optimistas, descoloridos por el hambre.

Volvamos al inicio de la historia.

La revolución comenzó y Homs se levantó: la famosa concentración en el reloj se produjo en el primer mes. La concentración se dispersó, hubo muertos y heridos. Las cosas se aceleraron y la ciudad salió en protesta. Grandes manifestaciones, bailes en las calles celebrando la libertad, canciones, lemas, derrocamiento del régimen, heridos cuyo número se desconoce, y una cantidad de muertos que crecía de forma descontrolada (“son más de veinte mil ya”), bombardeos, aviones, desaparecidos, muerte, destrucción, bloqueo, política de sembrar el hambre, ruptura del bloqueo… Hoy los soldados del ejército regular salen orgullosos de su victoria tras derrotar a 980 hombres (según la televisión del régimen) que pasaron dos años y medio cercados y aislados del mundo.

La memoria se me detiene en esa manifestación en la que el hombre cantaba alegre, gastando toda su energía para animar a la gente a cantar más alto “Vuestro silencio nos mata, no tenemos más que a Dios”. Después me lleva hasta el recuerdo del rostro del “mártir” Tareq Al-Aswad, cantando a sus amigos “Queremos que los dedos de la victoria se eleven sobre el palacio”. Las imágenes se entrecruzan en mi memoria. No quiero tener memoria de pez: quiero recordar todos los detalles, aunque el demonio se esconda en ellos. Quiero recordar todo: cómo comenzó la historia, cómo se fueron desarrollando los hechos hasta que esos rostros cansados y bellos salieron de ese lugar destruido y cercado.

¿Cómo pudieron escribir esas expresiones en los muros antes de marcharse? ¿Qué sienten mientras abandonan ese reducto que se ha mezclado con ellos hasta quedar convertidos en una prolongación del mismo? ¿Es la lengua suficientemente adecuada para que describan aquello por lo que pasan? ¿Qué pensaban esas uñas mientras dejaban esta expresión sobre el muro: “Homs, perdónanos, oh más querida que mi alma; perdona a tus hijos como una madre única en el mundo, pues ya es bastante duro dejarte (Homs asediada por las despedidas del universo, 06/05/2014)”? 

Dije al inicio que contaría la historia de Homs, pero la lengua no ha tardado en traicionarme y no he encontrado letras que me obedezcan para escribir la historia de la ciudad. Puede que mi texto parezca tropezoso e inconexo. Pero, ¿cómo escribo mientras veo la imagen de ese combatiente llorando en el autobús verde y a otro cantando: “Tu mundo, chico, no tiene alegrías/ no sabemos cuánto queda de nuestras vidas y cuánto ya se fue/ el cielo dio vueltas, y nos separamos tras juntarnos, el extranjero nos unió/ espada de acero, corta de mi cuerpo pedazos”?

Por Dios, ¿cómo hago para escribir vuestra historia?

“Cuando me marche, podéis estar seguros de que hice todo lo posible por quedarme”, quedó grabado en un muro allí. Quizá esa frase resume lo que quiero decir, porque hicieron todo lo posible por quedarse allí, a pesar de tratarse de un territorio asolado en que no se podía vivir. Pero, ¿cómo la podría dejar quien es parte de ella? ¿Acaso una pequeña piedra abandona su edificio? ¿Acaso un pájaro deja el cielo para vivir como nosotros en la tierra? Estad seguros de que hizo todo lo posible por quedarse, pero se marchó: dejó la zona antigua de Homs temporalmente. Uno de ellos dijo: “Vamos a picar algo y volvemos”. Volverán a sus barrios, a su barro, a su polvo, y cuando la guerra termine, volverán al poema como bellos fonemas: “La guerra acabará un día, y volveré a mi poema”, escribió uno de ellos en un muro.

Puede que la historia de Homs, como la del resto de Siria, se haya escrito en sus muros. ¿No decían que las paredes eran los cuadernos de los locos? ¿Acaso no estaban los revolucionarios locos de amor por su país? Igual que Qays enloqueció por Layla, el revolucionario enloqueció por obtener la libertad en su patria. Puedo reproducir lo que se ha escrito en los muros para escribir la historia que transmitiremos a las siguientes generaciones como hacen los habitantes de Leningrado (San Petersburgo) cuando cuentan a sus nietos lo que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes cercaron su ciudad. Pero la diferencia aquí estriba en que nuestro asedio a Homs ha durado más y que quien nos ha cercado no ha sido un enemigo sino un “compañero en la patria”: era el ejército de la patria el que mataba, asediaba y mataba de hambre a los hijos de la zona antigua de Homs.

