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sábado, 27 de febrero de 2016

Carta sobre el cese de las hostilidades


El texto original de esta carta puede encontrarse aquí






Al excelentísimo Secretario General de Naciones Unidas, el señor Ban Ki Moon.

Al excelentísimo ministro de Exteriores de la Federación Rusa, el señor Sergei Lavrov.

Al excelentísimo Secretario de Estado de EEUU, el señor John Kerry.

Al excelentísimo embajador Staffan de Mistura, enviado especial de la ONU para Siria.

A los excelentísimos ministros de Exteriores de los países miembros del Grupo Internacional de Apoyo a Siria.



25 de febrero de 2016



Cuando está a punto de celebrarse una nueva ronda de negociaciones sobre la cuestión siria en Ginebra, nos dirigimos a ustedes mediante esta carta en la que exponemos nuestro punto de vista sobre la declaración de Múnich emitida por el Grupo Internacional de Apoyo a Siria el 11 de febrero de 2016, y el comunicado posterior emitido por EEUU y Rusia en calidad de copresidentes de dicho grupo, y el grupo de trabajo para supervisar el alto el fuego en Siria, el 22 de febrero de 2016. Dicho grupo se comprometió a una serie de medidas relacionadas con la llegada de ayuda humanitaria a quienes lo necesitan en el interior de Siria, a certificar un cese global de las hostilidades, y a trabajar de cara a una transición política que ponga fin a la lucha en nuestro país.

En primer lugar, queremos llamar su atención sobre el hecho de que los abajo firmantes coordinaron esfuerzos para la emisión de la declaración del 26 de enero pasado, apoyada por 277 organizaciones civiles sirias y 1033 personalidades de ese país que trabajan en el ámbito civil, que recoge el punto de vista de la sociedad civil siria sobre el proceso de negociación que pretende lograr una solución política a la cuestión siria. También queremos aclarar que las observaciones y conclusiones incluidas en nuestra carta están basadas en un estudio exhaustivo de las medidas propuestas en la declaración de Múnich, y las amplias discusiones mantenidas con las diferentes asociaciones de la sociedad civil que trabajan en el interior de Siria, además de las bases establecidas por la declaración de la sociedad civil siria antes mencionada.

Excelentísimos señores y señoras:

Siendo conscientes y comprendiendo las posturas y factores que afectan a los distintos representantes de los países miembros del Grupo Internacional de Apoyo a Siria, vemos que las dos declaraciones arriba referidas siguen estando muy lejos de satisfacer las aspiraciones de la gran mayoría del pueblo sirio, y son incapaces de ofrecer la protección a los civiles sirios, millones de los cuales intentan emigrar fuera de Siria buscando seguridad y dignidad. A continuación, exponemos de forma detallada, nuestras observaciones:
Sobre las cuestiones humanitarias:
  1.  Sin duda, aplaudimos con efusividad la decisión de introducir ayuda humanitaria a los necesitados en las zonas bajo asedio y para ello pueden contar con toda nuestra colaboración. Sin embargo, resulta irritante y doloroso que la comunidad internacional, tras cinco años de la campaña bárbara del régimen de Asad contra el pueblo sirio, no haya sido capaz de obligarle a levantar de forma inmediata toda forma de asedio y a no utilizar el hambre como método para subyugar al pueblo sirio en su guerra contra él. Vemos en el hecho de que la comunidad internacional no preste atención a ese tipo de comportamientos deleznables y el hecho de que se conforme con intentar paliar sus efectos, una traición a los valores humanos y una plasmación de las violaciones a la legislación humanitaria internacional, que prohíbe el uso del hambre como instrumento de guerra contra los civiles.

