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domingo, 25 de octubre de 2015

El velo de la ideología



Texto original: Al-Arabi 

Autor: Salameh Kaileh

Fecha: 15/10/2015

La batalla de Qalamun
(En la media luna se lee Jerusalén y en la mano "rechazo" o antiimperialismo, con ello se hace referencia a las palabras de Nasrallah en las que aseguraba que la liberación de Jerusalén pasaba por Qalamun)

Quizá hacer un seguimiento de las posturas de la “izquierda antiimperialista” en lo referente a Siria sea la mejor manera de comprender cómo la ideología puede convertirse en un tupido velo que cubre el entendimiento de lo que sucede en realidad. También sirve para comprender lo sencillas que son las respuestas bajo dicho velo que impide ver la realidad o investigar sobre ella. O cómo sirve para diseñar la realidad según conviene a dicha ideología y así confirmar su visión. Aquí, “la razón se explota” en el interior y no sale para conocer la realidad, ni para explicarla, básicamente porque ya posee todas las respuestas, y la realidad no es más que el reflejo de las ideas de su “mente”, las ideas ideológicas que llenan su “mente”.

Es bien sabido que la “ideología antiimperialista” considera que el régimen sirio tiene razón, y que es antiimperialista, y que lo que sucede es una conspiración en su contra. Por tanto, no es necesario seguir los acontecimientos, o investigar qué sucede, o poner las políticas de los Estados y potencias en contexto, pues todos están en contra del régimen sirio y se han propuesto derrocarlo.

Tomemos, por ejemplo, el caso de Daesh. El discurso de este sector parte de que el régimen lucha contra él, porque el imperialismo y sus seguidores lo apoyan. No hay duda de que Daesh es una creación estadounidense, pero ha ocupado el terreno en que la revolución se gestó, y el Estado se ha visto obligado a retirarse, por lo que Daesh se ha dedicado a luchar contra las fuerzas de la revolución (contra todos los activistas de la revolución, contra los que trabajan en labores humanitarias, contra los periodistas y contra los que desarrollan la acción armada).

Ahora bien, ha quedado claro, en más de un lugar, que las autoridades se retiran por su propio interés, y apoyan a Daesh con bombardeos aéreos cuando se ve acorralado. Más aún, el régimen no ha bombardeado sus posiciones perfectamente localizadas en Raqqa, Deir Ezzor y la zona oriental, pero sí ha bombardeado continuamente todas las zonas que caen en manos de la revolución, deteniendo los bombardeos en el momento en que Daesh las toma.

Cuando se retira frente a Daesh, el régimen deja todo el arsenal de armas, algo que no hace cuando se retira ante las brigadas armadas. Y lo raro es que Daesh está en todas las zonas en que el régimen está debilitado, para enfrentarse a las brigadas, como en Alepo, Yarmuk o Al-Qadam, al sur de Damasco, y ahora en la zona rural al norte de Alepo. En Qalamun, por ejemplo, el ESL libra dos batallas, contra Hezbollah y el régimen por un lado, y contra Daesh por otro.

En cualquier caso, las zonas de Daesh no son las de enfrentamiento del régimen (ni de Hezbollah, ni de la Guardia Revolucionaria, ni todos los sectarios que engloba Irán), y cuando hay un “enfrentamiento”, el objetivo se revela después, cuando Daesh se enfrenta a la revolución; ed decir, que el objetivo es facilitar a Daesh la llegada a las zonas de la revolución. Sin embargo, a pesar de todo esto, la ideología “antiimperialista” repite que la lucha del régimen es contra el terrorismo representado por Daesh y Al-Nusra.

En otro orden de cosas, se considera que EEUU es quien dirige la conspiración contra Siria. Quizá la postura estadounidense fuera “ambigua” en los primeros momentos de la revolución, pero ahora está muy clara. La prioridad es la lucha contra Daesh, y aunque dice que no hay lugar para Bashar al-Asad en la siguiente etapa, quiere que el Estado se mantenga (seguridad, ejército e instituciones), y por tanto, dice que no le concierne luchar contra él. Al contrario, pretende convertir a los combatientes de la revolución en fuerzas exclusivamente para la guerra contra Daesh. Es decir, pretende dejar a la revolución sin sus combatientes, y quiere que aquellos a quienes entrena se unan con las fuerzas del régimen para luchar contra Daesh. Además, prohíbe a “sus aliados” armar al ESL o permitirle que ponga fin al conflicto por medio de una solución militar. Exacto, porque la solución es política.