Qué historia tan bonita contaremos sobre la resistencia y perseverancia de los héroes de Homs y que historia más deleznable la que contaremos sobre el “ejército de la patria”, que asediaba a los “hijos de la patria”.

jueves, 15 de mayo de 2014

¡Asad hasta la eternidad y más allá!



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 05/05/2014



Desde que estallaron las protestas populares en Siria en marzo de 2011, los partidarios del régimen dictatorial, a los que los sirios llaman “shabbiha”, hicieron suyos dos eslóganes.

El primero es “Asad o quemamos el país”, a colación del cual comenzaron los incendios y las calles de las ciudades y municipios se llenaron de los cuerpos de las víctimas mortales. El régimen comenzó a quemar el país antes de que la oposición siria disparara una sola bala. El régimen respondió a  las flores y el agua que Ghiath Mátar ofreció a los soldados sirios, devolviendo su cadáver deformado a su familia. Del mismo moo, la respuesta a las manifestaciones pacíficas en Daraa fue el cuerpo mutilado del niño Hamza al-Khatib, mientras que la garganta de Qashoush fue arrancada antes de tirar el cadáver del cantor popular al río Orontes.

Nunca antes se habían utilizado tanques para reprimir manifestaciones ni un poder se había erigido con tal brutalidad como lo ha hecho el régimen del hijo, que solo memorizó de la historia de su padre la masacre de Hama, la eliminación de la sociedad siria por medio del silencio y el aplastamiento de la oposición en la terrible cárcel de Tadmor (Palmira). El régimen comenzó a quemar el país de forma brutal y sin justificación, porque el torrente de violencia empleado no pretendía simplemente reprimir las manifestaciones y a los manifestantes para apagar el fuego de las protestas populares, sino que pretendía dar una lección al pueblo sirio que no olvidaría en toda la eternidad.

Y la eternidad, como sabe todo el mundo, es el objetivo de los locos del poder y el punto débil de todos los déspotas. Si la locura llevó al emperador romano Calígula a anunciar que quería la Luna, como en la obra “El emperador” de Albert Camus, el rey moribundo quería simplemente una eternidad imposible, como en la obra de Eugène Ionesco titulada “El rey se muere”. Sin embargo, la imaginación despótica de Al Asad padre superaba a la de todos sus predecesores, por lo que los lemas en su apoyo pasaron de referirse a él como “nuestro presidente eterno” a “nuestro presidente para toda la eternidad y más allá”. Nunca pude comprender el significado de “más allá de la eternindad” hasta que vi cómo su hijo ejecutaba la eternidad de su padre quemando y destruyendo Siria, para pasar a la etapa de más allá de la eternidad al presentarse para erigirse como presidente sobre los escombros.

“Asad o quemamos el país”. Los shabbiha y sus aliados rusos e iraníes, junto con los milicianos que los ayudan han logrado quemar el país, o más bien, han logrado atraer a las milicias que emulan su despotismo para que ejerzan su autoritarismo sobre el pueblo sirio, aplastando y dominándolo [1] como él. Y se trata esta de una cuestión que debemos tener en cuenta para ver quién es responsable de este desplome, y para juzgar a los dirigentes de la oposición y del ESL, sin olvidar el papel jugado por el petróleo del Golfo, además de la maldad y la villanía de los árabes y de todos los que aullaban su apoyo a la causa de la libertad del pueblo sirio. La opción era Asad o quemar el país. El país se ha quemado, el pueblo ha sido desplazado. Entonces, ¿por qué debería quedar Asad? La conjunción “o” implica una disyuntiva que hace imposible que Asad se quede una vez llegado el incendio. Sin embargo, el régimen parece tener una manera propia de entender y utilizar la gramática de la lengua.

Así, el régimen pasó a aplicar su segundo lema: “Asad o nadie”. Si la eternidad suponía quemar Siria, el “más allá de la eternidad” supone entrar en un mundo inventado por la mente de un enfermo insaciable de sangre, y que no busca más que seguir vengándose eternamente  del “siervo” que se rebeló contra su señor. El apoyo infinito que recibió y sigue recibiendo el régimen le ha permitido poner en práctica su segundo lema, pero la trágica realidad siria ha introducido un cambio en él, cambiando la “o” por “y”. No hace falta hacer un gran esfuerzo lingüístico, pues cambiar una conjunción por otra es muy sencillo. Así, el lema ha pasado a ser: “Asad y nadie”. Es decir, que las dos opciones entre “El señor presidente” (título de la novela de Miguel Ángel Asturias sobre el despotismo de América Latina) y entre el vacío o el nadie ya no sirve, porque el presidente mismo empezó ese mismo nadie. Bashar al-Asad será elegido presidente al ritmo de los barriles y la sangre en un país desmembrado, y mantendrá la honra de ese nombre durante otros siete años, o eso es al menos.