2.   Si bien somos conscientes de los esfuerzos llevados a cabo para paliar la tragedia humanitaria que provoca el asedio a los civiles, resulta doloroso que otras cuestiones humanitarias que no son menos trágicas queden al margen de los comunicados y declaraciones del Grupo Internacional de Apoyo a Siria. Además, creemos que la comunidad internacional no ha cumplido con sus compromisos en torno al expediente de los detenidos y los desaparecidos forzosos en las cárceles del régimen de Asad. Ello, a pesar de que sus cifras son iguales o superiores a las de los asediados por el régimen, y que se exponen a la tortura, la humillación y el asesinato de forma sistemática según indican los informes de la ONU y asociaciones de derechos humanos, sin contar las terrible fotografías que se han filtrado de las cárceles de Asad. La incapacidad de la comunidad internacional para imponer al régimen la inmediata puesta en libertad de los detenidos forma parte también de la constatación de las violaciones de la legislación internacional y la traición a la conciencia y los valores humanos.

·         Sobre el cese de las hostilidades

1.   Apoyamos los esfuerzos realizados para lograr un alto el fuego y la protección de los civiles sirios, ratificados por la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su introducción, en la que hace un nuevo llamamiento a la protección de los civiles de la que responsabiliza principalmente a las autoridades sirias. Sin embargo, hacemos hincapié en el párrafo 5 de dicha resolución, que establece una relación entre el alto el fuego y el proceso político. Creemos por tanto, que las acciones de cara a reducir la vertiginosidad del conflicto por medio de conceptos no vinculantes como “el cese de las hostilidades”, como dice la declaración de Múnich, o “la tregua”, como dice el documento de EEUU y Rusia, plantean dudas sobre la seriedad y utilidad de los esfuerzos del Grupo Internacional de Apoyo a Siria, y pasan por alto la relación entre el alto el fuego y el inicio del proceso político.

La resolución 2254 del Consejo de Seguridad, en el párrafo 5, establece que el alto el fuego ha de comenzar “en el momento en que los representantes del gobierno y de la oposición siria den el primer paso hacia una transición política”. No obstante, los esfuerzos que se han realizado para celebrar las últimas negociaciones de Ginebra a finales de enero de 2016 entre las delegaciones del régimen y la oposición, no han logrado dar comienzo a un verdadero proceso político, y no han avanzado nada en la transición. De hecho, dichas conversaciones fueron abortadas por el jefe de la delegación del régimen, Bashar al-Jafari, cuando dijo claramente: “No habrá negociaciones, pues estamos aquí solo para celebrar conversaciones indirectas”. Por tanto, vemos que la imposición de un cese de las hostilidades antes de que se produzca algún progreso en la transición política contradice la esencia de la resolución antes mencionada. Además, nos preocupa enormemente que la cabeza del régimen, Bashar al-Asad, haya convocado elecciones parlamentarias anticipadas para el 13  de abril de 2016. Ello es un claro ejemplo de que el régimen sirio no quiere entrar en un proceso político serio, y hace que todos los esfuerzos de cara al mismo sean estériles y faltos de seriedad.

2.   Resulta sorprendente y frustrante el hecho de que se impongan los conceptos de “cese de las hostilidades” y “tregua”, que es la primera vez que se utilizan en el contexto del proceso político de Siria, ya que no están sujetos a mecanismo alguno de observación ni cumplimiento. Aunque comprendemos que el cese de las hostilidades puede ser el preludio del anuncio de un alto el fuego monitorizado por una parte neutral, tememos que se convierta en una forma de evadir la resolución 2254 del Consejo de Seguridad, que dio al Secretario General de Naciones Unidas el plazo de un mes para presentar sus propuestas sobre los mecanismos de observación de un alto el fuego. En el párrafo 7, se puede leer lo siguiente: “es necesario un mecanismo de observación del alto el fuego para poder certificarlo e informar de ello, y se pide al Secretario General que presente al Consejo de Seguridad un informe sobre las opciones para crear dicho mecanismo apoyado por el propio Consejo, en el plazo máximo de un mes desde la publicación de esta resolución”. Sin embargo, hasta donde sabemos, el Secretario General no ha hecho ninguna propuesta oficial a la ONU ni tampoco lo ha hecho el enviado especial para Siria, el señor De Mistura. Por su parte, la declaración de Múnich no ha hecho mención alguna a dichas peticiones y necesidades.