Más aún, las presiones de Turquía y Francia para una intervención de la OTAN han fracasado, y se ha impedido a Turquía que intervenga, mientras que se le ha permitido a Rusia que supervise la solución política, según las condiciones rusas. Ahora, EEUU se encuentra perpleja tras la llegada del ejército ruso a Siria y ha jugado un papel muy importante en la destrucción de la revolución.

¿Daesh lucha contra el régimen? ¿Quiere EEUU derrocar al régimen? Es difícil para la ideología tupida que cubre los cerebros y que dibuja una realidad preconcebida, según la cual el régimen sirio sigue siendo el antiimperialista que EEUU quiere derrocar, aceptar la realidad, porque la rompe. Por tanto, es mejor que el “idealismo propio” siga dominando, porque así uno descansa de la fatiga de investigar la realidad, la realidad que rompe la ideología cimentada en la razón desde hace décadas.

martes, 6 de octubre de 2015

¿Dónde esta Asad y dónde la inmunidad nacional?



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elías Khoury

Fecha: 05/10/2015



Desde que comenzaron los bombardeos rusos sobre Siria, Bashar al-Asad ha desaparecido. Que desaparezca no es noticia, pues desde que su ejército comenzó a desplomarse en Idleb, solo aparece para luego desaparecer. Sin embargo, esta desaparición, en un momento clave, con la entrada del ejército ruso como parte de la guerra siria, plantea más de una cuestión. Los rusos que han venido tras quedar claro lo limitadas que eran las posibilidades de la intervención iraní en todas sus formas y milicias, anuncian hoy la incapacidad del aliado iraní de proteger al régimen de la dictadura, y su necesidad de entregar el liderazgo a una nueva parte, a fin de que llene el vacío del desplome.

Bashar al-Asad sabe que no es más que un muñeco, y que los muñecos no hablan si no es por medio de la voz de quien los mueve, y hoy recibe clases para acostumbrarse a la voz rusa tras años de entrenamiento iraní.

Putin sueña con un estado zarista mezclado con el “enorme” peso que antes ocupaba la Unión Soviética, que las oraciones de unos cuantos chalados de la Iglesia rusa no pueden revivir. Del mismo modo, la influencia rusa comenzó como el soporte de la idea internacionalista antes de que la dictadura acabara con la idea y la experiencia soviéticas por completo.

Que Putin sueñe lo que quiera, porque no es a él a quien va dirigida la cuestión, sino al momento en que se perdió la inmunidad nacional que Siria vive desgraciadamente. La verdadera cuestión es la inmunidad y no la leyenda del antiimperialismo, que nunca fue más que un método para añadir a la dictadura baazista una dictadura religiosa.

El pueblo libanés ya ha vivido durante mucho tiempo la pérdida de inmunidad nacional, desde que se implantó la estructura sectaria al convertir Líbano en un campo de luchas regionales y al destruir nuestra tierra una cifra incalculable de ejércitos, hasta terminar bajo el paraguas del régimen dictatorial sirio.

No hay duda de que los oficiales y líderes del ejército y los servicios secretos sirios conocen bien el significado de que un ejército extranjero ocupe y/o dirija la guerra en otro país. Lo saben porque sus prácticas en Líbano fueron el preludio de su dominio, y hoy deben pasar por una experiencia similar de humillación, al margen de que se hable de una alianza estratégica de 4+1 (Rusia, Irán, Iraq, Siria y Hezbollah).

Esta realidad tiene un nombre: la pérdida de la inmunidad nacional. Y a esta pérdida no le sigue más que la derrota de las naciones. Rusia, Irán y Siria responderán echando la culpa sobre los demás: sobre Daesh, Al-Nusra, Turquía y los estados del Golfo. Y dirán que la pérdida de la inmunidad nacional comenzó con la intervención abierta de diversas potencias en la lucha siria.

Este tipo de excusas nos lleva a transformar las palabras en palabrería, porque su respuesta está preparada. Y si la dictadura no hubiera recurrido a la destrucción de las manifestaciones y al aplastamiento del gran levantamiento popular contra él, Siria no habría llegado a este terrorífico abismo. Sin embargo, esta respuesta no es más que otra sarta de palabrería que pretende excusar a las oposiciones sirias para que no asuman su responsabilidad en la militarización del conflicto, o advertir de los peligros de dicha militarización. Del mismo modo, las fuerzas de la oposición no pueden librarse de su responsabilidad al echarse en brazos de las fuerzas regionales e internacionales, que vieron en el estallido sirio una oportunidad para destruir e iraquizar el país y humillar a su pueblo.