Pero ¿quién es hoy ese hombre?

¿Se trata acaso del Secretario General del partido Baaz, que lo apoya y ha delegado en milicias fundamentalistas iraquíes y libanesas para luchar con él? ¿O del líder del antiimperialismo que ha entregado sus armas químicas a cambio de mantenerse en el poder? ¿Es acaso el héroe que ha completado la memoria de la masacre de Tell Zaatar con el presente de la desgracia del campamento de Yarmuk? ¿O quizás el héroe del Golán que no ha disparado una sola bala allí en cuatro décadas? ¿Será tal vez el líder máximo de un ejército que no dirige, sino que este es dirigido por la guardia Revolucionaria iraní? ¿O bien, se trata del hijo que olvidó el secreto de su padre de que Siria fuera un jugador regional sobre las calaveras de sus hijos y que ha mantenido el muro de calaveras de Hulagu, renunciando a su papel como jugador y convirtiendo Siria en un campo en que compiten todas las fuerzas regionales e internacionales?

Asad… Y nadie. Asad es ese nadie. Es un ser nebuloso que nada entre sangre y entrañas y que pretende ser presidente de una república que ya no existe. Eso es el “más allá de la eternidad” que nos anunciaban sus secuaces cuando colgaban sus eslóganes, tiempo atrás, en la entrada de Trípoli, o la ciudad de la opresión y la sangre, que sigue pagando en la sangre de sus hijos el precio de la eternidad asadiana y lo que va más allá.

[1] El autor utiliza dos verbos creados a partir de los nombres en árabe de ISIL (Da’esh) y del Frente de Al-Nusra, gracias a la capacidad de derivación morfológica y semántica del árabe, que además adquieren los significados por los que se les ha traducido por aproximación a verbos muy similares.

sábado, 3 de mayo de 2014

Sobre Ayn Yalut



Aunque siempre se intenta no publicar dos textos seguidos de la misma persona, en este caso las palabras de la activista Marcell Shehwaro en Facebook tras la masacre de Ayn Yalut, en la que decenas de niños murieron tras el bombardeo de un colegio hace unos días, son quizá el mejor reflejo del sentimiento de abandono en la población siria:



 
“No he escrito sobre la masacre
porque, para seros sincera,
ni siquiera me ha conmovido.
Sentí mi útero y me prometí a mí misma
que no traería hijos al mundo mientras Al-Asad siga codiciando su sangre desde su trono.
Después lloré un poco, pero mis ojos apenas se enrojecieron.
Entonces me dije que no traería hijos al mundo mientras la Humanidad siga sin aprender
que la sangre sagrada de los niños brotará de forma agresiva
hasta hacer estallar el silencio de aquellos que aún se mantienen fríos.
No he escrito sobre la masacre porque mi día fue extremadamente cotidiano,
mi tristeza es extremadamente cotidiana,
y los detalles de cada polémica siguen exactamente donde los dejaron.
No he escrito sobre la masacre
porque un preciado amigo perdió en ella toda la familia que le quedaba
y no sé qué decirle, a pesar de lo importante que él es para mí.
No he escrito sobre Ayn Yalut, porque antes y después
seguimos creyendo que si hacemos suficiente ruido para llenar el mundo
detendremos las masacres.
Y la realidad es que ya ni siquiera escuchamos nuestras propias voces.
Intenté recordar Al-Houla, Baniyas, las armas químicas…
Este carnicero nos pone a prueba y lo sale victorioso:
Antes nos conmovía la juventud de Anas Sammu cuando fue asesinado por una bala rencorosa,
y ahora nos hemos acostumbrado a las vísceras de los niños.
Hemos agotado todas las posibilidades de la lengua.
Todo lo que sentimos podemos reprimirlo tras una sonrisa,
Todo lo que queda en nosotros de las masacres
son las marcas de nuestra piel en nosotros mismos,
las marcas de una pregunta imposible de responder:
¿qué tenemos que hacer?”