Por tanto, insistimos en la necesidad de que haya mecanismos claros que obliguen al régimen especialmente –ya que se trata de la parte que inició la guerra contra el pueblo sirio a respetar el alto el fuego y determinar las consecuencias de no hacerlo. Esto es importante porque el régimen cuenta con un amplio historial de violación de las resoluciones internacionales y la evasión de las mismas desde que el enviado conjunto de Naciones Unidas y la Liga Árabe, el señor Kofi Annan, presentara su iniciativa de seis puntos, y hasta hoy. Esto lo dejó claro el propio Asad en su declaración del lunes 15 de febrero de 2016, cuando dijo que “el alto el fuego no significa que todas las partes dejen la actividad armada, y nadie puede aceptar todas las condiciones de un alto el fuego en tan solo una semana”.

3.   La declaración de Múnich, y el posterior documento emitido por EEUU y Rusia decretan que el grupo de trabajo para el alto para supervisar el alto el fuego en Siria trazará las líneas de las zonas que controlan el Estado Islámico, el Frente de Al-Nusra y otros grupos catalogados como terroristas por parte de Naciones Unidas, para excluirlos del cese de las hostilidades y permitir las actividades militares contra ellos. Nuestros datos sobre el terreno confirman que no hay ninguna zona en Siria bajo control absoluto del Frente de Al-Nusra, sino que dicho frente se encuentra junto a otras facciones opositoras armadas en muchos puntos del territorio sirio que está fuera del control del régimen de Asad. Frente a ello, el Estado Islámico controla amplias zonas de Siria de forma individual y absoluta. Partiendo de lo anterior, la aplicación práctica de la declaración de Múnich supone que las zonas bajo control del Estado Islámico son las únicas que quedarán excluidas del cese de las hostilidades. Esta diferenciación es extremadamente importante porque el régimen sirio y sus aliados ─entre ellos la Federación Rusa─ tienen por costumbre atacar a los civiles y sus infraestructuras, además de las facciones opositoras armadas so pretexto de “la lucha contra el terrorismo y las fuerzas terroristas”.

Queremos hacer aquí mención al hecho de que la bárbara campaña del régimen sirio y sus aliados contra “el terrorismo” ha supuesto solo en el mes de enero de 2016 ataques contra 25 puntos de infraestructura, 21 instituciones educativas, 18 centros religiosos, 16 centros médicos, 9 conjuntos residenciales y 3 centros culturales, además de un campamento de refugiados, según las estadísticas de la Red Siria de Derechos Humanos.

4.   El acuerdo entre los dos copresidentes emitido el 22 de febrero de 2016 habla de “un uso proporcionado de la fuerza (es decir, que no ha de exceder lo estrictamente necesario para enfrentarse a una amenaza directa) siempre y cuando la respuesta sea en defensa propia”, pero no se apunta a la clave del problema, que es el uso indiscriminado de la fuerza, un tema que exige ser tratado con celeridad. En realidad, según los datos confirmados por la Red Siria de Derechos Humanos y el Centro de Documentación de Violaciones, el 95% de las víctimas de los bombardeos de la aviación rusa son civiles, y el 98% de las víctimas de la aviación del régimen sirio también.

5.   La participación de la Federación Rusa como líder del comité del alto el fuego supone una contradicción con la campaña militar que ese país ha lanzado contra el pueblo sirio para ayudar a la consolidación del gobierno de Bashar al-Asad. Creemos que Rusia no está capacitada para dirigir los esfuerzos de cara a un alto el fuego o el cese de las hostilidades si se tiene en cuenta dicha política. Desde su injerencia ilegítima en Siria, el 70% de los bombardeos aéreos rusos han sido contra zonas donde no hay presencia alguna del Estado Islámico. Además, no ha cejado en sus ataques conjuntos con el régimen de Asad contra las fuerzas de la oposición armada o las infraestructuras civiles, antes, durante y después de las conversaciones de Ginebra y Múnich. Cerca de 1400 civiles han muerto y casi 5800 han resultado heridos, entre ellos los trabajadores de salvamento y personal sanitario, debido a los bombardeos conjuntos entre Rusia y las fuerzas de Asad desde que comenzó 2016. Rusia además apoya al régimen de Asad militarmente en su asedio a la zona liberada de Alepo, donde residen cerca de 350.000 civiles.