La dictadura ha llevado a Siria a caer bajo las ocupaciones, ocupaciones que van desde Latakia a Raqqa y que se comportan como si la patria siria no existiera, y como si el país fuera un mero campo. Y quizá la expresión más clara de cómo Siria se ve como un campo de batalla se encuentre en el artículo del periodista estadounidense Thomas Friedman en el New York Times, en el que pedía a la administración estadounidense que se conformara con las imágenes de la afganización de Siria y el desgaste ruso en territorio sirio.

La afganización, tras la somalización y la iraquiación: ¿es a esto a lo que ha de llegar el sueño de la libertad que ha cubierto Siria de la sangre de sus hijos en uno de los más nobles levantamientos populares de la historia contemporánea?

¿Es que los sirios y sirias, y junto a ellos todos los árabes del Levante, han de pagar el precio de la libertad en muertes, cárceles, genocidios y desplazamientos forzados? Es como si estuviéramos en una pesadilla, por no decir en el momento más atroz de la pesadilla que vivimos despiertos, y no mientras dormimos. Debemos poner las cosas en su sitio a pesar de la oscuridad.

La realidad dice que hoy Siria está bajo más de una ocupación, y que resistir contra todas las ocupaciones es una condición para recuperar la inmunidad nacional. Comenzamos a conocer la naturaleza del despotismo, como nos enseñó Al-Kawakibi [1], pues la dictadura de la mafia dominante que fundó Hafez al-Asad ha llevado a la dictadura del dominio takfirí, fundado por los “muyahidines afganos” y sus señores, que nos han invadido por medio de sus herederos en Siria e Iraq. La relación entra ambos despotismos es complicada, pues ambos retroceden a los orígenes y destruyen el presente en nombre del pasado, ambos pretenden la resurrección en cierto modo, ninguno da valor al concepto de patria y ambos están dispuestos a lanzarse en brazos de las fuerzas extranjeras.

En Líbano tenemos una copia reducida de la amarga experiencia de desplome de la inmunidad nacional, y a pesar de que oficialmente la guerra civil terminó, seguimos frustrados buscándola, y quizá la movilización popular de los jóvenes sea el inicio de un largo camino hacia ella. La Palestina ocupada también vive otra forma de desplome, con la división, la incapacidad de los líderes y el desplome de los valores. Y tal vez la resistencia de Jerusalén sea un indicio de que se puede salir de esta caída.

Sin embargo, el desplome sirio es el más peligroso, porque Siria es el corazón y pulso de la región, y si no construye su inmunidad nacional, Palestina y Líbano permanecerán bajo la guillotina.
Desde 2003, el Levante vive en una “tormenta del desierto” que se renueva con el cambio de jugadores. EEUU destruyó Iraq y lo dejó en manos de los rellena-huecos radicales: Irán y Daesh, y ahora han llegado los rusos para completar el tablero.

Sin embargo, el juego no habría tomado estos derroteros salvajes si no hubiera sido por los regímenes dictatoriales, que establecieron un precedente de destrucción de patrias y de humillación de la gente, facilitando la misión a las fuerzas exteriores que no esconden su naturaleza salvaje ni el hecho de que se han dejado arrastrar a las estupideces de la fuerza y al juego complejo. Después del envalentonamiento de Bush, llegó el acobardamiento del mentiroso de Obama y el pavoneo irrisorio de Putin. Y tras Al-Qaeda y el salvajismo de Al-Zarqawi, llegó Al-Bagdadi, con el salvajismo de la imagen y el brutal genocidio de las minorías, y llegaron también la Guardia Revolucionaria iraní y Hezbollah con un discurso de guerra abierta y proyectos de destrucción.

Nuestros países se han convertido en el escenario de la guerra de los salvajismos, se ha expulsado a su gente de la ecuación, y se ha perdido la inmunidad nacional. El camino para que termine este sacrificio abierto no se iniciará si la gente no recupera su destino, sin atender a absurdas ideologías apocalípticas y erigiéndose sobre los escombros del despotismo y las ocupaciones. 

[1] Abd al-Rahman al-Kawakibi (1855-1902) fue un intelectual sirio autor de "La naturaleza del despotismo", en el que analiza este fenómeno.