Señoras y señores:

La protección de los civiles en toda Siria es una cuestión recogida en todos los documentos internacionales y las resoluciones del Consejo de Seguridad sobre Siria, y es un objetivo por el que todos debemos trabajar con todas nuestras fuerzas. Les pedimos que tomen todas las medidas necesarias para ello. Por nuestra parte, vemos la cuestión del alto el fuego como un paso que ha de garantizar la protección de los civiles sirios y no servir al interés del régimen de Bashar al-Asad, que pretende beneficiarse de ello, para mejorar su position militar, y así seguir provocando bajas en el pueblo sirio y entorpecer el proceso de negociación para una transición política en Siria. El alto el fuego ha de ser el preludio para un proceso político serio que trate las raíces de la cuestión y no se conforme con paliar sus efectos. Para ello, es preciso que se implemente de forma inmediata y total la declaración de Ginebra de 2012, que es la base de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad que se han emitido desde ese momento.

Bashar al-Asad y los dirigentes de su régimen no pueden ser parte de ninguna transición política que ponga a Siria en el camino de la paz, la estabilidad y la libertad, y corte de raíz con la dictadura, el terrorismo y la violencia. Por ello, el primer paso para solucionar la cuestión siria pasa por obligar a Asad y sus acólitos a que renuncien a todos sus poderes en favor de un cuerpo transitorio consensuado a nivel nacional. Este seré el inicio de la transición de Siria hacia un estado respetuoso con los derechos y la dignidad de todos los sirios y que se enfrente al terrorismo, siendo un factor de estabilidad en la región y el mundo.

Señoras y señores, deben pasar ya la página de este régimen dictatorial que ha provocado la muerte de al menos 300.000 personas, ha dejado cerca de dos millones de heridos y ha obligado a 12 millones a desplazarse, como respuesta a las peticiones de libertad, dignidad e inserción en la civilización humana del pueblo sirio.

Un cordial saludo.

Iniciativa de la Declaración de la Sociedad Civil Siria

martes, 23 de febrero de 2016

El Daesh ruso



Texto original: Al-Arabi 

Autor: Salameh Kaileh

Fecha: 21/02/2016



Las fuerzas rusas han venido a Siria para enfrentarse a Daesh, o eso es lo que han dicho los medios rusos y han repetido los responsables de ese país. Sin embargo, la guerra se ha extendido a las fuerzas de la revolución; es decir, las brigadas que combaten al régimen, porque al Frente de Al-Nusra, que está internacionalmente catalogado como una organización terrorista, no le han llegado los bombardeos rusos. Por supuesto, EEUU hace lo mismo, ya que ha creado una alianza contra Daesh, pero sus bombardeos pocas veces alcanzan a los miembros armados de dicha organización.

Si numerosos indicios apuntan a una relación entre Daesh y EEUU, poca duda cabe de la relación de Rusia con esta organización. Incluso hay indicios de que Irán y el régimen sirio tienen algún tipo de relación con Daesh. El caso de Rusia estaba bastante claro, a pesar de que hay muchos ‘yihadistas’ chechenos en la estructura de Daesh, e incluso entre sus mandos, entre los que destaca Abu Omar al-Shishani (El Checheno). La Rusia de Putin se ha encargado de “la rebeldía chechena”, se ha infiltrado entre los ‘muyahidines’ e incluso ha llegado a matar a uno de sus líderes, conocido como Jattab. También ha logrado que muchos de ellos se dobleguen e imponer su autoridad sobre uno de los más destacados símbolos chechenos, Kadýrov.

Por eso, no era descabellado que hubiera una relación entre Rusia y Daesh, especialmente porque la intervención rusa en nombre de la guerra contra Daesh no ha alcanzado a este grupo más que de forma marginal. A pesar de que lo que se divulga, o se establece como paradigma, sobre cómo Daesh es una “organización independiente”, lo cierto es que es producto de nuestra realidad, aunque el grueso de sus miembros venga del exterior, o sea un producto estadounidense. No dudo que sea un producto estadounidense, pero ha sido “infiltrado” por otros países: el papel de Irán está claro, pero el de Rusia sigue quedando fuera de toda discusión, ya sea porque ha combatido a los chechenos, o porque no utiliza esos métodos, ya que “es contraria al extremismo religioso”.

Sin embargo, las declaraciones de Vladimir Putin tal vez cambien esa visión e introduzcan a Rusia en el marco de países que ‘se infiltran’ en Daesh. Putin explicó que se había enviado a los mejores combatientes chechenos a Daesh para “recabar información” y trabajar en la sombra para apoyar la intervención militar rusa, pero aclaró que “al inicio de la guerra civil en Siria agentes secretos chechenos fueron enviados a los campos de entrenamiento, para entrenar a los combatientes que se adscribían al wahabismo”. E informó de que “descubrieron que había entrenadores de los países de la OTAN”. Entones, Rusia envió “entrenadores”, líderes y miembros, como otros países, que consideraban que dominaban la organización y se beneficiarían de ella.

Quizá sea esta la primera confesión del papel de Rusia en el tema de Daesh. Y ello explica por qué los aviones rusos no bombardean a la organización, pues esta ‘infiltración’ es útil, como lo es para EEUU. La revista Foreign Policy [1], de hecho, ha publicado recientemente un artículo en relación al petróleo en la zona oriental de Siria y el papel  de Daesh. Según dicho artículo, la compañía rusa Stroytranzgaz, a quien le había sido adjudicada la construcción de la planta de gas de Tuweinan en 2007, ha retomado sus trabajos de construcción en los pozos bajo dominio de Daesh desde principios de 2014, con el beneplácito de la organización. De hecho, ingenieros rusos han seguido trabajando allí para terminar el proyecto. Además, señalaba que un informe publicado por el periódico sirio Tishreen, que dirige el régimen sirio, en enero de 2014, parecía satisfecho con ese proyecto y citando a fuentes del gobierno sirio, informaba de que Stroytangaz había logrado completar el 80% del proyecto. De hecho, según el mismo artículo, se esperaba que la planta fuera entregada al gobierno en la segunda mitad de este año, sin decir que ya entonces se encontraba bajo el control de Daesh. No hay duda de que, si lo dice un periódico sirio gubernamental, ha de tener cierta veracidad, pues habla de la actividad de la compañía durante el período de dominio de Daesh.

En consecuencia, la empresa rusa lleva a cabo su actividad en una zona controlada por Daesh, según explicaba un funcionario del régimen que trabaja en la ampliación de los oleoductos y gaseoductos, como diseñador, ejecutor y supervisor en Tadmor, Homs y Raqqa. Es decir, que trabajaba en el territorio de Daesh, bajo su protección, y aprovechándose de los servicios que ofrece, mediante los cuales facilita la logística y la actividad a favor del régimen.

Hablaba de la planta de Tuweinan, que tiene una gran reserva de gas, y decía que las actividades siguen su curso bajo la protección de Daesh hasta el momento. Los expertos rusos y los trabajadores locales siguen trabajando, como si no hubiera nada a su alrededor, y, según el funcionario, el 50% de los miembros de Daesh encargados de la protección son rusos. Por último, dijo que estas zonas son de Rusia y no del régimen, debido a pactos y acuerdos entre ambos firmados antes de la revolución, y que por tanto, es natural que se vigilen y se protejan con soldados rusos. Por eso, la mitad de la estructura de Daesh son rusos (según Kadýrov, en su mayoría chechenos) bien entrenados que se encargan de la protección y se expanden para dominar y arrebatar tierras a las fuerzas de la revolución.

En definitiva, los rusos dominan los pozos de petróleo y gas bajo amparo de Daesh, y ellos son quienes exportan petróleo en nombre de Daesh al régimen y otros países. Esto confirma que Daesh colabora con el régimen y con los rusos en la exportación de petróleo, porque pertenece en origen a los rusos y al régimen, y Daesh es el vigilante, aunque se exporte en su nombre.

Es en periódicos rusos (la web Sputnik) donde se dice que los que dominan esas zonas son chechenos en su mayoría, y que los han enviado los servicios secretos rusos para ser ‘yihadistas’ en Daesh, y entrenar a los wahabíes. Por ello, no son bombardeados por Rusia (ni EEUU) y se someten a la estrategia rusa y del régimen en la lucha contra la revolución. Se trata, pues, de la rama rusa de Daesh, que no solo está en esas zonas, sino también en otras, siguiendo la política rusa y del régimen de aplastar la revolución.

Aquí no solo analizamos, sino que nos apoyamos en datos certificados de fuentes rusas y del régimen para mostrar la naturaleza de Daesh, pero también la falsedad del discurso ruso y del régimen que dice que combate a Daesh. Daesh es una empresa securitaria privada compartida en la que muchos están implicados. El papel ruso, junto con el iraní, el turco y el del régimen, ha quedado patente. Rusia domina, a través del régimen, las zonas donde se encuentra el petróleo sirio del que ha logrado los derechos de explotación, y de ello se sirve para combatir a las brigadas armadas dentro de un ataque doble (o múltiple, tras la participación de las fuerzas del PYD kurdo) en el norte de Alepo.

Tal vez partiendo de estos datos, se puedan explicar las múltiples operaciones militares que la organización ha realizado en la zona oriental de Siria y el cerco al aeropuerto de Rasin El Aboud durante más de año y medio sin irrumpir en él, para finalmente entregárselo al régimen. También quizá esto explique , todas las batallas en las que Daesh se ha enfrentado a las brigadas que combaten al régimen. 

Ahora podemos decir que conocemos al Daesh ruso.

[1] El artículo es este.

jueves, 18 de febrero de 2016

La guerra contra el terrorismo como paradigma internacional



Texto original: Al-Hayat

Autor: Yassin al-Haj Saleh

Fecha: 16/02/2016


Lo más parecido a un foco de atención mundial tras los atentados del 11-S y en cierto modo desde el fin de la guerra fría es "la guerra contra el terrorismo". Y lo que plantea este artículo es que se trata de una cuestión altamente peligrosa, pues la situación en el mundo hoy va a continuar yendo de mal en peor, a no ser que se produzca un cambio rápidamente.

Para empezar, el mundo necesita un foco, un punto al que dirigirse, o que sea omnipresente en la actividad de las instituciones internacionales y las de las grandes potencias, con el surgimiento de una estructura mundial de pensamiento que ello conlleva. Algunos pensadores en Occidente han observado "el fin de las grandes narrativas" y el fin del "progreso" y la “modernidad". De sus análisis, cargados de etnocentrismo, brota un enorme sentimiento de impotencia. Las cosas siguen ese curso y el mundo (entiéndase Occidente) no da más de sí, y solo puede describirlo y observar los cambios, sin hacer nada. Como mucho,se puede denunciar la situación por medio de utopías aun cuando ya no queda utopía en la que todos estén de acuerdo en el mundo actual. Todo esto sucede mientras el mundo se vuelve más mundo que antes, debido a la caída de las barreras políticas e ideológicas que antes lo dividían, el avance irrevocable de un capitalismo sin competencia y la revolución de las comunicaciones.

En el vacío del proyecto mundial, se ha colado el proyecto de los internacionalistas más poderosos: "la guerra contra el terrorismo". Este proyecto se ha presentado desde el inicio de la guerra, sea cual sea esa guerra, como un proyecto para el mundo. La guerra significa violencia, asesinato y destrucción de recursos. También significa invertir en la industria armamentística y dedicar mucho dinero a ello. Significa, por otra parte, declarar la alarma y provocar la movilización por razones de odio, además de la producción de ideologías y doctrinas que justifican tanto la guerra y como el odio, dando preferencia siempre a los poderosos de la industria bélica y armamentística, y a los ricos y aquellos que controlan la información.

La guerra contra el terrorismo fue la prioridad estrella de la administración de Bush hijo, que provenía de una familia petrolera acaudalada. Su padre había sido presidente antes que él, y previamente, director de la CIA. Él mismo se rodeó de los máximos representantes neoconservadores, que creían firmemente en las virtudes de la violencia para hacer un mundo más seguro para los estadounidenses y para que el siglo XXI fuera su siglo. La guerra contra el terrorismo es también muy útil para Israel, armado hasta los dientes y apoyado de forma escandalosa a la par que rastrera por EEUU. La guerra permite a Israel abrir un paréntesis en la lucha palestina y despojar a los palestinos de su lucha, habiendo sido ya despojados de su patria ocupada. Desde que EEUU decidió inmiscuirse en la lucha siria hace aproximadamente año y medio, quedó patente que lo que hacía era insertar la cuestión siria en la guerra contra el terrorismo. Con ello, los revolucionarios sirios fueron despojados de su causa y, a cambio, se les dio una a los semejantes de Bashar al-Asad. "La guerra contra el terrorismo" conviene mucho al régimen de la dinastía asadiana cuyo imponente ministro de Asuntos Exteriores dijo hace unos días que un terrorista es "todo aquel que se levanta en armas contra el Estado". Esto le permite, igual que a Israel, convertir toda resistencia en una forma execrable de terrorismo, a fin de que las potencias internacionales se posicionen a su favor. La guerra contra el terrorismo es también muy conveniente para la Rusia de Putin, por ejemplo, porque permite echarle el guante a Siria. Así, hoy, "la pobre Siria parece un hueso entre los colmilos de un perro", tal y como dijo el gran poeta sirio que murió joven, Riad al-Salih al-Husayn [1]. Por último, la guerra contra el terrorismo es muy útil para los gobernantes de todos los países árabes sin excepción, porque les permite despojar a sus gobernados de armas y de política, y ponerlos bajo las órdenes de los poderosos que gobiernan. 

Se dice que Rifaat al-Asad, hermano de Hafez al-Asad y vicepresidente suyo en su momento, además de tío de Bashar y dirigente de las Brigadas de Defensa, la formación militar-securitaria responsable de las masacres de Tadmor en 1980 y Hama en 1982, dijo: "Di Palestina y erige las horcas". Parece una frase demasiado inteligente como para que la dijera Rifaat, pero una similar sirve como lema para la guerra contra el terrorismo: "Di terrorismo y prepara las horcas". O "Di terrorismo y ocupa países, inaugura cárceles como Guantánamo o Abu Guraib, o destruye países como Chechenia, Afganistán, Iraq, Gaza y Siria. Los islamistas tienen su propio equivalente: "Di islam y degüella a quien quieras" o "Di que Dios es grande y confisca todos los bienes públicos y privados que gustes".

"La guerra contra el terrorismo" es un asunto central en el Estado, que debido a que se encuentra luchando contra el terrorismo, no puede considerarse terrorista. Ni EEUU, ni la Rusia de Putin, ni Israel, ni los Asad han sido nunca fuerzas terroristas. Ello a pesar de que la última de ellas ha provocado una ingente crisis internacional que a día de hoy se ha cobrado la vida de 470.000 sirios según publicaba The Guardian hace unos días, y ha dejado un total de muertos, impedidos y heridos, que ronda los dos millones, lo que supone más del 11% de la población siria. Eso no es terrorista, porque los terroristas son aquellos que se resisten a su gobierno, y al hombre que tiene en su historial la destrucción de Grosny. Todo aquel que tiene un Estado no es terrorista, y de hecho conviene que sea nuestro aliado en la lucha contra el terrorismo, aunque sea un despreciable asesino como Bashar al-Asad.

La lucha contra el terrorismo como una cuestión internacional no implica que una cuestión claramente securitaria con la que deben tratar los cuerpos policiales se convierta en aquello a lo que aspiran las políticas de los estados y las corrientes de pensamiento, sino que es mil veces peor. Lo que permite es que los poderosos se erijan sobre los cuellos de los débiles, y que los poderosos y ricos ejerzan la autoridad en un mundo que nunca había visto tal concentración de riqueza y poder, ni tal falta de sentimientos por parte de los poderosos y ricos que gobiernan, ni tal salvajismo por su parte.

Pero si hemos aprendido qué es la guerra y cuál es su sistema, ¿qué es, pues, el terrorismo y quiénes son los terroristas? Lo cierto es que la autoridad conoce el terrorismo, y el terrorismo, por tanto, está en manos de quienes llevan a cabo la guerra contra el terrorismo, y quienes la escogen como punto de focalización global. El terrorista es quien yo, el poderoso y rico dueño del ‘Estado’, decido que representa una amenaza para mí. Toda revolución y toda oposición armada es terrorismo, según dicha lógica.

Los terroristas de hoy tienen dos características claras: la primera es que son débiles, pues en su mayoría no son estados. La tendencia general es considerar que todos los estados son algo bueno (esa ha sido la evolución de Bush hijo a Obama), y los no-estados son todos malos, siendo la resistencia al “Estado” lo peor de todo. En contrapartida, la guerra contra los terroristas es buena, pues da trabajo a la industria armamentística y sus empresas, y permite probar las nuevas armas y entrenar a las fuerzas armadas, sin ser una carga para los presupuestos, tal y como dijo el luchador contra el terrorismo, Putin, sobre su guerra del lado de los asadistas. La segunda característica de los terroristas es que a día de hoy, el 100% de ellos son musulmanes. Esta es una característica cada vez más acentuada que, o bien nos llevará a un sectarismo internacional que regresará a la Edad Media sobre las bases de la ultra-modernidad, o bien a una gran masacre contra los musulmanes. No es necesario que la masacre tome la forma de cámaras de gas en cuarteles de detención según el precedente nazi, pues nada impide que se trate de una masacre química (el primer ensayo fue la masacre de Bashar al-Asad en Al-Ghouta oriental en agosto de 2013) o nuclear (a la que Putin hizo referencia hace dos meses). La realidad es que probablemente veremos un primer capítulo de esta masacre en Siria donde las posibilidades de que Bashar al-Asad se mantenga como gobernante son cada vez mayores, aun cuando el número de sus víctimas llega al medio millón.

Los islamistas, y especialmente la corriente salafista yihadista, están verdaderamente preparados para el terrorismo, pues no diferencian entre lo civil y lo militar, lo que refuerza la debilidad de su sentimiento humano y social, y ha provocado un daño alarmante en Siria, Iraq y Afganistán. Sin embargo, la guerra contra el terror no es una guerra contra terroristas habituales, sino un enfrentamiento mundial para que los poderosos dominen e impongan su autoridad mundial sobre los pobres y débiles en todas partes. Si uno mira desde la perspectiva internacional, verá que esos terroristas apenas suponen un problema de seguridad, y que enfrentarse a ellos no debería haber sido principal objetivo en un mundo que insiste en alejar la paz y la política y que precisa continuamente de la guerra.

Queda decir que la guerra contra el terrorismo, como punto de referencia global es lo que explica el acuerdo estadounidense-ruso que sigue sorprendiendo a muchos. No es que los estadounidenses, que han inventado esa guerra, no sepan qué decir cuando Rusia se adentra en el escenario sirio bajo el amparo de su propia invención, sino que, más bien, ello obedece a cuestiones estructurales más profundas: el mundo de los poderosos y los estados contra los débiles desperdigados. La guerra contra el terrorismo es el terrorismo de los poderosos contra los combatientes desperdigados y desorganizados, más que la guerra de los poderosos contra los débiles.

El Estado de hoy es un terrorismo organizado, o bien, el monopolio del proyecto del terrorismo y la definición del mismo y de la legalidad. Se trata de un terrorismo organizado contra toda resistencia. Putin, Obama, Bashar y Netanyahu están muy próximos entre sí en este sentido, que es mucho más importante que cualquier otro, pues es el de la guerra interminable.

[1] Poeta sirio nacido en Daraa en 1954 que murió en circunstancias sospechosas en 1982.